Alga asiática en una playa del Mediterráneo, Mar de Alborán.
Foto: J. E. Gómez Waste Magazine
Especies
invasoras en España: las que más preocupan a los
biólogos
Una
especie invasora es un organismo que, fuera de su área natural y sin
los frenos de sus depredadores y competidores originales, se
multiplica hasta desplazar a las especies nativas...
Hay una crisis ecológica que avanza sin apenas titulares, sin humo y
sin llamas, y que sin embargo figura entre las principales causas de
pérdida de biodiversidad del planeta: las invasiones biológicas.
Llevo años siguiendo de cerca este fenómeno en España - hablando con
investigadores, acompañando campañas de control, revisando los
catálogos oficiales- y puedo asegurar que pocas amenazas
ambientales combinan como esta la gravedad del daño con la
indiferencia del público. Una especie invasora no es simplemente "un
bicho de fuera": es un organismo que, fuera de su área natural y sin
los frenos de sus depredadores y competidores originales, se
multiplica hasta desplazar a las especies nativas, alterar
ecosistemas enteros y, de paso, causar pérdidas económicas
multimillonarias a la agricultura, la pesca o la gestión del agua.
España es, por desgracia, terreno abonado para este problema.
Nuestra posición de puente entre continentes, los grandes puertos
mediterráneos y atlánticos, un clima cada vez más cálido que da la
bienvenida a especies tropicales y subtropicales, y siglos de
comercio de mascotas, plantas ornamentales y mercancías han
convertido la península y los archipiélagos en una de las zonas de
Europa con mayor presión de especies exóticas, like at
inout
games. El catálogo español de invasoras no deja de engordar,
pero cada temporada hay un puñado de nombres que concentra la
preocupación de los biólogos por su expansión acelerada o por el
daño que están causando ahora mismo. De esos protagonistas - y de lo
que cada uno de nosotros puede hacer- va este artículo.
Los invasores del agua: el frente más 'caliente'
Si uno pregunta hoy a los ecólogos marinos y de agua dulce cuáles
son sus pesadillas recurrentes, dos nombres salen una y otra vez, y
ambos llegaron por mar.
Alga
asiática, Rugulopteryx okamurae (ver datos en Waste
Magazine)
El primero es un alga:
Rugulopteryx okamurae, el alga
parda asiática que llegó al Estrecho de Gibraltar hace unos años -
probablemente en aguas de lastre- y ha protagonizado una de
las invasiones marinas más explosivas que se recuerdan en Europa.
Este organismo tapiza fondos rocosos desplazando a las comunidades
nativas, y sus arribazones masivas cubren las playas andaluzas con
toneladas de biomasa en descomposición que arruinan tanto la pesca
artesanal - colapsa las redes- como el turismo costero. Su
expansión, que ya alcanza el Mediterráneo peninsular, el área
atlántica cercana y territorios insulares, tiene a la comunidad
científica volcada en entender sus límites y buscarle utilidad a la
biomasa retirada, porque erradicarla, siendo francos, ya se
considera imposible. Es el ejemplo perfecto de por qué en invasiones
biológicas la prevención lo es casi todo.
El segundo protagonista marino es el cangrejo azul (
Callinectes
sapidus), llegado del Atlántico americano y convertido en
dominador de deltas, lagunas y desembocaduras mediterráneas, con el
delta del Ebro como zona cero. Voraz y prolífico, arrasa con
moluscos, peces juveniles y cangrejos autóctonos, y ha puesto contra
las cuerdas a pescadores y arroceros. Aquí la respuesta ha tomado un
giro pragmático que genera debate entre los propios biólogos:
fomentar su pesca y su consumo - es comestible y apreciado-
como herramienta de control. Comerse al invasor puede ayudar a
contener poblaciones, advierten los expertos, siempre que no acabe
creando un incentivo para conservarlo.
En las aguas dulces, el elenco de veteranos sigue haciendo daño y
conviene no olvidarlo:
●
El mejillón cebra, (
Dreissena
polymorpha) que tapiza tuberías, presas e infraestructuras de
la cuenca del Ebro y otras, con un coste de gestión enorme y un
impacto grave sobre las náyades autóctonas.
●
El caracol manzana,
azote de los arrozales del delta del Ebro, capaz de devorar
plantones de arroz a un ritmo que obliga a medidas de choque
constantes.
●
El siluro, gigante
depredador introducido por la pesca deportiva, que ha simplificado
brutalmente las comunidades de peces de nuestros grandes ríos.
●
El camalote o jacinto de
agua, la planta flotante que asfixia tramos enteros del
Guadiana, cuya retirada consume cada año recursos públicos
millonarios.
Mejillón
cebra, Dreissena polymorpha (ver datos en Waste Magazine)
También es peligroso el cangrejo americano,
Procambarus clarkii,
que durante años ha diezmado los cauces de ríos españoles del
cangrejo de río ibérico,
Austropotamobius
pallipes.
El agua, en definitiva, es el frente donde las invasiones muestran
su cara más costosa, porque allí se mezclan biodiversidad, economía
productiva e infraestructuras críticas.
Alas, patas y escamas: los invasores terrestres que marcan la
agenda
Fuera del agua, la lista de preocupaciones la encabeza desde hace
años un insecto que casi todo el mundo conoce ya de nombre: la
avispa asiática o velutina (Vespa velutina). Desde su entrada por el
norte peninsular se ha extendido por buena parte de la España
atlántica y sigue empujando hacia el sur y el este, con la
apicultura como principal damnificada: sus obreras patrullan las
colmenas y capturan abejas al vuelo, debilitando colonias enteras,
con el efecto en cascada que ello supone para la polinización. Y
como si fuera poco, los entomólogos vigilan ahora la expansión por
el sureste y el Mediterráneo del avispón oriental (Vespa
orientalis), otra especie exótica en plena progresión, mientras
Europa entera contiene la respiración ante la detección en el
continente de la temible hormiga de fuego, cuyo potencial de
establecimiento en el clima mediterráneo español quita el sueño a
más de un investigador.
Cotorra
argentina, Myiopsitta monachus (ver datos en Waste
Magazine)
En el capítulo de vertebrados, el problema tiene mucho que ver con
nuestra relación irresponsable con las mascotas. La cotorra
argentina,
Myiopsitta monachus y la de Kramer, liberadas o
escapadas durante décadas, forman hoy poblaciones urbanas ruidosas y
en expansión que compiten con aves nativas y obligan a los
ayuntamientos a costosos planes de control. El mapache, el visón
americano o el galápago de Florida cuentan historias parecidas:
animales comprados como compañía exótica y abandonados por dueños
desbordados, que en el campo se convierten en depredadores eficaces
de anfibios, aves y reptiles autóctonos. Mención especial, por su
gravedad insular, merece la culebra real de California en Gran
Canaria: en un ecosistema que evolucionó sin serpientes, este escape
del comercio de terrarios está diezmando al emblemático lagarto
gigante de la isla, en uno de los episodios de invasión más
dolorosos de la fauna española reciente.
Y no olvidemos la botánica terrestre, tantas veces invisible: el
plumero de la Pampa colonizando taludes y espacios degradados de la
cornisa cantábrica, las uñas de gato tapizando dunas y acantilados,
el ailanto brotando en cunetas y solares de media España. Plantas
vendidas un día como ornamentales que hoy figuran entre los enemigos
declarados de la conservación.
Qué podemos hacer: la batalla se gana en la prevención
Llegados a este punto, la pregunta obligada es qué se puede hacer, y
la respuesta de la ciencia es clara y algo incómoda: una vez
establecida una invasora, erradicarla es carísimo y muchas veces
imposible; por eso todo lo que huela a prevención y detección
temprana vale oro. La buena noticia es que aquí el ciudadano no es
espectador, sino actor principal.
La primera línea de acción es la responsabilidad con las mascotas y
las plantas. Jamás liberar un animal de compañía en la naturaleza -
además de un daño ecológico potencial, es una infracción
grave- y optar por especies autóctonas o no invasoras en
jardinería son gestos individuales con impacto real. La segunda es
la higiene en nuestras aficiones: quien navega, pesca o practica
deportes de agua debe limpiar embarcaciones y equipos al cambiar de
masa de agua, porque larvas y propágulos viajan de polizones en
cascos, neopreno y aparejos. Y la tercera, quizá la más bonita, es
la ciencia ciudadana: fotografiar y notificar avistamientos de
especies invasoras a través de las plataformas y aplicaciones
oficiales convierte a cada paseante en un centinela, y no exagero si
digo que varias detecciones tempranas cruciales en España han venido
de aficionados atentos.
Para tenerlo a mano, este sería mi decálogo abreviado del ciudadano
frente a las invasoras, en orden de importancia:
- No liberar nunca mascotas, peces de acuario ni plantas
de estanque en el medio natural, y entregar en centros
autorizados los animales que no se puedan mantener.
- Elegir con criterio en viveros y tiendas, evitando
especies con historial invasor y preguntando por alternativas
autóctonas.
- Limpiar el equipo de pesca, navegación y baño al
cambiar de río, embalse o tramo de costa.
- Notificar avistamientos con foto y localización a las
apps y canales de las administraciones ambientales.
- No transportar leña, tierra ni frutos entre regiones
sin necesidad, porque son vehículos clásicos de insectos y
patógenos invasores.
Cierro con una reflexión que repito siempre que hablo de este tema.
Las especies invasoras no son "malas": son organismos haciendo lo
que la evolución les enseñó, solo que en el lugar equivocado, y el
responsable de ese desplazamiento somos casi siempre nosotros. Por
eso esta crisis, a diferencia de otras, tiene algo de esperanzador:
la causamos con nuestras decisiones cotidianas - qué compramos, qué
soltamos, qué transportamos- y con esas mismas decisiones
podemos frenarla. Los biólogos seguirán este año con el corazón en
un puño mirando al Estrecho, a los arrozales del Ebro y a los montes
cantábricos. A nosotros nos toca, como mínimo, no ponerles más
invasores en el mapa. Y de paso, mirar nuestro entorno con otros
ojos: esa naturaleza que creemos inmutable está librando, ahora
mismo, una batalla silenciosa que también es nuestra.
Waste Magazine no se hace
responsable de las opiniones de nuestros colaboradores
TEMAS RELACIONADOS
REPORTAJES Y
ARTÍCULOS
Temas que te interesan, desde el cuidado del medio ambiente a
estilos de vida que te rodean en una sociedad donde prima la
actividad on line.
Una serie de reportajes para mostrar la riqueza natural
que nos rodea, sus ecosistemas y a sus singulares
habitantes.
Granada y las tierras del sureste de Andalucía poseen la
mayor diversidad biológica de Europa, parajes únicos para
vivir en tiempos de estío