FOTOS: J. E. GÓMEZ * WASTE MAGAZINE
VERTIDOS DE PLÁSTICO QUE EL MAR TE DEVUELVE
Los temporales de levante que de forma periódica azotan las costas de Alborán dejan al
descubierto el dudoso 'buen hacer' de algunos agricultores de las zonas conocidas como cultivo
bajo plástico. A pesar de las campañas de recogida de residuos de invernaderos en todo el
litoral de Alborán, desde la costa granadina a la almeriense, la realidad es que toneladas de
plástico acaban al borde de las playas. Cuando el viento arrecia y las olas, ya sean del este o
el oeste, se alzan sobre las playas, llegan a los vertidos y se los llevan al mar... Ahí se
mantendrán, flotando con las corrientes, hasta que otro temporal los depositará en la playa más
cercana... Unos los tiran en un punto y otros lo sufren a kilómetros de distancia.
Y en su recorrido han deteriorado, e incluso destruido, algunos de los ecosistemas de aguas
someras por los que han pasado.
Y el problema más grave es que una parte de los agricultores de invernadero, no creen que dejar
los plásticos que ya no sirven junto al mar sea un problema, al menos no lo es para ellos,
aunque solo por el momento. Ven los plásticos que el mar les devuelve, y alzan la voz para
quejarse de que los ayuntamientos no limpian las playas.
Fotos realizadas en el litoral de Albuñol, Granada, tras un temporal de levante.
PLÁSTICOS DE INVERNADERO, PENA DE MUERTE PARA LOS ECOSISTEMAS
Toneladas de basura agrícola abandonada en laderas y acantilados impiden el desarrollo de fauna
y flora
Los continuos vertidos de residuos alrededor de los cultivos intensivos se convierten en un
‘virus’ letal para la biodiversidad del litoral del sureste ibérico
JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE * WASTE MAGAZINE
Mira fijamente la enorme masa de color negro que cubre los espinos secos de una cambronera. Es
una pequeña curruca cabecinegra (
Sylvia melanocephala) que en primavera busca
insistentemente insectos y frutos para llevar a sus polluelos en el nido oculto en un arbusto
cercano. Parece preguntarse qué es esa cúpula negra, sin vida, que ha provocado que una de las
plantas habituales del ecosistema donde vive esté seca en época de lluvias. No hay larvas de
insectos porque ya no hay hojas de las que alimentarse. La pequeña curruca buscará otras plantas
que aún no hayan sido cubiertas por plásticos y escombros. Sabe que cada vez es más difícil
encontrar el alimento que sus descendientes necesitan, lo que significa una drástica reducción
de las posibilidades de supervivencia de la especie, que según SEO Birdlife, se encuentra
seriamente amenazada por la desaparición de sus hábitats por la agricultura intensiva, las
urbanizaciones turísticas y los vertidos contaminantes, entre ellos, el plástico procedente de
invernaderos.
Muy cerca del borde del acantilado, situado en la costa oriental de Granada, una tórtola intenta
encontrar semillas entre los plásticos blancos, cuarteados por el sol, caídos desde el
invernadero situado a unos metros más arriba, en la ladera donde un grupo de perdices intenta
sortear los sacos de redecilla plástica abandonados tras ser usados en el interior de la
explotación agrícola.
El incremento de vertidos de residuos procedentes de la construcción y mantenimiento de
invernaderos en la costa granadina se ha convertido en una verdadera amenaza para la viabilidad
de los ecosistemas costeros. Grupos ecologistas de la costa de Granada denuncian desde hace años
la falta de actuación de las administraciones para evitar que algunos agricultores abandonen sus
plásticos viejos en cualquier sitio en lugar de llevarlos a los espacios para reciclado
existentes en diversos puntos de la costa granadina y almeriense. La falta de control por parte
de la administración es tan palpable que muchos agricultores abandonan los residuos, en muchos
casos tóxicos, junto a sus propias explotaciones agrícolas, sin temor alguno a ser sancionados.
Los carteles de prohibido arrojar basuras (existentes en algunos puntos considerados de vertido
habitual, sobre todo en barrancos) no impiden que la acumulación de residuos crezca día a día.
Tórtola
busca alimento entre los plásticos
Desde medios de comunicación, redes sociales, organizaciones internacionales, se alerta de la
proliferación de plásticos en los mares y el problema que suponen para el futuro de las especies
marinas y por tanto del hombre. Pero junto a nuestros pueblos y ciudades, mientras todos hablan
de economía sostenible y respeto al medio natural, la realidad es que se deja hacer, se mira
para otra parte mientras los ecosistemas mueren. El vertido de plásticos de gran densidad sobre
una ladera de matorral mediterráneo, ya degradado por la alteración que supone la presencia de
estructuras que han eliminado las escorrentías y reducido los aportes de agua, provoca que el
matorral autóctono muera y no pueda realizar su función de refugio y alimento de una gran
cantidad de organismos, que a su vez son el sustento de otras especies, como aves y
micromamíferos. Los beneficios que el ecosistema genera en su entorno desaparecen y a medio
plazo el territorio se degrada hasta convertirse en desierto.
La recuperación de la franja costera del delta de Albuñol, tras la eliminación de más de un
centenar de invernaderos, ha dejado al descubierto toneladas de plásticos que permanecían
ocultos entre las diferentes explotaciones y las rocas que, para formar escolleras, habían sido
depositadas por los agricultores para evitar el envite del mar.
Desde hace unos años, el llamado ´mar de plástico’ de Almería ya no es el enorme vertedero de
residuos agrícolas que fue durante casi dos décadas. Las medidas de control y la concienciación
de los agricultores ha reducido de forma muy considerable la presencia de vertidos incontrolados
en el área de cultivos intensivos, una cierta ‘limpieza’ puede observarse entre los grandes
invernaderos. Varias plantas de reciclaje de plásticos, situadas en puntos estratégicos, han
contribuido al cambio en positivo. En cambio, en la costa oriental de Granada, donde las áreas
ocupadas por invernaderos crecen año tras año, algunos agricultores no quieren entender que los
vertidos matan el ecosistema que ellos mismos habitan.
Perdiz roja junto a vertidos de invernaderos
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