Tamaño máximo 6 metros
Hábitat
Naturalizada en bordes de caminos, carreteras, laderas, hasta
700 metros de altitud
Tiene propiedades medicinales como nutritivo, diurético, antiespasmódico y emoliente. El fruto
es un buen nutriente, puede desecarse y conservarse, es rico en azúcares, vitaminas y sales
minerales, con ellos se puede preparar mermeladas y también puede obtenerse un líquido
alcohólico destilable.
Los cladolios pueden usarse para alimentar a los cerdos.
Esta planta se usa para formar setos o límites ya que forman una barrera infranqueable.
Florece entre marzo y junio
Distribución Neófita, probablemente originaria de México.
Se encuentra incluida en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía
Categoría NE No evaluada
Se encuentra incluido en la lista de Plantas invasoras en España
La plaga de la cochinilla del carmín
La plaga llegó a Granada en 2016 tras arrasar casi la totalidad de las plantaciones,
cultivadas y silvestres, de las provincias de Murcia (donde se detectó por primera vez en
2007), Almería y parte de Málaga, en las que a pesar de que se dio la voz de alarma no se ha
podido hacer nada para evitar la expansión.
El causante de la plaga es un insecto que se conoce como la cochinilla del carmín (Dactylopius
coccus) que mide menos de cinco milímetros y que no ha llegado por sí mismo hasta las
chumberas, sino que es parte importante de la explotación y uso que el hombre ha dado a esta
planta, desde que fue traída de Sudamérica por los conquistadores españoles hace cinco siglos,
tras descubrir que los indígenas cultivaban las 'tunas' o 'nopales' (la chumbera) para
aprovechar un parásito que generaba un tinte de color rojo intenso, el carmín que se utiliza
para pinturas de labios, y lo que ahora se conoce como ácido carmínico, El cultivo de
chumberas como base para la explotación de la cochinilla del carmín se ha hecho en Europa, y
especialmente en España, durante los cinco siglos que esta planta lleva colonizando
territorios ibéricos, y aún se utiliza con esa finalidad, además de para el cultivo de sus
frutos, los higos chumbos, que en algunos periodos ha sido completamente residual en
comparación con la extracción de la cochinilla. En la provincia de Granada ya ha provocado
graves pérdidas a los cultivadores de chumbos.
Desde hace unos años, la fabricación de carmín mediante compuestos sintéticos ha provocado el
abandono de parte de esos cultivos y se ha dejado sin control a este insecto, de una gran
capacidad de reproducción y voraz para las plantas de las que se alimenta, por lo que se ha
convertido en una plaga que, poco a poco, ha afectado a cientos de miles de chumberas y ya se
encuentra en una fase que los expertos consideran «imparable», sobre todo porque una gran
cantidad de chumberas están asilvestradas y otras en propiedades cuyos dueños no pueden hacer
frente a una campaña de eliminación y limpieza.
Las palas de las chumberas, también llamadas 'pencas', se llenan de pequeños puntos de color
blanco, gelatinosos, que poco a poco crecen hasta tapizar casi la totalidad de la pala, los
chumbos e incluso los tallos. En el interior de esa masa pegajosa viven las hembras de la
cochinilla del carmín. Si se pasa un rascador sobre esa gelatina blancuzca, se torna de un
color rojo carmín. Es el resultado de aplastar a los ejemplares de este atrópodo cuyo cuerpo
posee una gran concentración de ácido carmínico.
Cuando las cochinillas han acabado con una planta, pasan a otra de forma inmediata. Las
ninfas, los ejemplares recién nacidos, pueden vivir mucho tiempo y esperar a encontrar otro
huésped del que alimentarse. Desde hace unos meses ha habido alertas del avance de esta plaga
en Lanjarón y el Valle, el camino hacia el interior de Granada.
En la Alhambra
Durante cinco siglos han tapizado de verde y colores rojizos y amarillos las laderas y
cortados de la colina de la Sabika y Valparaíso, pero en solo unos meses se han convertido en
peligrosos desechos vegetales a punto de caer sobre casas, calles y caminos. Centenares de
pies de chumberas sufren los efectos de una plaga de cochinilla del carmín, un insecto cuyas
larvas cubren las hojas de una seda pegajosa de color blanco y se alimentan de la savia de
esta planta hasta que la secan, por lo que
quedan reducidas a amasijos de fibra vegetal de color negro, sin posibilidad alguna de
recuperación. La plaga, que ya ha actuado de forma irreversible en grandes extensiones de
chumberas del Sacromonte, especialmente en el cerro de San Miguel. y en zonas de La Alhambra
ha cambiado radicalmente la imagen y paisaje.
PENA DE MUERTE PARA LAS CHUMBERAS
Las plantas se secan y mueren tras ser devoradas por un insecto que se utiliza para fabricar
pintura de labios y colorantes de alimentación
JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE * WASTE MAGAZINE
La tradicional imagen de laderas cubiertas por el verde intenso de las chumberas, punteadas con
el rojo de los chumbos, ha desaparecido. En su lugar aparecen masas vegetales blanquecinas y
negras, viscosas y semi aplastadas, como si un gran gigante las hubiese pisoteado sin compasión.
Las poblaciones de esta cactácea que crecen en una gran parte de la provincia de Granada son
presa de una plaga que las ha condenado a muerte. Las grandes extensiones de chumberas de las
ramblas de la Contraviesa, los acantilados de la costa, los campos de cultivo y cortijadas de la
Alpujarra Baja, son ahora residuos vegetales que habrá que talar y enterrar, porque no son
útiles ni para reciclar como biomasa. La plaga ha llegado ya a Granada tras arrasar casi la
totalidad de las plantaciones, cultivadas y silvestres, de las provincias de Murcia (donde se
detectó por primera vez hace un par de años), Almería y parte de Málaga, en las que a pesar de
que se dio la voz de alarma no se ha podido hacer nada para evitar la expansión.

El causante de la plaga es un insecto que se conoce como la cochinilla del carmín (
Dactylopius
coccus) que mide menos de cinco milímetros y que no ha llegado por sí mismo hasta las
chumberas, sino que es parte importante de la explotación y uso que el hombre ha dado a esta
planta, desde que fue traída de Suramérica por los conquistadores españoles hace cinco siglos,
tras descubrir que los indígenas cultivaban las ‘tunas’ o ‘nopales’ (la chumbera) para
aprovechar un parásito que generaba un tinte de color rojo intenso, el carmín que se utiliza
para pinturas de labios, y lo que ahora se conoce como ácido carmínico, El cultivo de chumberas
como base para la explotación de la cochinilla del carmín se ha hecho en Europa, y
especialmente en España, durante los cinco siglos que esta planta lleva colonizando territorios
ibéricos, y aún se utiliza con esa finalidad, además de para el cultivo de sus frutos, los higos
chumbos, que en algunos periodos ha sido completamente residual en comparación con la extracción
de la cochinilla. En el sureste ibérico ya ha provocado graves pérdidas a los cultivadores de
chumbos.
La fabricación de carmín mediante compuestos sintéticos ha provocado el abandono de parte de
esos cultivos y se ha dejado sin control a este insecto, de una gran capacidad de reproducción y
voraz para las plantas de las que se alimenta, por lo que se ha convertido en una plaga que,
poco a poco, ha afectado a cientos de miles de chumberas y ya se encuentra en una fase que los
expertos consideran “imparable”, sobre todo porque una gran cantidad de chumberas están
asilvestradas y otras en propiedades cuyos dueños no pueden hacer frente a una campaña de
eliminación y limpieza.
Las palas de las chumberas, también llamadas ‘pencas’, se llenan de pequeños puntos de color
blanco, gelatinosos, que poco a poco crecen hasta tapizar casi la totalidad de la pala, los
chumbos e incluso los tallos. En el interior de esa masa pegajosa viven las hembras de la
cochinilla del carmín. Si se pasa un rascador sobre esa gelatina blancuzca, se torna de un color
rojo carmín. Es el resultado de aplastar a los ejemplares de este atrópodo cuyo cuerpo posee una
gran concentración de ácido carmínico.
Cuando las cochinillas han acabado con una planta, pasan a otra de forma inmediata. Las ninfas,
los ejemplares recién nacidos, pueden vivir mucho tiempo y esperar a encontrar otro huésped del
que alimentarse.
Un paso más hacia el desierto
La desaparición de las chumberas dejará las laderas sin nada que las sustente ante el efecto del
agua y el viento. La muerte de estas plantas facilitará la degradación de los suelos y el avance
inexorable del desierto. También se verán afectadas comunidades de fauna asociada a estas
especies, como una pequeña ave, el alzacola, que vive, casi en esclusiva, entre los nopales.
Dactylopius coccus. La cochinilla del carmín, un insecto hemíptero de menos de cinco
milímetros de tamaño, consume su savia hasta que la planta no puede sobrevivir, se seca y muere.
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