Para empezar, no todos los alojamientos donde te quedas son lo mismo, y si vas a estar una buena temporada fuera, más vale que selecciones bien. Por suerte, hoy en día hay un montón de locaciones que apuestan por lo sostenible: usan energía solar, reciclan y hasta apoyan a productores locales.
Incluso en grandes ciudades puedes encontrar opciones así. Por ejemplo, si estás un tiempo en México, busca departamentos amueblados en Ciudad de México que promuevan el ahorro de agua o el uso de materiales eco. Hay más de los que imaginas.
Vamos a dejar claro algo: viajar sostenible no significa dejar de volar para siempre, pero sí pensar un poquito antes de hacerlo. Si puedes, combina el avión con trenes, autobuses o hasta bicicleta. Y si te da el tiempo, alarga tus estancias. Es mejor quedarte un mes en un sitio y conocerlo de verdad que correr por cinco países en dos semanas solo para sacar fotos.
Además, moverte lento tiene su encanto. No hay nada como mirar por la ventana de un tren viendo cómo cambia el paisaje o charlar con un desconocido en un bus local. Esas cosas son las que realmente recuerdas después. Y oye, si puedes compartir transporte o usar apps para viajar con otros, mejor todavía.
Ahora bien, si de verdad quieres vivir viajando, no te puedes perder la comida local. Ir a un mercado, hablar con los vendedores y probar cosas nuevas es una de las partes más divertidas del viaje. Igualmente, cuando compras comida local estás reduciendo la huella de transporte y ayudando a la economía del lugar.
Y si cocinas, aprovecha los productos de temporada. Son más frescos, más baratos y mil veces más sabrosos. No hay comparación entre una fruta comprada en la esquina y una que viajó miles de kilómetros en avión.
Cuando estás siempre en movimiento, es mucho más fácil generar un montón de residuos sin darte cuenta. Botellas, envoltorios, vasos de café… y así todo el día. Sin embargo, si cambias un par de hábitos, puedes reducir muchísimo tu basura.
Por ejemplo, lleva siempre tu propia botella, cubiertos y una bolsa de tela. De verdad, parece poca cosa, pero marca mucho la diferencia. Adicionalmente, en muchos sitios ya hay estaciones para rellenar agua gratis, así que no hay excusa. Y si puedes, usa productos sólidos como champú, jabón, desodorante… duran más, no se derraman y no llevan plástico.
Finalmente, al viajar, no solo visitas lugares, también entras en la casa de otros. Por eso, cuídala. Si estás en una playa, no dejes nada más que tus huellas en la arena. Si estás en un parque natural, no te lleves ni una piedra. Suena simple, pero tristemente mucha gente lo olvida.
También es determinante respetar las culturas locales. Aprende algunas palabras del idioma, pregunta antes de sacar fotos y escucha más de lo que hablas. En otras palabras, ser viajero sostenible también es ser empático y agradecido.
Como has visto, vivir viajando y hacerlo de forma sostenible es posible, y lo mejor, mucho más gratificante. Así que, ¡ya lo sabes! Para tu siguiente destino, pon en práctica estos consejos y deja el mundo un poquito mejor de como lo encontraste.