PAISAJES Y BIODIVERSIDAD * CARMEN DE LOS MÁRTIRES, GRANADA
DESCUBRE EL 'TESORO' ESCONDIDO DE LOS MÁRTIRES
El bosque-laberinto Un paraje humilde y
escondido entre tejos que rememora el bosque original de
Meersmans
JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE * WASTE MAGAZINE * texto y
fotos
El croar de las ranas delata la existencia, cercana, de un
estanque escondido en el bosque. No es posible verlo, solo el
sonido de los anfibios te dirige hacia el interior de la
vegetación, a través de pequeños y sinuosos senderos que a modo de
laberinto confluyen en un espacio que sus creadores consideran el
‘secreto’ mejor guardado del
Carmen de los Mártires.
Es realmente difícil dar con él si alguien no dirige nuestros
pasos, lo que no es ni más ni menos, que cumplir con los deseos
del más significado de los propietarios de este singular y
extensísimo carmen granadino,
Hubert Meersmans.
Sus herederos confirmaron siempre que existía un bosque-laberinto,
aunque no se ha llegado a delimitar si eran una misma estructura.
Pero el caso es que en su centro, al final de tortuosas sendas,
llega la sorpresa. A
José Tito Rojo, que junto a
Manuel Casares, son los botánicos responsables de
la recuperación paisajista y restauración de Los Mártires, le
gusta hablar de un
‘tesoro’ escondido entre la tupida
vegetación y recuerda que a finales del XIX, se dieron casos de
bosques-laberinto que tenían su ‘premio’ en el centro, como un
regalo para quienes lograban completar el rocambolesco sendero.
“hubo esos espacios con premio, en tratados y proyectos
materializados como el de Los Mártires”.
En la actualidad, tras la recuperación y revegetación del gran
espacio que ocupaba el bosque, en la zona trasera del palacete,
entre el paseo de las Palmeras, al norte, la Rosaleda y los muros
del lago, al oeste, y el huerto monacal al este, se ha creado un
frondoso bosque con grandes plátanos de sombra, robles, frutales,
cipreses, castaños de indias, magnolios, cedros, tejos y una gran
variedad de especies. Se sitúan entre senderos que confluyen,
primero en una placeta donde se encuentra el enorme tocón de un
plátano de sombra, que además de datar la edad del bosque
original, muestra la magnitud de los árboles que crecieron en el
bosque del cármen de la familia Meersmans. José Tito, afirma que
los visitantes pueden pensar que ese es el centro del bosque, pero
no es así, era el límite oriental del laberinto, por lo que hay
que buscar el verdadero ‘centro’ entre la maleza.
El ’tesoro’ no es más que una plazuela en la que se ubica un
estanque circular en el que crecen especies acuáticas y habitan
los anfibios. La peculiar fuente está rodeada de una masa de tejo
recortado a modo de topiaria que impide la visión exterior del
espacio. Entre sus ramas se sucede una curiosa exposición de
fotografías históricas, imágenes enmarcadas y protegidas de la
interperie que muestran diferentes épocas de la historia del
carmen.
El ’premio’ por descubrir la cámara del tesoro de Los Mártires es
disfrutar de un paraje singular en el que impera la naturaleza y
recrearse en la historia de uno de los espacios más visitados de
la capital granadina.
Cuando tras la adquisición de Los Mártires por el Ayuntamiento de
Granada, para evitar que continuase su destrucción para construir
un gran hotel, descubrieron que entre lo poco que quedaba del
bosque, había un estanque redondo, solitario, rodeado de
vegetación talada. José Tito y Manuel Casares, consideraron que
recrear esa fuente como centro de un boque-laberinto, era uno de
los mejores homenajes que podrían hacerse a aquellos que
imaginaron y diseñaron el bosque original.
José Tito desvela el 'secreto' de Los Mártires a un grupo de
biólogos.
El árbol de San Juan de la Cruz
En Los Mártires no solo existe un ‘tesoro’ vegetal o paisajístico.
Sobre la gran arboleda que se alza junto a los restos del huerto
monacal, crece desde hace quinientos años un gran ciprés al que
llaman el árbol de San Juan de a Cruz, ya que se cuenta que el
creador del convento carmelita que ocupó el campo de los Mártires,
escribió su obra poética junto al árbol recién plantado. Siempre
se dijo que se trataba de un cedro, pero en realidad es una
cupresácea, es decir un ciprés,
Hesperocyparis lusitanica,
que se creía que venía de Portugal, pero era original de Méjico,
desde donde llegó junto a otros ejemplares para plantarse en
conventos de la Orden. Es el árbol más longevo del carmen y
posiblemente de Granada.

Fuente de la Ola.
Hay otros tesoros como la extraña fuente situada en la explanada
de acceso al palacete, la fuente de la Ola, de la que no se sabía
su procedencia hasta una investigación realizada recientemente por
José Tito, en la que se descubría que fue parte de la Exposición
Universal de París de 1900.
A la entrada del carmen, a la izquierda, camino del bosque, se
inicia una galería de arcos formados por cipreses y vides, que con
un trazado sinuoso rememora el original acceso al bosque y al
laberinto, una arcada representada en uno de los cuadros más
famosos del pintor Santiago Rusiñol. Su construcción actual es una
recreación homenaje a esa obra.
Camina entre la frondosidad del bosque y los jardines de Los
Mártires y descubre sus secretos.
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