Vulcanismo
Por Cristian Frers. * WASTE MAGAZINE
Definición: Fenómeno por el cual un magma originado en el interior
de la litosfera se pone en comunicación con la superficie de la
Tierra a través de una zona de fractura de esta.
Introducción
La palabra volcán proviene del latín Vulcanus, el dios del fuego
para los antiguosromanos.
Un volcán es una abertura en la superficie de la Tierra por la que
la roca incandescente (más conocida como lava) y otros materiales
que se encontraban en las capas más internas de la corteza
terrestre alcanzan la superficie. Cuando esos materiales
expulsados se enfrían (y se vuelven sólidos) forman una estructura
que por lo general tiene forma de cono (la montaña que rodea a la
abertura).La actividad volcánica ocurre cuando el magma llega a la
superficie de la Tierra a través de una abertura central o una
grieta larga (fisura). Dicha actividad puede liberar materiales
eyectales (desechos que van desde trozos de roca de lave hasta
cenizas, que pueden esta incandescentes), lava líquida y gases
(vapor de agua, dióxido de carbono, dióxido de azufre, nitrógeno y
otros) en el ambiente circundante.
La actividad volcánica está concentrada, en su mayor parte, en las
mismas áreas que la actividad sísmica. Generalmente se encuentra
en los límites de placas divergentes y convergentes, a veces en
lugares intraplacas y tal vez en unas pocas fallas de
transformación.
La erupción del volcán Etna
El monte Etna, el mayor volcán activo de Europa, despertó el
domingo lanzando un río de lava y causando una serie de pequeños
temblores que dañaron edificaciones en sus laderas, dijeron
funcionarios.
La lava destruyó algunas torres de funiculares para esquiadores en
Piano Provenzana, área situada a 2.300 metros de altitud. No hubo
lesionados, ya que el área había sido desalojada y cerrada por la
policía, según dijeron funcionarios de defensa civil de Catania.
La lava se iba reduciendo y no ha alcanzado asentamientos humanos
en las laderas del Etna.
El volcán lanzaba además cenizas y arena en cantidad tal que podía
verse desde poblaciones situadas a varios kilómetros, informaron
los medios italianos. La nube de ceniza negra dificultaba la
circulación en las calles. Luego de meses, el Etna reanudó su
actividad durante la noche; más de 200 temblores leves se
sintieron en el este de Sicilia. El más fuerte tuvo una magnitud
4,2, según el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología .Los
terremotos causaron daños menores a dos hoteles cerca de Piano
Provenzana, que fueron desalojados. La actividad del volcán es
intermitente, descansa durante meses. La más reciente erupción
potente fue en 1992. El Etna, que tuvo su mayor erupción en 1992,
comenzó a desbordar lava el domingo después de registrarse más de
100 pequeños terremotos en el este de Sicilia y parte de la
península de Italia.
El Instituto Nacional de Geofísica y Volcanología registró más
temblores durante la noche del lunes y en la mañana del martes
otro sismo, de 2,9 en la escala de Richter, sacudió la zona
cercana al volcán.
Las cenizas continuaban cayendo sobre Catania, la segunda ciudad
más grande de Sicilia, y los residentes del lugar llevaban
paraguas para protegerse de partículas llameantes.
El aeropuerto más importante de Catania fue cerrado por tercer
día, y el tráfico aéreo fue desviado a la capital de Sicilia,
Palermo.
El Etna está casi siempre retumbando, pero los expertos dicen que
sus fisuras actúan como ventilación, dejando que salga la presión
a intervalos regulares en vez de dejar que se infle hasta
registrar una gran explosión.
Funcionarios de Protección Civil dijeron el martes que algunas de
estas fisuras podrían haberse agrandado por la noche debido a los
temblores.
El Etna no ha producido ninguna actividad seria desde una serie de
erupciones en julio y agosto del año pasado, descritas como una de
las más grandes y complejas en 300 años.
Los sicilianos lo llaman el gigante bueno: "vivimos de la
montaña", dicen los habitantes de las faldas y la base del volcán.
El Etna atrae a cientos de miles de turistas y favorece una
agricultura próspera, y en su larga historia produjo muchos
desastres y leyendas. Dicen que hace 600 mil años mostró señales
de actividad. Pero su peor perfomance la cumplió en 1669, cuando
los ríos de lava arrasaron la mayor parte de la ciudad de Catania.
La última tragedia se registró en 1979, cuando nueve turistas
imprudentes fallecieron con las cabezas rotas por las piedras que
les cayeron encima.
Los antiguos conocían y cantaban a la naturaleza volcánica del
Etna. Los griegos fundaron Katanea en el 729 antes de Cristo y su
extraordinaria mitología indicó que en las entrañas del Etna
habitaban Vulcano y los Cíclopes, y que el gigante Tifón, con sus
contorsiones, Terremotaba el suelo.
Píndaro y Esquilo describieron la erupción del 475 a.C. Homero se
fascinó con lo majestuoso del volcán a cuyos pies estaba Katanea,
que los romanos hicieron luego crecer y prosperar llamándola para
siempre Catania. Homero llevó el mito a la cumbre del arte
narrando que en las entrañas del Etna habitaba nada menos que el
gigante Polifemo, con su único ojo, a quien Ulises dejó ciego en
combate.
El vulcanismo y la distribución de los riesgos de volcanes en
la Argentina
Afortunadamente, si se lo compara con otros lugares del mundo, en
la Argentina el volcanismo no alcanza, como fenómeno peligroso,
tan alto grado de impacto sobre las actividades humanas y la vida
de los pobladores. Sin embargo, no debe pensarse que se trata de
un país en el cual el proceso volcánico no sea un factor de
riesgo. Existen numerosas evidencias que indican la extensión y
alcance del volcanismo. En primer lugar, la evidencia geológica
señala claramente la importancia del volcanismo en tiempos
geológicamente recientes. Así, la Cordillera de los Andes, que
corresponde tal como se ha dicho a un arco magmático, presenta
numerosos aparatos volcánicos los que han estado en actividad
desde el comienzo del Mioceno (hace 23 millones de años) hasta el
presente.
Particularmente pueden reconocerse grandes estratovolcanes,
calderas andesítico-dacíticos y plateaux basálticos de edades
pliocenas superiores y cuaternarias (con menos de 2 millones de
años), relacionados con el último gran evento tectónico de ascenso
y fallamiento de la Cordillera de los Andes (fase diastrófica
diaguítica de la orogenia andina). Las lavas y los depósitos de
materiales piroclásticos asociados a estos eventos volcánicos,
alcanzan enormes extensiones areales y grandes espesores en todo
el sector occidental de la Argentina. Predominan en el sector
noroeste, en la Puna y desde el sector medio de la provincia de
Mendoza hasta el extremo sur de Santa Cruz, extendiéndose en
algunos sectores no solo en la franja cordillerana sino también en
el ambiente extraandino de Mendoza, Neuquén, La Pampa y Santa
Cruz.
Otras evidencias de registros de actividad volcánica reciente
surgen del estudio de los suelos de la mayor parte de nuestro
país, y en particular los de la Región Pampeana. Estos muestran
una preponderante participación de materiales volcánicos. Estos
materiales se depositaron en diferentes momentos del Cuaternario
ya sea como lluvia de cenizas o transportados por el viento desde
la zona cordillerana. Los materiales originarios dominantes de los
suelos de la región son conocidos como loess, semejantes a los
existentes en otros lugares del mundo. Sin embargo, es
precisamente el predominio de materiales volcánicos lo que
diferencia al loess pampeano del loess de otras regiones, como
China, Norteamérica y Rusia. Esta particularidad ya fue señalada
por los primeros investigadores que los estudiaron en el siglo
pasado como D´Orbigny, Darwin y Ameghino.
A estas evidencias se suman los datos recogidos directamente por
el hombre, de erupciones históricas acaecidas en algunos volcanes
de la zona fronteriza o sectores aledaños de Chile. Así, la mayor
parte de nosotros recuerda la erupción del volcán Hudson del año
1991 o nuestros padres y abuelos recuerdan las cenizas que cayeron
sobre Buenos Aires en 1932, durante la erupción del Quizapu, a la
latitud del sur de Mendoza. El arco magmático cordillerano activo
ha migrado en tiempos geológicos recientes, en la mayoría de los
casos, hacia el oeste, aproximándose más a la zona de subducción,
por lo que la mayor parte de los volcanes activos y durmientes se
encuentran localizados en el límite internacional o pocos
kilómetros al oeste, ya en el territorio chileno. La Cordillera de
los Andes, entre las latitudes en las que se encuentra comprendida
la República Argentina, presenta tres segmentos en los cuales se
concentra la actividad volcánica actual, si se exceptúa el
territorio antártico e islas del Atlántico sur. Estos son un
segmento norte entre Catamarca y Jujuy, un segmento centro-sur,
localizado en la cordillera de los Andes comprendida entre el
cerro Tupungato, en Mendoza y el norte de Chubut y un segmento
austral, aproximadamente coincidente con la extensión latitudinal
de la provincia de Santa Cruz. En el sector norte se encuentran
los volcanes activos más grandes del mundo: los cerros Ojos del
Salado y Llullaillaco, ambos con más de 6800 metros, en los
límites de Catamarca y Salta con Chile, respectivamente. El
segmento sur presenta la mayor actividad actual.
En el siglo XX algunos volcanes han tenido erupciones con
diferente grado de impacto sobre distintos sectores del territorio
argentino. Debido a las características geológicas de la
Cordillera de los Andes las principales geoformas volcánicas son
los estratovolcanes o volcanes compuestos y las calderas. Ambos se
vinculan, como se vio más arriba, a erupciones de magmas
mesosilíceos a ácidos (andesitas y riolitas), con abundante
actividad piroclástica y comparativamente menor actividad lávica.
Estas erupciones son generalmente explosivas y usualmente
corresponden a los tipos plinianos, peleanos, freatomagmáticos y
vulcanianos, todos los cuales se encuentran precedidos y
vinculados a grandes sismos y temblores.
Entre las erupciones volcánicas que impactaron durante el siglo XX
el territorio nacional, se destacan las de los cerros
Descabezado-Quizapu (1932), Tupungatito (1952, 1980 y 1986),
Peteroa (1991), Hudson (1991), Copahue (1992), Lascar (1989-1993)
y Llaima (1994). El impacto de las mismas en la Argentina se
produjo principalmente por depositación de lluvias de cenizas. Al
inicio de este artículo se distinguió entre peligrosidad volcánica
y riesgo volcánico, estableciendo que para la determinación del
segundo era necesario contar con la valoración de la localización
de asentamientos humanos y actividades socioeconómicas que
pudieran ser afectados. Por la ubicación de los centros volcánicos
activos en zonas escasamente pobladas o directamente no pobladas,
los impactos directos de los volcanes, ya sean efectos de las
lavas y flujos piroclásticos son comparativamente poco
significativos. Los efectos indirectos, principalmente sobre las
actividades agropecuarias son potencialmente mucho mayores. Estos
son generalmente debidos a la acumulación de cenizas volcánicas
las que interfieren con el ciclo de vida de las plantas a la vez
que afectan las propiedades de los suelos y cuerpos de agua,
repercutiendo negativamente en las actividades socioeconómicas de
importantes sectores del país.
Así por ejemplo, la erupción del Hudson provocó la mortandad de
gran parte del ganado ovino existente en la provincia de Santa
Cruz, al disminuir considerablemente la cobertura vegetal de la ya
sobrepastoreada Patagonia extraandina. La erupción del año 1991
(freatopliniana) afectó más de 300.000km2 alcanzando acumulaciones
de más de un metro en los sectores aledaños al Lago Buenos Aires,
como en Los Antiguos y Perito Moreno. Bitschene (1995) estima que
la erupción del Hudson de 1991 implicó, en las provincias de
Chubut y Santa Cruz, pérdidas directas, estimadas en más de 10
millones de pesos, en animales, lanas, viviendas, limpieza de
sistemas de provisión de agua, limpieza de aeropuertos, equipos de
comunicaciones y eléctricos, limpieza de caminos, etcétera. En el
caso del volcán Lascar, localizado en el norte de Chile, cerca de
la frontera con Salta y Jujuy, la depositación de cenizas
relacionada a las diferentes erupciones (plinianas) de los años 80
y 90 afectó a buena parte del norte de la Argentina. Asimismo, se
señalan reiteradas erupciones volcánicas ocurridas en tiempos
históricos en el centro-sur de la provincia de Mendoza como una de
las principales causas de la degradación de las tierras de la
misma.
Una de las pocas zonas en las cuales las erupciones pueden tener
efectos directos sobre asentamientos humanos, es en algunos
sectores de la Cordillera Neuquina, especialmente en la zona del
cerro Copahue, en las proximidades del cual se localiza la
localidad homónima y Caviahue. Asimismo, la zona del volcán Lanín,
en las cercanías de San Martín de los Andes y Junín de los Andes,
debe estudiarse con mayor detalle a los efectos de establecer el
grado de peligrosidad del mismo, ya que muestra evidencias de
actividades holocenas (menos de 10.000 años) y se localiza en
estrecha relación tectónica con volcanes activos de Chile ubicados
muy próximos, como por ejemplo el Villarica y el Quetrupillan.
Finalmente, como impactos directos de eventos volcánicos
relativamente alejados del lugar afectado, puede señalarse la
presencia de grandes temblores, como por ejemplo los que tuvieron
lugar en Bariloche en 1961 y el lagomoto del Nahuel Huapí que
produjo, además de daños materiales, pérdida de vidas (erupción
del volcán Osorno).
A modo de conclusión se puede decir que los principales peligros,
desde el punto de vista volcanológico, se encontrarían
relacionados con aquellos sectores en los que predominan las
erupciones de magmas ácidos a mesosilíceos, más viscosos, con
altos contenidos de gases. Este tipo de volcanismo es precisamente
el dominante en la Cordillera de los Andes, a la latitud de
nuestro país. Por otro lado, el riesgo volcánico se ve
incrementado por la presencia de poblaciones localizadas en las
zonas aledañas a los volcanes, por la existencia de un relieve
abrupto, con pendientes potencialmente inestables, proximidad a
cuerpos de agua (como lagos, casquetes de hielo o ríos) así como a
condiciones climáticas regionales húmedas, existencia de vientos
dominantes (como en el caso de la Argentina, en la cual los
vientos del Oeste son importantes y por lo tanto efectivos a la
hora de traer los productos de los volcanes de la zona del límite
o de Chile). Finalmente, no se puede dejar de tener en cuenta que
la falta de programas de protección civil, lamentablemente muy
importante en la Argentina, incrementa la potencialidad de riesgos
volcánicos.
Como mitigar la erupción de un volcán
La predicción de la actividad volcánica se está estudiando y ha
sido mejorada notablemente durante el siglo XX. Con los mapas
sismográficos, la historia eruptiva de un volcán o un centro
volcánico da alguna indicación de dónde se hallan los riesgos. Se
ha tenido mucha experiencia en el Observatorio de Volcanes de
Hawai, en Kilauea, en la predicción de erupciones allí y se
investiga actualmente en el Monte St. Helens y en otros lugares
como Japón, que tiene el 10% de los volcanes activos del mundo.
Aunque toma tiempo acumular los datos necesarios para detectar los
patrones de comportamiento y cada volcán tiene su propia
personalidad, ahora los vulcanólogos buscan un fenómeno precursor
como la inclinación o abultamiento del cono, cambios en las
propiedades térmicas del volcán, variaciones en la composición del
gas y actividad sísmica intensificada.
El control de las erupciones volcánicas parece imposible, pero ha
habido algo de éxito en ello. Las técnicas experimentales incluyen
el obstruir los flujos de lava, de lodo y de desechos; bombear los
flujos de lava y dispersarlos con agua, todo lo cual ha ayudado en
algunos casos.
Los objetivos son:
A) Contribuir a la reducción de los desastres por amenazas
naturales.
B) Desarrollar y fortalecer las capacidades para contribuir a la
solución de problemas científicos y técnicos, relacionados con
amenazas naturales y control de evaluación de vulnerabilidad.
C) Contribuir para incrementar a todos los niveles y sectores de
la comunidad, una percepción de las amenazas naturales,
vulnerabilidad y recursos modernos para el control de los efectos
adversos.
Medidas que deben adoptarse
-Identificación y análisis del riesgo y la evaluación de sus
consecuencias.
-Zonificación del riesgo.
-Evaluación del suceso en tiempo real para la aplicación oportuna
de las medidas de protección.
-Composición de la estructura operativa del Plan, considerando la
incorporación de organismos especializados y personal técnico
necesario.
-Características de la información a la población diferenciando la
relativa al conocimiento de riesgo y al conocimiento del Plan.
-Establecimiento de sistemas de alerta, para que las actuaciones
en emergencias sean eminentemente preventivas.
-Planificación de medidas específicas, tanto de protección, como
de carácter asistencial a la población.
Para esto debe implementarse un Plan de Gestión Ambiental
El éxito en la implementación de un Plan de Gestión Ambiental
depende del compromiso y la implicación de todo el personal, en
todos los niveles y funciones.
Es en los altos niveles donde se ha de definir la política de
Gestión Ambiental a seguir y son estos niveles los que han de
evaluar y revisar el sistema de gestión para asegurar su
adecuación y su eficacia.
Una vez implantado un Plan de Gestión Ambiental se deberá hacer
que se examinen, por parte de un estamento objetivo, imparcial,
capacitado y debidamente acreditado, la política, el programa, el
Plan de Gestión, el procedimiento de evaluación o de la auditoría
y la declaración o declaraciones ambientales para comprobar que
cumplen los requisitos, así como validar las declaraciones
ambientales.
El verificador ambiental deberá ser independiente del auditor del
centro, y para ejercer sus funciones deberá estar acreditado por
un organismo de acreditación que garantice su imparcialidad e
independencia.
El organismo verificador debe tener un registro de cualificación
de su personal con respecto a:
-Metodología de auditoría ambiental.
-Conocimientos sobre gestión y procesos de gestión.
-Problemáticas ambientales.
-Legislación y normativa ambiental.
-Conocimiento adecuado de las actividades a verificar.
En cuanto a los órganos competente para la Planificación hay que
destacar los siguientes:
A) El Gobiernos: Le corresponde como órgano superior de dirección
y coordinación en materia de protección civil, aprobar, a
propuesta del Ministro del Interior y previo informe de la
Comisión Nacional de Protección Civil, los Planes Básicos y los
Planes Especiales de ámbito estatal, así como las Directrices
Básicas de los Planes especiales.
B) Las Comunidades Autónomas: Son las encargadas de elaborar y
aprobar sus correspondientes Planes Territoriales, así como los
Planes Especiales cuyo ámbito territorial de aplicación no exceda
del de la propia Comunidad Autónoma.
C) Las entidades locales: elaboraran y aprobarán, cuando proceda y
según el marco de planificación establecido en cada ámbito
territorial, sus correspondientes Planes territoriales de
protección civil.
TEMAS RELACIONADOS
Una serie de reportajes para mostrar la riqueza natural
que nos rodea, sus ecosistemas y a sus singulares
habitantes.
Granada y las tierras del sureste de Andalucía poseen la
mayor diversidad biológica de Europa, parajes únicos para
vivir en tiempos de estío