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SOCIEDAD * ESTILO DE VIDA
Huella
de carbono del fútbol profesional: qué hacen los clubes para
reducirla
El fútbol mueve a casi la mitad de la población mundial. Con 3.500
millones de seguidores, genera una maquinaria económica, mediática y
logística de proporciones difíciles de imaginar. Y todo eso,
inevitablemente, tiene un coste ambiental que ya no es fácil
ignorar.
Un negocio que contamina más de lo que parece
Los estadios consumen electricidad a raudales: iluminación,
pantallas gigantes, sistemas de sonido, cocinas, refrigeración. Pero
eso es la parte visible. El grueso del problema está en los
desplazamientos. Durante la temporada 2016-2017, los viajes
representaron el 61% de la huella de carbono de la Premier League
inglesa, según un estudio publicado en 2019. Más de la mitad de toda
la contaminación del campeonato más visto del mundo venía de
aviones, autobuses y coches.
Que el fútbol es un fenómeno global queda claro en los números de
las grandes competiciones. La UEFA comenzó a medir sus propias
emisiones en 2019, y los datos que obtuvo no eran tranquilizadores:
solo la Champions League generó ese año cerca de 2,9 millones de
toneladas de CO2. Para poner eso en perspectiva, equivale
aproximadamente a las emisiones anuales de 600.000 coches de
gasolina. Detrás de cada panel solar instalado en un estadio hay
también un patrocinador. Los acuerdos comerciales con casas de
apuestas como
1w
inyectan recursos que, en los clubes con agenda verde, terminan
financiando también las iniciativas medioambientales.
Entre los focos de emisión que suelen subestimarse están:
● La fabricación y distribución de
equipaciones, camisetas y merchandising
● La alimentación servida en los
estadios durante los días de partido
● La construcción y renovación de
instalaciones deportivas
Lo que ya están haciendo algunos clubes
Aquí es donde la cosa se pone interesante, porque algunos clubes han
demostrado que cambiar de rumbo es posible, aunque requiere voluntad
real y no solo comunicados de prensa. Un estudio de PwC en 2021
reveló que dos de cada tres clubes profesionales en los Países Bajos
carecen de una política de sostenibilidad concreta. Dos tercios. Es
un dato que incomoda.
El caso más extremo en sentido positivo es el del Forest Green
Rovers, un modesto club inglés de categorías inferiores que la ONU
declaró en 2018 el primer club de fútbol carbono neutral del mundo.
Sus medidas incluyen energía 100% renovable, menú completamente
vegano, uniformes fabricados con fibras recicladas de café y
plástico, y un estadio nuevo diseñado casi íntegramente en madera.
El césped se riega con agua de lluvia y lo corta un robot eléctrico
guiado por GPS. No es un experimento de laboratorio: llevan años
funcionando así.
El fútbol sudamericano sigue de cerca este camino. Varios clubes de
la región cuentan entre sus patrocinadores a
1win
Argentina, y la presión de la afición para que esos recursos
se destinen también a proyectos sostenibles crece temporada a
temporada.
Entre las iniciativas concretas que varios clubes europeos han
puesto en marcha destacan:
● Instalación de paneles solares y
sistemas de energía solar térmica en estadios (Atlético de Madrid,
Real Betis)
● Sustitución de flotas de coches por
vehículos eléctricos para jugadores y empleados, con puntos de carga
en las instalaciones (Real Madrid, Forest Green Rovers)
● Programas de patinetes y transporte
compartido para reducir desplazamientos internos: el Real Betis
calculó que esta sola medida le ahorró 550 kg de CO2 y 8.400 viajes
en coche
La UEFA entra en escena, con calculadora en mano
En marzo de 2024, la UEFA lanzó en el Emirates Stadium de Londres
una herramienta de medición de huella de carbono diseñada
específicamente para organizaciones de fútbol. Cubre movilidad,
consumo de instalaciones, logística y compras. El objetivo declarado
es que federaciones, clubes y ligas puedan cuantificar sus emisiones
antes de reducirlas. Sin datos, no hay punto de partida.
La meta institucional en Europa es reducir las emisiones netas del
sector un 55% antes de 2030. Es una cifra ambiciosa para una
industria que históricamente ha mirado hacia otro lado.
¿Suficiente? Depende de a quién se le pregunte. Críticos como Thom
Rawson, fundador de la consultora Sustainable Football, señalan que
los compromisos voluntarios sin estándares de reporte obligatorios
son difíciles de verificar. Un club puede decir que es "verde"
mientras sigue fletando vuelos chárter a cada partido a 400 km.
Lo que está claro es que el problema tiene escala real. El Mundial
de 2026, repartido entre Estados Unidos, Canadá y México, podría
generar entre 9 y 15 millones de toneladas de CO2 equivalente, casi
el doble del promedio de los torneos anteriores, principalmente por
las distancias de viaje entre sedes. No es una estimación alarmista:
viene de investigadores que llevan años midiendo exactamente esto.
El fútbol tiene una audiencia global que pocos sectores pueden
igualar. Esa misma visibilidad que lo hace tan poderoso es, a estas
alturas, también su principal responsabilidad.
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