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Gestión energética inteligente: la clave para reducir el impacto ambiental de las industrias

No todos los procesos industriales necesitan funcionar exactamente en un momento determinado, ya que hay equipos que poseen capacidad para adelantar, retrasar o modular su funcionamiento durante periodos concretos sin que la producción resulte afectada.

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Durante décadas, hablar de eficiencia energética en una industria significaba, sobre todo, intentar consumir menos. Mejorar el aislamiento de las instalaciones, renovar equipos, evitar pérdidas, utilizar motores más eficientes o reducir consumos innecesarios siguen siendo medidas fundamentales. Pero la transformación del sistema eléctrico y el crecimiento de las energías renovables han incorporado un nuevo concepto: ya no importa únicamente cuánta energía se consume, sino también cuándo se consume.

Esta idea es la base de la denominada flexibilidad energética, una forma de gestionar la demanda eléctrica que permite desplazar determinados consumos hacia los momentos más favorables sin interferir en la actividad normal de una industria. No se trata de detener máquinas cuando la electricidad es cara ni de alterar los procesos productivos, sino de aprovechar aquellos equipos e instalaciones cuyo funcionamiento admite cierto margen horario y gestionarlos de manera inteligente.

El resultado puede ser doble. Por una parte, la empresa puede reducir sus costes al evitar los periodos en los que la electricidad alcanza precios más elevados. Por otra, puede concentrar parte de su consumo en momentos de mayor disponibilidad de electricidad procedente de fuentes renovables, reduciendo así el impacto ambiental asociado a su actividad.

Consumir en el momento adecuado

La electricidad tiene una característica que la diferencia de muchos otros recursos: debe existir un equilibrio prácticamente permanente entre la generación y la demanda. Además, ni el consumo ni la producción son constantes a lo largo del día.

La incorporación masiva de fuentes como la energía solar y la eólica ha añadido una nueva variable. La generación renovable depende de las condiciones ambientales y puede producir grandes cantidades de electricidad en determinadas horas, mientras que en otros momentos es necesario recurrir en mayor medida a otras tecnologías.


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En este escenario, adaptar la demanda a la disponibilidad de energía se convierte en una herramienta de eficiencia. Una industria que pueda trasladar una parte de sus consumos desde una hora de elevada demanda hacia otra con abundante producción renovable contribuye a aprovechar mejor los recursos del sistema eléctrico.

La clave está en que no todos los procesos industriales necesitan funcionar exactamente en un momento determinado. Hay equipos que poseen una capacidad natural para adelantar, retrasar o modular su funcionamiento durante periodos concretos sin que la producción resulte afectada.

Una cámara frigorífica, por ejemplo, trabaja dentro de unos determinados márgenes de temperatura. Puede intensificar su funcionamiento en un momento favorable y reducir temporalmente su consumo después, siempre que se mantengan las condiciones de conservación establecidas. Algo similar ocurre con determinados sistemas de bombeo, depósitos, instalaciones de climatización industrial o procesos que disponen de capacidad de almacenamiento.

Las baterías industriales amplían todavía más estas posibilidades. Pueden cargarse cuando existe una situación energética favorable y utilizar posteriormente la electricidad almacenada cuando la demanda o los precios son superiores.

Flexibilidad sin detener la producción

Uno de los aspectos esenciales de este modelo es precisamente que la gestión energética no debe perjudicar la actividad de la empresa. La flexibilidad solo tiene sentido sobre aquellos consumos que realmente pueden modificarse dentro de unos límites previamente establecidos.

Una instalación industrial posee procesos críticos que deben mantenerse de forma continua y otros que ofrecen distintos grados de flexibilidad. El primer paso consiste, por tanto, en conocer cómo consume energía la empresa, identificar esos márgenes y determinar qué equipos pueden participar en una gestión dinámica de la demanda.

A partir de ahí entra en juego la digitalización.

Las plataformas de gestión energética pueden recibir información sobre los consumos de las instalaciones, y la situación del mercado eléctrico. Mediante sistemas automatizados es posible decidir cuándo resulta más conveniente activar, reducir o desplazar determinados consumos respetando siempre los límites operativos establecidos por la empresa.

Plataformas especializadas como la desarrollada por Voltiva Energy aplican este concepto de gestión digital de la flexibilidad para aprovechar la capacidad de adaptación que ya existe en numerosas instalaciones empresariales e industriales.

La diferencia respecto a una gestión energética convencional es importante. No es necesario que una persona permanezca pendiente de la evolución del mercado para decidir si debe activar una bomba, cargar una batería o modificar temporalmente el funcionamiento de una instalación frigorífica. El software puede analizar la información y ejecutar automáticamente las decisiones, de acuerdo con las condiciones y restricciones previamente definidas y estudiadas exhaustivamente.

Cuando la eficiencia energética se convierte en inteligencia

La automatización permite pasar de una gestión basada en decisiones puntuales a otra capaz de reaccionar de forma dinámica.

En una gran instalación industrial pueden existir decenas o centenares de equipos eléctricos. Intentar gestionar manualmente sus horarios en función de la evolución del mercado resultaría poco práctico y, en muchos casos, imposible. Una plataforma digital puede realizar esa tarea continuamente y coordinar distintos consumos para encontrar la combinación más adecuada.

Este sistema convierte la energía en una variable más dentro de la gestión de los procesos industriales. Igual que una industria controla sus materias primas, sus existencias, su logística o sus tiempos de producción, puede incorporar información energética a su funcionamiento cotidiano.

La flexibilidad tampoco significa que toda la industria tenga que modificar sus horarios. El objetivo es localizar pequeñas ventanas de adaptación que, sumadas, pueden representar cantidades importantes de energía.

Un sistema de bombeo puede disponer de varias horas para completar una determinada operación. Una batería puede elegir el momento más adecuado para cargarse. Una instalación frigorífica tiene una cierta inercia térmica. Otros procesos auxiliares pueden programarse dentro de diferentes franjas horarias.

Individualmente, cada modificación puede parecer poco relevante. Cuando se gestionan de manera coordinada, el efecto acumulado puede ser considerable.

Menos costes y una menor huella ambiental

El precio de la electricidad refleja, entre otros factores, la relación existente en cada momento entre generación y demanda. Evitar determinados periodos de mayor coste y trasladar consumos hacia otros más favorables permite reducir el gasto energético sin necesidad de disminuir la producción.

Pero el interés ambiental de este modelo va más allá del ahorro económico.

Las horas de elevada demanda pueden requerir una mayor participación de tecnologías de generación con emisiones asociadas. En cambio, existen periodos en los que la producción solar, eólica u otras fuentes renovables tienen una presencia especialmente elevada.

Desplazar consumos hacia esos momentos facilita una utilización más eficiente de la electricidad renovable disponible y reduce la necesidad de concentrar la demanda en periodos menos favorables desde el punto de vista ambiental.

La gestión de la flexibilidad puede convertirse así en un complemento de otras estrategias empresariales de descarbonización. Instalar generación fotovoltaica, mejorar la eficiencia de los equipos, electrificar determinados procesos o incorporar sistemas de almacenamiento son actuaciones que pueden reforzarse mediante una gestión inteligente del momento en que se utiliza la energía.

No son estrategias excluyentes. Al contrario, forman parte de un mismo proceso de transformación del modelo energético industrial.

Una herramienta para integrar más energías renovables

Un sistema eléctrico con una mayor capacidad para adaptar el consumo puede integrar con mayor facilidad una producción renovable que, por su propia naturaleza, es variable.

Durante determinadas horas puede existir una elevada generación solar. En otras jornadas, el viento puede incrementar considerablemente la producción eólica. Si una parte de la demanda es capaz de desplazarse hacia esos periodos, se facilita el aprovechamiento de esa electricidad.

En lugar de pensar únicamente en centrales que aumentan o reducen su generación para seguir continuamente a la demanda, el nuevo modelo energético introduce una segunda posibilidad: que una parte de la demanda también pueda adaptarse a la generación disponible.

Para las industrias, participar en este sistema no implica convertirse en operadores energéticos ni modificar continuamente sus procesos. La tecnología permite que esa adaptación se produzca de manera automática y dentro de los márgenes establecidos por cada instalación.

De consumidores pasivos a participantes del sistema energético

La digitalización está cambiando progresivamente la relación entre las industrias y la energía. Las instalaciones industriales dejan de ser únicamente puntos que consumen electricidad y pueden convertirse en elementos activos capaces de adaptar parte de su demanda.

Esta evolución será especialmente importante a medida que aumente el peso de las energías renovables y el almacenamiento eléctrico.
La eficiencia energética entra así en una nueva etapa. Ahorrar energía continúa siendo imprescindible, pero utilizarla en el momento adecuado puede ser igualmente importante.

Para una empresa, la ventaja consiste en poder hacerlo sin convertir la gestión eléctrica en una nueva carga de trabajo. La automatización permite analizar el mercado eléctrico y los activos energéticos y actuar únicamente cuando existe una oportunidad compatible con la actividad industrial.

El objetivo final es sencillo: producir lo mismo, mantener las condiciones necesarias para cada proceso y utilizar la energía de una forma más racional. Una estrategia que puede traducirse simultáneamente en menores costes, mejor aprovechamiento de las energías renovables y reducción de la huella de carbono.

La gestión inteligente de la flexibilidad demuestra, en definitiva, que la transición energética de la industria no depende exclusivamente de consumir menos electricidad. También consiste en aprender a consumirla mejor y en sincronizar progresivamente la actividad económica con un sistema energético en el que las fuentes renovables tienen cada vez un papel mayor.

Para ampliar información sobre el funcionamiento y las posibilidades de la gestión de la flexibilidad energética, puedes consultar más información aquí: https://voltiva.energy/gestion-flexibilidad-energetica/.



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