PAISAJES Y BIODIVERSIDAD
LOS CAMINOS OCULTOS DEL AGUA, DESDE LAS CUMBRES A LAS ACEQUIAS
Y FUENTES
RECURSOS NATURALES. Infraestructuras hídricas
tradicionales para el uso de nieve y lluvia
JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE * WASTE MAGAZINE
En las montañas del sur peninsular, el agua nunca sigue un único
camino. Antes de convertirse en río, embalse, fuente o manantial,
desarrolla un largo recorrido silencioso bajo la tierra. Un viaje
lento que comienza con la nieve acumulada en las cumbres y con las
lluvias que empapan el terreno durante el otoño y el invierno.
Parte de esa agua desaparece aparentemente entre grietas y
laderas, infiltrándose en la montaña hasta reaparecer meses
después en forma de surgencias, arroyos o acuíferos que alimentan
valles enteros.
Ese proceso natural, apenas visible para la mayoría de las
personas, constituye uno de los grandes mecanismos ecológicos que
sostienen la vida en Andalucía Oriental. Sierra Nevada, las
sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, la Sierra de Huétor, las
montañas de Castril y Alhama, Sierra María, Sierra de Gádor o los
sistemas montañosos semiáridos de Almería funcionan como
enormes
esponjas geológicas capaces de almacenar agua y liberarla
lentamente mucho después de que termine la lluvia.
Durante siglos, las poblaciones rurales aprendieron a comprender
ese comportamiento del territorio y desarrollaron sistemas
hidráulicos que no solo aprovechaban el agua, sino que colaboraban
con la propia dinámica natural de la montaña. Las acequias
tradicionales y, especialmente, las acequias de careo de Sierra
Nevada representan uno de los ejemplos más sofisticados de gestión
sostenible del agua en ambientes mediterráneos.
Agua Agría en Paterna del Río, Almería, Sierra Nevada
La montaña como esponja mineral
Hoy, en un contexto marcado por el cambio climático, la reducción
de las nevadas y la creciente desertificación, esos conocimientos
tradicionales adquieren una nueva dimensión ambiental y
científica. Cuando la nieve comienza a fundirse en primavera o las
lluvias penetran lentamente en el terreno, una parte del agua
inicia un recorrido subterráneo a través de fracturas, grietas y
planos de estratificación de las rocas. En muchas montañas
andaluzas, especialmente en Sierra Nevada, la geología resulta
determinante para comprender este fenómeno.
Las pizarras y esquistos de Sierra Nevada presentan una estructura
laminada y muy fracturada por procesos tectónicos y por la acción
del hielo y las variaciones térmicas. Esa configuración permite
que el agua se infiltre lentamente y avance montaña abajo como si
atravesara una inmensa esponja mineral.
El agua no circula de forma rápida ni lineal. Desciende lentamente
durante semanas o incluso meses, retenida en pequeñas cavidades y
fisuras subterráneas. Cuando encuentra capas impermeables, como
arcillas o materiales compactos, emerge de nuevo hacia el exterior
en forma de manantiales, fuentes y pequeños nacimientos de agua.
Ese viaje invisible explica por qué numerosos arroyos siguen
llevando agua durante el verano, incluso mucho tiempo después de
las lluvias. También explica la existencia histórica de vegas
agrícolas y oasis de biodiversidad en territorios sometidos a
largos periodos de sequía.
En Sierra Nevada, este proceso alcanza una enorme complejidad
hidrológica. Las altas cumbres actúan como grandes captadores de
nieve y humedad, mientras que las laderas almacenan y distribuyen
el agua hacia cotas inferiores. El resultado es una red de
manantiales y acuíferos que históricamente ha permitido el
desarrollo agrícola y humano de amplias zonas de Granada y
Almería.
Acequia de careo, Capileira, Sierra Nevada
Acequias de careo: sembrar el agua en la montaña
A partir de la observación directa de estos procesos naturales,
las comunidades de montaña desarrollaron sistemas hidráulicos
capaces de potenciar la infiltración del agua. Entre ellos
destacan las acequias de careo de Sierra Nevada, una técnica
ancestral que hoy vuelve a despertar interés como modelo de
adaptación climática.
El funcionamiento de estas acequias resulta aparentemente
sencillo, aunque encierra un profundo conocimiento del territorio.
Durante el deshielo, parte del agua se desvía mediante canales
excavados en la montaña y se conduce hacia zonas altas donde puede
infiltrarse lentamente a través de grietas y fracturas de la roca.
En lugar de dejar que el agua descienda rápidamente barranco
abajo, las acequias de careo
“siembran” el agua en la
montaña. Meses después, esa misma agua reaparece de
manera gradual en cotas inferiores, alimentando fuentes,
manantiales, arroyos y acuíferos que sostienen la agricultura
tradicional y los ecosistemas de valle.
La Alpujarra granadina conserva algunos de los ejemplos más
conocidos de este sistema hidráulico. Municipios como Bérchules,
Trevélez, Capileira, Bubión o Mecina Bombarón mantienen todavía
parte de estas infraestructuras históricas, muchas de origen
medieval y vinculadas al conocimiento hidráulico andalusí.
La importancia ecológica de las acequias de careo va mucho más
allá del aprovechamiento humano del agua. Estos sistemas favorecen
la recarga de acuíferos, reducen la erosión y contribuyen a
estabilizar los caudales de numerosos manantiales y ríos de
montaña. Además, ayudan a amortiguar los efectos de las sequías
prolongadas al mantener reservas subterráneas activas durante
meses.
Actualmente, numerosos investigadores consideran que la
recuperación y mantenimiento de estas acequias tradicionales puede
convertirse en una herramienta fundamental frente a la crisis
climática en áreas mediterráneas.
Acequia del FArdes, P. N. Sierra de Huétor, Granada
Corredores ecológicos de humedad
Las acequias no son únicamente infraestructuras hidráulicas. Con
el paso de los siglos se han convertido en auténticos corredores
ecológicos donde prosperan especies vegetales y animales adaptadas
a ambientes húmedos.
En territorios secos y semiáridos, la presencia continua de agua
genera pequeñas franjas verdes que atraviesan laderas y valles.
Junto a las acequias aparecen helechos, juncos, musgos, sauces,
álamos y numerosas especies de flora asociadas a la humedad. Estos
espacios sirven además de refugio para anfibios, insectos, aves y
pequeños mamíferos.
En Sierra Nevada, las acequias tradicionales mantienen
microecosistemas de enorme valor biológico en zonas donde el clima
mediterráneo impone largos periodos de sequía estival. Muchas
especies encuentran en estos canales y en sus márgenes húmedos un
corredor natural para desplazarse entre distintos hábitats.
Algo similar ocurre en las sierras de Cazorla, Segura y Las
Villas. Allí, el agua infiltrada en las montañas alimenta una
compleja red de fuentes, arroyos y acequias históricas que
conectan bosques, huertas y áreas agrícolas tradicionales. El
paisaje cultural de estas sierras no puede entenderse sin la
presencia constante del agua circulando lentamente entre montañas
y valles.
En las montañas de Castril, Alhama o la Sierra de Huétor, el agua
subterránea también desempeña un papel esencial en la formación de
nacimientos y humedales de montaña. Muchas de estas surgencias
alimentan ecosistemas de enorme valor ecológico y permiten la
existencia de bosques y vegas en territorios sometidos a una
fuerte estacionalidad climática.
Incluso en las zonas más áridas de Almería, como Sierra de Gádor,
Sierra María o los entornos de Alhabia y Alhama de Almería, la
infiltración y el almacenamiento subterráneo resultan
fundamentales. Allí, cada manantial constituye un auténtico oasis
biológico y cultural en medio de paisajes dominados por la escasez
hídrica.
Agua lenta frente a la sequía
Buena parte del agua que abastece vegas agrícolas, embalses y
acuíferos del sureste español tiene su origen en estos procesos
lentos de infiltración y almacenamiento en montaña. El agua que
cae en las cumbres tarda meses en completar su recorrido hacia
cotas bajas.
Los grandes sistemas montañosos de Andalucía Oriental funcionan
como reguladores naturales del territorio. Sin esa capacidad de
almacenamiento, las lluvias torrenciales típicas del clima
mediterráneo provocarían una rápida escorrentía hacia el mar,
aumentando la erosión y reduciendo enormemente las reservas
hídricas disponibles durante el verano.
La existencia de nieve en Sierra Nevada ha desempeñado
históricamente un papel esencial en ese equilibrio. El deshielo
gradual alimenta ríos y acuíferos durante gran parte del año. Sin
embargo, la reducción progresiva de las nevadas y el aumento de
temperaturas están alterando este mecanismo natural.
En muchas zonas montañosas ya se observa una disminución del
tiempo de permanencia de la nieve y una reducción de la capacidad
de recarga hídrica. El agua desciende más rápidamente y permanece
menos tiempo almacenada en el territorio. Como consecuencia,
numerosos manantiales presentan menores caudales y algunos arroyos
desaparecen antes durante el verano.
La situación resulta especialmente delicada en las áreas
semiáridas de Almería, donde los acuíferos dependen enormemente de
estas recargas lentas procedentes de las montañas.

Acequia Gorda, Granada
Recuperar una cultura del agua
Durante décadas, muchos sistemas tradicionales de acequias
quedaron abandonados debido al despoblamiento rural y a la
transformación de la agricultura. Sin embargo, en los últimos años
están surgiendo numerosos proyectos de recuperación impulsados por
comunidades locales, investigadores y administraciones
ambientales.
La restauración de acequias de careo en Sierra Nevada se ha
convertido en uno de los ejemplos más relevantes de recuperación
de conocimiento hidráulico tradicional en España. Estas
actuaciones buscan restaurar canales históricos y reactivar
procesos naturales de infiltración que permitan aumentar la
disponibilidad hídrica y mejorar la resiliencia del territorio
frente al cambio climático.
La recuperación de estos sistemas no responde únicamente a una
cuestión patrimonial o cultural. Supone también recuperar una
forma de relación con el agua basada en la lentitud, la
infiltración y el equilibrio ecológico del territorio.
Frente a modelos de gestión centrados exclusivamente en embalsar y
transportar agua, las acequias tradicionales representan una
estrategia adaptada durante siglos a las condiciones climáticas
mediterráneas. Una tecnología aparentemente sencilla que aprovecha
la propia geología de la montaña para almacenar agua de forma
natural y sostenible.
En Andalucía Oriental, desde Sierra Nevada hasta las montañas de
Cazorla o los paisajes áridos de Almería, el agua continúa
realizando ese viaje silencioso bajo la tierra. Un recorrido
invisible que sostiene ecosistemas, cultivos y poblaciones enteras
mucho tiempo después de la lluvia.
Comprender ese camino oculto del agua significa entender también
la fragilidad de unos sistemas naturales y culturales que hoy se
enfrentan a una creciente presión climática. Y supone reconocer
que, en muchos casos, el futuro hídrico del territorio puede
depender precisamente de recuperar conocimientos ancestrales
capaces de trabajar junto a la montaña, y no contra ella.

El agua aparece entre las tierras porosas. Fuente de la Bicha,
Granada
LOS CAMINOS OCULTOS DEL AGUA
Las montañas de Andalucía Oriental almacenan y liberan lentamente
el agua de nieve y lluvia a través de grietas, acuíferos, fuentes
y acequias tradicionales. Desde Sierra Nevada hasta Cazorla,
Huétor, Castril, Alhama o las sierras áridas de Almería, estos
sistemas naturales y culturales muestran cómo las acequias de
careo y el conocimiento rural pueden convertirse en herramientas
esenciales frente al cambio climático y la desertificación.
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