Fotografías: MÓNICA OLIVERAS BANCELLS; Col de
la Quillane, Capcir, Pirineos franceses, 11 de octubre de 2026.
Autoría pendiente de incorporar.
LA BERREA DEL CIERVO
Cervus
elaphus. ficha científica. Guía de Mamíferos en
Waste Magazine
LA BERREA DEL CIERVO ROMPE EL
SILENCIO DESDE LOS PIRINEOS A LAS SIERRAS DEL SUR
En Col de la Quillane, cerca de Les Angles, en los Pirineos
franceses, una serie fotográfica realizada el 11 de octubre de
2026 muestra a un gran macho custodiando un grupo de hembras en
las últimas jornadas de la época reproductiva. La escena nos
conduce a uno de los grandes acontecimientos de la naturaleza
europea: la berrea, que transforma cada otoño los bosques de
montaña, las dehesas mediterráneas y las llanuras de espacios como
Doñana y Cabañeros.
MERCHE S. CALLE Y JUAN ENRIQUE GÓMEZ
MÓNICA OLIVERAS BANCELLS * FOTOGALERÍA (Fotos
realizadas en Col de la Quillane, Capcir, Pirineos franceses, 11
de octubre de 2026)
Hay un momento del otoño en el que el bosque cambia de voz. Antes de
que amanezca, un bramido grave se propaga por las laderas, atraviesa
los claros y encuentra respuesta en algún valle próximo. Es la
llamada de un ciervo macho. Durante semanas, los animales que han
permanecido relativamente discretos el resto del año se hacen
visibles y audibles, entregados a una competencia que determinará
buena parte de sus oportunidades reproductivas. No es un concierto
organizado para quienes visitan el monte: es un lenguaje de
advertencias, desafíos y cortejo, cuyo significado se ha afinado a
lo largo de la evolución.
El protagonista es el ciervo ibérico (
Cervus elaphus), uno de los mayores
herbívoros silvestres de Europa. La berrea reúne comportamientos muy
diferentes: vocalizaciones, desplazamientos, persecuciones,
exhibiciones corporales y, cuando la rivalidad no se resuelve de
otra forma, combates con las cuernas. Cada escena revela el coste de
reproducirse en una especie donde los machos compiten intensamente
por acceder a las hembras.
Col de Quillane, un encuentro en las alturas
El 11 de octubre de 2026, en CCol de Quillane, próximo a Les Angles
y situado en el Capcir de los Pirineos franceses, una fotógrafa de
naturaleza documentó a un macho dominante que vigilaba un grupo
numeroso de hembras. Su testimonio sitúa la observación en la fase
final de la temporada reproductiva, cuando todavía persiste una
notable actividad, aunque los momentos de mayor intensidad comienzan
a quedar atrás.
El paisaje del Capcir combina bosques montanos, prados y espacios
abiertos de altitud. Esa alternancia permite a los ciervos buscar
alimento en los claros y encontrar refugio entre los árboles.
También configura un escenario singular para la berrea: los bramidos
pueden escucharse desde las laderas mientras los animales se
desplazan entre los pastizales y el borde del bosque.
Mónica Oliveras Bancells
La fotografía de un macho junto a numerosas hembras habla de una
tarea agotadora. Vigilar el grupo no equivale a mantenerlo inmóvil
ni a ejercer una posesión permanente. Las ciervas conservan
capacidad de desplazamiento y las agrupaciones cambian de
composición. El macho trata de permanecer cerca de las hembras
receptivas y de impedir que otros competidores aprovechen una
distracción. Su posición, ganada a fuerza de experiencia y condición
física, puede perderse en cualquier momento.
Las imágenes del Capcir ofrecen así una puerta de entrada a un
fenómeno que no pertenece exclusivamente a la alta montaña. Desde
las vertientes pirenaicas hasta los montes del sur peninsular, el
mismo impulso reproductivo adopta formas visibles distintas según la
vegetación, el relieve, el clima y la distribución de los animales.
El lenguaje de los bramidos
Los bramidos no son sonidos emitidos al azar. Su
intensidad, ritmo y características acústicas transmiten información
sobre el macho que los produce. Un rival puede valorar esas señales
antes de decidir si se acerca o se retira. La comunicación sonora
ayuda, por tanto, a evitar algunos enfrentamientos físicos, aunque
no todos.
En plena berrea, los machos elevan la cabeza, tensan el cuello y
lanzan series de llamadas que pueden escucharse a considerable
distancia. El amanecer y el atardecer suelen concentrar buena parte
de la actividad observable, pero también se oyen bramidos durante la
noche. La calma atmosférica, la humedad, el viento y la topografía
influyen en cómo se propaga el sonido.
Cuando dos machos se encuentran, la rivalidad puede comenzar con
posturas de exhibición y recorridos paralelos. Si ninguno cede,
ambos pueden embestir y entrelazar sus cuernas. Los choques son
espectaculares, pero también peligrosos: provocan lesiones, consumen
energía y, en ocasiones, tienen consecuencias mortales. Precisamente
por eso la intimidación y la evaluación del adversario son tan
importantes como la fuerza bruta.
Mónica Oliveras Bancells
Cuernas que se renuevan cada año
Las cuernas son una de las características más reconocibles del
ciervo macho. A diferencia de los cuernos permanentes de bóvidos y
otros mamíferos, son estructuras óseas que se desprenden y vuelven a
crecer anualmente. Tras la caída de las antiguas, comienza el
desarrollo de unas nuevas, inicialmente cubiertas por una piel muy
vascularizada llamada terciopelo.
Durante el crecimiento, la alimentación y el estado fisiológico
influyen en su desarrollo. Cuando el hueso termina de formarse, el
terciopelo se seca y los animales lo eliminan mediante el roce
contra la vegetación. Al llegar el celo, las cuernas están listas
para las exhibiciones y los posibles combates. Su tamaño puede
relacionarse con la edad y la condición del individuo, pero no
constituye una medida infalible de su capacidad para imponerse:
cuentan también el peso corporal, la resistencia y la experiencia.
Una carrera contra el agotamiento
Durante la mayor parte del año, los machos y las hembras suelen
mantener organizaciones sociales diferenciadas. Con la llegada del
celo, los machos se aproximan a las agrupaciones de ciervas y
compiten por permanecer junto a ellas. Los llamados harenes son
conjuntos temporales, de tamaño variable, cuya defensa exige
atención constante.
El coste es considerable. Los machos dominantes
reducen a menudo el tiempo dedicado a alimentarse y descansar,
mientras incrementan los desplazamientos y la actividad física. Al
terminar la berrea pueden haber perdido una parte importante de sus
reservas. En el mundo natural, la victoria reproductiva no llega
gratis: exige energía acumulada durante los meses anteriores y puede
condicionar la capacidad de afrontar el invierno.
La duración y el calendario de la berrea están regulados
principalmente por la disminución de las horas de luz, que
interviene en los cambios hormonales del ciclo reproductivo. Las
condiciones meteorológicas modifican la actividad que podemos
observar y la disponibilidad de alimento afecta al estado corporal
de los animales, pero no es correcto atribuir el inicio del celo
únicamente a las primeras lluvias.
La berrea mediterránea: Sierra Morena
Al sur de los Pirineos, la berrea encuentra uno de sus grandes
escenarios en Sierra Morena. Sus encinares, alcornocales, dehesas y
manchas de matorral ofrecen un paisaje muy diferente al de los
pastos de alta montaña. Aquí, los últimos calores del verano pueden
prolongarse hasta septiembre, y los primeros episodios de lluvia
transforman la apariencia de un territorio castigado por la sequedad
estival.
En Andalucía, los bramidos forman parte del otoño
de la Sierra de Andújar, en Jaén; de Hornachuelos y otros montes
cordobeses; de la Sierra Norte de Sevilla y de las sierras
onubenses. El fenómeno también se manifiesta en las Sierras de
Cazorla, Segura y Las Villas y en Los Alcornocales, entre Cádiz y
Málaga. Son territorios distintos, pero unidos por la presencia del
ciervo y por la relevancia del monte mediterráneo como refugio y
fuente de alimento.
En Sierra Morena, la escucha de la berrea puede comenzar antes de
que se vea al animal. Los bramidos llegan desde una vaguada cubierta
de jaras o desde la ladera opuesta, donde un macho intenta mantener
a distancia a sus rivales. La vegetación cerrada hace que muchas
veces el sonido sea la principal señal de su presencia. En las
dehesas y los claros, en cambio, pueden observarse grupos de hembras
y machos que patrullan sus alrededores.
La experiencia tiene además una dimensión territorial. Las
actividades guiadas permiten conocer el comportamiento de los
ciervos y la ecología de estos montes sin convertir cada observación
en una persecución. En 2026 se han impulsado iniciativas de escucha
y observación en montes de Córdoba, como Las Monteras, en Villanueva
del Rey, y Las Alcornocosas, en Montoro. La clave está en acercarse
al fenómeno sin alterar a los animales.
Doñana, el bramido entre cotos y marismas
Doñana demuestra que la berrea no necesita grandes montañas
para resultar impresionante. En este espacio del suroeste andaluz,
los ciervos habitan entre cotos, pinares, matorrales y áreas
abiertas próximas a las marismas. La amplitud de algunos paisajes
favorece que sus voces se propaguen a través de distancias
considerables.
El otoño en Doñana representa una transición ecológica muy marcada.
Después del estiaje, las primeras precipitaciones pueden favorecer
la aparición de hierba fresca y modificar la actividad de los
herbívoros. Mientras las marismas esperan el agua y las aves
migratorias anuncian otra estación, los venados hacen oír sus
bramidos en los cotos y los espacios abiertos.
La singularidad de Doñana está en esa superposición de
acontecimientos naturales. El celo del ciervo coincide con los
cambios del paisaje, el regreso progresivo de las aguas y los
movimientos de numerosas aves. No todo sucede al mismo tiempo ni con
la misma intensidad cada año, pero la berrea forma parte de la
identidad sonora del otoño en el parque nacional.
También aquí la observación exige prudencia. Las zonas de mayor
valor ecológico cuentan con restricciones de acceso, y no cualquier
lugar desde el que se escuche un bramido puede recorrerse
libremente. Respetar los itinerarios autorizados es parte de la
conservación de un espacio especialmente sensible.
Cabañeros, el escenario abierto de las rañas
En los Montes de Toledo, entre las provincias de Ciudad Real y
Toledo, el Parque Nacional de Cabañeros ofrece otra imagen
emblemática de la berrea. Su paisaje alterna sierras cubiertas de
bosque y matorral mediterráneo con grandes superficies abiertas
conocidas como rañas, donde los ciervos pueden concentrarse y
hacerse visibles.
Las rañas son un escenario excepcional para
comprender la organización social de estos animales. En septiembre y
buena parte de octubre, los machos se disputan oportunidades
reproductivas mediante bramidos, desplazamientos y enfrentamientos.
La amplitud del terreno permite observar comportamientos que en un
bosque cerrado quedarían ocultos tras la vegetación.
Cabañeros posee además un marcado ritmo estacional. Tras la berrea,
los ciervos pueden agruparse de nuevo y aprovechar recursos como las
bellotas, fundamentales para recuperar energía antes de los meses
más duros. Los mismos espacios que unas semanas antes acogían las
disputas entre machos se convierten después en zonas de alimentación
y convivencia menos competitiva.
La visita a Cabañeros durante el otoño ofrece, por tanto, una
lección sobre la relación entre paisaje y comportamiento. No basta
con localizar a los animales: importa comprender por qué utilizan
las rañas, cuándo buscan el monte y cómo las estaciones modifican
sus necesidades.
Mónica Oliveras Bancells
Otros territorios, una misma llamada
El mapa peninsular de la berrea es mucho más amplio. En Extremadura,
Monfragüe y diversas sierras de monte mediterráneo albergan
poblaciones de ciervos cuyos bramidos se escuchan al comienzo del
otoño. En Castilla y León, las masas forestales y los relieves del
noroeste ofrecen escenarios diferentes, mientras que en el Sistema
Central y otros enclaves del interior el relieve condiciona los
movimientos y las posibilidades de observación.
No existe una única fecha válida para toda la península.
La altitud, la latitud, la estructura de las poblaciones y las
circunstancias de cada temporada pueden introducir variaciones. El
periodo más característico se sitúa entre septiembre y octubre,
aunque el comienzo, el máximo de actividad y su final no son
idénticos en todos los territorios.
Tampoco todos los bramidos anuncian un combate. Muchos forman parte
de la comunicación normal entre machos que evalúan sus fuerzas. Y no
todos los grupos de hembras están controlados de manera estable por
un solo individuo. La naturaleza es más dinámica que la imagen de un
vencedor permanente rodeado de un harén inmóvil.
De la berrea al nacimiento de los cervatillos
Tras el apareamiento, las hembras inician una gestación de
aproximadamente ocho meses. Los nacimientos suelen concentrarse al
final de la primavera y al principio del verano, cuando la
vegetación ofrece mejores condiciones para la lactancia y el
desarrollo de las crías. Lo habitual es el nacimiento de un solo
cervatillo.
Durante sus primeros días, la cría permanece a menudo oculta entre
la vegetación. Su pelaje moteado ayuda a disimular su presencia
mientras la madre se alimenta y regresa periódicamente para
amamantarla. Esa aparente soledad no significa necesariamente
abandono, una circunstancia importante para quienes encuentran
cervatillos en el campo: no deben tocarlos ni trasladarlos.
El ciclo reproductivo conecta así dos momentos aparentemente
opuestos. El otoño es ruido, competencia y desgaste; la primavera
siguiente trae discreción, cuidado maternal y crecimiento. Ambos
forman parte de la misma estrategia de supervivencia.
Fotografiar la naturaleza sin interrumpirla
La popularidad de la berrea ha aumentado el interés por las salidas
de observación y la fotografía de fauna. Esa atención puede
favorecer el conocimiento de los ecosistemas, pero también generar
molestias cuando los visitantes se acercan demasiado, persiguen a
los animales o abandonan los recorridos permitidos.
Durante el celo, los machos ya afrontan un esfuerzo extraordinario.
Forzarlos a huir supone añadir un gasto energético innecesario. La
observación responsable requiere distancia, silencio, prismáticos o
teleobjetivos y respeto por las indicaciones de los espacios
protegidos. Un ciervo adulto puede ser peligroso si se siente
acorralado, especialmente durante la época reproductiva.
La serie fotográfica realizada en Col de Quillane recuerda el valor
de detenerse y mirar. En un instante concreto, un macho y su grupo
de hembras condensan un proceso que se desarrolla simultáneamente en
numerosos paisajes europeos. Desde los pastos pirenaicos hasta las
dehesas de Sierra Morena, los cotos de Doñana o las rañas de
Cabañeros, el otoño tiene una voz reconocible. Cuando los últimos
bramidos se apagan, el monte recupera su discreción, pero el ciclo
ya ha comenzado de nuevo.