JULIO
PRIMAVERA EN LAS ALTAS CUMBRES
El verano se adueña de campos y bosques, el calor avanza en el sur
mientras el deshielo deja paso al esplendor de la alta montaña
El estío es intimista, tiempo de cópulas para insectos y aves;
época de metamorfosis, de juveniles que ayer eran cachorros. Ahora
la vida se ralentiza en el llano y florece en la sierra
JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE * WASTE MAGAZINE
Solo quedan neveros en Sierra Nevada. El blanco de la nieve se
reduce ya a algunas umbrías y vaguadas para no impedir la llegada
de la primavera, porque en las altas cumbres, la estación del
crecimiento, de la flores y la explosión vital, llega en julio. El
deshielo, aún en marcha, hidrata la tierra entre las lascas de
pizarra, alimenta los arroyos y encharca los borreguiles, donde se
hace patente el cambio de imagen del macizo nevadense. Es el
tiempo de las gencianas, ranúnculos, saxifragas, potentillas...
Son de color azul intenso, blancas, amarillas y moradas. Joyas
naturales que cada año aparecen al verdear los prados de alta
montaña, especies exclusivas, endémicas de la cordillera Bética,
que tras soportar un larguísimo invierno, florecen para cumplir su
cortísimo periodo de vida.
En julio, el verano solo ha empezado, aún quedan casi tres meses
en los que la estabilidad atmosférica y las altas temperaturas
marcan la pauta del día a día. Un tiempo que la mayoría de las
especies animales y vegetales utilizan para consolidar su
descendencia, ayudar a que polluelos y cachorros se conviertan en
juveniles, y adiestrarles en las habilidades que les permitirán
continuar su existencia por sí solos. Es fácil contemplar grupos
de pequeños jabatos que siguen la senda que su madre abre entre el
matorral de las sierras; ver cazar juntos a zorros adultos y
jóvenes, e incluso encontrarse con mirlos y grajillas jóvenes, que
intentan alzar el vuelo sin conseguirlo mientras sus padres les
esperan en árboles y cornisas… y gorriones en las ciudades y
pueblos que, aún con sus picos amarillentos y plumaje inicial, han
caído del nido e intentan volver antes de la llegada de rapaces
que, como los cernícalos, sobrevuelan los nidales de estas
pequeñas aves urbanitas para caer sobre ellos de forma implacable
y que les sirvan de alimento, para él y sus camadas que esperan en
murallas, cortijos y acantilados próximos.
Temperaturas
El calor es la clave de un mes en el que hay que intentar
ocultarse del sol, evitar las horas centrales de una jornada que
comenzó a decrecer en horas de luz, pero que aún es demasiado
larga. Amanecer y anochecer son los periodos de mayor actividad en
los espacios naturales, al menos para mamíferos, aves y reptiles,
que alargan sus horas de reposo diurno y esperan a que se reduzca
la fuerza del sol.
Los insectos, en cambio, están en su plenitud. En su mayoría
cumplieron con su metamorfosis y las larvas se han convertido ya
en adultos. Para ellos, es tiempo de cópulas y reproducción, es el
momento de perpetuar la especie. Las libélulas y caballitos del
diablo copulan sobre juncos, hojas de cañas y bordes de acequias.
Especies exclusivas del sureste ibérico la pequeña Coenagrion
mercuriale, o las libélulas que vuelan en la sierra, como la
Sympetrum sanguineum, que pueden verse en cópula incluso mientras
vuelan.
Mariposas de color blanco, surcadas de venas negras, Aporia
crataegi, la Blanca del majuelo, revolotean en una danza frenética
entre las flores de los cardos granatenses. Es su forma de iniciar
un apareamiento que, casi de inmediato, les llevará a poner sus
huevos, minúsculos y de un color amarillo intenso, en las hojas
del majuelo, Crataegus monogyna, la planta que será el alimento de
las futuras orugas.
El tiempo para reproducirse, ver crecer a las crías, prepararse
para afrontar los peligros de la naturaleza, no se elige de forma
caprichosa, viene marcado por los biorritmos de los ecosistemas.
La vegetación está en su plenitud. Muchas plantas iniciaron su
floración en primavera, pero su máximo apogeo lo tienen en el
inicio del verano, y algunas de ellas en pleno periodo de estío,
lo que aporta una mayor cantidad de alimento a muchos insectos,
que a su vez sirven de comida a otras especies de la cadena
alimenticia. Este grupo zoológico es protagonista de algunos de
los símbolos que irremediablemente se asimilan con el verano: el
vuelo de los insectos y el sonido de las chicharras.
Esplendor en la cumbre
La temperatura marca también la evolución de las especies.
Mientras el calor ralentiza la actividad en el llano y la media
montaña, e incluso condiciona la vida junto al mar, en las altas
cumbres, en los espacios dominados por los pisos bioclimáticos
llamados Oro y Crioromediterráneo (éste último exclusivo de Sierra
Nevada ya que se inicia a más de 2.600 metros de altitud) la
actividad se vuelve frenética y se mantiene durante todo el día.
Ya no hay 20 grados bajo cero en la cumbre del Veleta, ni siquiera
hay nieve en la cabecera del río San Juan, o en los Lagunillos de
la Virgen. En junio las altas cumbres comenzaron a verdear. Ahora,
un mes después, las especies ya han logrado despertar, regenerarse
y, muchas de ellas, volver a florecer. Es el momento de contemplar
las evoluciones de la mariposa emblema de la sierra, la Parnassius
apollo nevadensis, que con sus alas blancas, marcadas por ocelos
de color negro y anaranjado, vuela sobre las flores de Sedum
amplexicaule, donde aún se mantienen algunas orugas que nacieron
hace unas semanas y tienen que completar su metamorfosis. Y en los
pedregales, la Agriades zullichi, exclusiva y en peligro de
extinción, igual que otra joya de la sierra, Polyommatus golgus,
se alimentan, copulan y depositan sus huevos en las plantas de
Androsace vitaliana subsp nevadensis, la primera de ellas, y en
Anthyllis vulneraria, la segunda.
Es una explosión vital que tiene su mayor presencia en los
borreguiles, en los pastos que forman las aguas del deshielo al
encharcarse en las vaguadas situadas a casi 3.000 metros de
altitud, en el techo de Iberia. Es realmente impresionante
encontrar poblaciones de Gentiana sierrae, o Gentiana alpina,
habituales de Sierra Nevada, que crecen en las turberas,
recortadas sobre el blanco de los neveros que aún quedan en las
paredes del glaciar, o sorprenderse al ver un pequeña hormiga que
no puede escapar del abrazo de los pétalos de la única planta
carnívora de la sierra, Pinguicola nevadensis, que con su imagen
azulada atrae a incautos invertebrados. Y entre las grandes placas
de pizarra, casi en el pico del Veleta puede verse el movimiento
de un pequeño roedor, el topillo nival, exclusivo de Sierra
Nevada, que ha pasado todo el invierno bajo metros de nieve y sale
de los túneles donde ha vivido para recolectar vegetales que
almacenará para el próximo invierno, y de camino, contactar con
sus congéneres que habitan otras madrigueras y ampliar sus
poblaciones.
En las lagunas
Los campos y bosques empiezan a amarillear. Las plantas, a final
de julio iniciarán su declive. Muchas de ellas ya se han secado a
final de junio, y el manto que era verde en abril y mayo, se ha
vuelto amarillo y marrón. Pero no ocurre igual en todos los
ecosistemas. En verano en los humedales, en las lagunas, comienza
el verdor. Los carrizales, que durante todo el invierno, e incluso
en la primavera, se han mantenido secos y sin vida, han comenzado
a crecer. Las cañitas finas y flexibles toman posiciones, crecen
sobre las ya secas y generan todo un paisaje de color verde
intenso que rodea las lagunas y los espacios con mayor humedad.
Las aneas aportan sus jopos (semejantes a puros habanos) en la
parte alta de sus ramas. Los juncales también están más verdes que
nunca, y la vegetación del entorno lagunar entra en su mayor
esplendor, quizás para acompañar la llegada de especies que
prefieren pasar el verano en los humedales del sur de Europa antes
de volver a territorios africanos, donde ahora, las altas
temperaturas no les permitirían subsistir.
Julio, el inicio del estío, es el ecuador del ciclo vital que se
inició tras el fin del invierno.

Parnassius apolo nevadense
Apolo de Sierra Nevada
La mariposa emblema del macizo nevadense es la Parnassius
apollo nevadensis, que en julio vuela sobre los arbustos de la
alta montaña en altitudes comprendidas entre 800 y 2.500 metros.
Es un lepidóptero muy escaso, que se ha convertido en bioindicador
del cambio climático y que se ve afectado por las modificaciones
en las poblaciones de las plantas nutricias de sus orugas,
crasuláceas de los géneros Sedum, Sempervivum y Bryophylum. Ha
sido perseguida por coleccionistas.
Medusas: La especie Pelagia noctiluca se
convierte en la pesadilla de los bañistas en casi todas las
playas del Mediterráneo. Cuidado con las picaduras.
Cópulas: Es el mes de la reproducción de los
insectos, las cópulas se suceden sobre flores, piedras y
láminas de agua, como en el caso de las libélulas,
Sympetrum
fonscolombii, que estará presente hasta entrado
el otoño junto a los cursos de agua.

Y en las lagunas y riberas, los juveniles de un un pequeño
paseriforme llamado
Cisticola juncidis, el
buitrón, ya están creciditos. Se descubre su presencia
porque emite un omniprnesente piar agudo desde las ramas de
arbustos que utiliza como oteaderos.

Mariposas: En los prados con flores de los bordes de
bosque vuela en grupos numerosos una mariposa muy habitual y
conocida, de color blanco y negro, la
Melanargia
lachesis.

Bética: En los campos de media montaña, entre encinas
y alcornocales, vuela un insecto que aprenta ser una
mariposa,
Libelloides baeticus, un endemismo
andaluz de color amarillo y negro.

Eneas: Mientras el campo
empieza a amarillear en los humedales las eneas convierten sus
territorios en un verde vergel..
Violeta de la
sierra: En las altas cumbres de Sierra Nevada ya han
florecido los endemismos, como la Viola crassiuscula,
la Violeta de Sierra Nevada, entre cascajales y borreguiles.
EN JULIO EN LA NATURALEZA, PINCELADAS
Estorninos:
Se ha iniciado la vuelta de los estorninos que
emigraron al terminar el otoño.
Chumberas: Las llamativas flores de las
chumberas han dado paso a los chumbos que, en pocos días,
estarán listos para comer.
Árbol de Júpiter: Los parterres de las
ciudades se visten del color rosado de una planta de porte
arbustivo al que llaman lila del sur.
Pichones: Aunque crían durante todo el año es
ahora cuando más se oyen los sonidos lastimeros de los polluelos
de paloma en la ciudad.
Garzas: Crían las garzas reales, Ardea
cinerea, en los alrededores de los grandes pantanos y lagunas.
Lo hacen en grandes nidos sobre árboles secos y altos pinares.
EN JARDINES Y CULTIVOS
Plantar y recolectar: Es el momento de plantar
nabos, guisantes y se recogen los calabacines y para coger las
lechugas.
En floración: En los huertos varias plantas
están en su mejor momento de floración, como las lavandas y
salvias, además de las berenjenas y los ajos.
Nísperos: Este árbol adelanta sus frutos y ya
en julio se pueden recolectar.
Podar: Es un buen momento par recortar plantas
aromáticas.
Nenúfares: Las bellísimas flores de nenúfar
llena los estanques.

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