REDUCIR A CERO LAS
EMISIONES EN 2050 PARA SALVAR EL PLANETA
La cumbre del clima pide reducir a cero las emisiones
contaminantes en 2050
JUDITH MORA * IDEAL 13-12-2020
LONDRES. La Cumbre de Ambición Climática 2020, organizada por la
ONU, el Reino Unido y Francia, urgió ayer a los países a reducir a
cero neto sus emisiones contaminantes para el año 2050, en pro de
un desarrollo sostenible que permita crear empleos y salvar el
planeta.
Al inaugurar el evento virtual, en el que participaron más de 75
dirigentes y entidades, el secretario general de Naciones Unidas,
António Guterres, pidió a los jefes de Estado y de Gobierno
declarar una «emergencia climática» en sus territorios «hasta que
se alcance la carbono-neutralidad». Guterres recordó que 38
Estados ya han reconocido «la urgencia» de la situación e instó a
todos a adoptar el objetivo de reducir a cero neto las emisiones
de gases contaminantes para 2050 y en un 45 % para 2030, informa
Efe.
En el quinto aniversario del Acuerdo de París, cuando se adoptó la
meta de limitar el calentamiento global a un máximo de 2ºC sobre
niveles preindustriales, el experto portugués avisó de que «no se
avanza en la dirección correcta» y que, «si no se cambia de
rumbo», «podrían superarse los 3ºC este siglo». Como coanfitrión
de la cumbre –antesala de la Conferencia de la ONU sobre Cambio
Climático COP26, que organizará el Reino Unido el próximo
noviembre en Glasgow–, el primer ministro británico, Boris
Johnson, subrayó por su parte que apostar por un desarrollo verde
«no es de ecofrikis», sino que tiene sentido económico porque
permitirá crear «millones de empleos». Aseguró que su país, que se
ha comprometido a reducir las emisiones en un 68 % sobre niveles
de los años 90 del siglo XX para 2030, se convertirá en «la Arabia
Saudí de la generación de energía eólica» en la próxima década.
Supresión de ayudas
El Gobierno británico anunció además que dejará de financiar
mediante préstamos y ayudas proyectos de petróleo, gas y carbón
con participación británica en el extranjero, en los que en los
últimos cuatro años ha invertido 21.000 millones de libras (unos
23.000 millones de euros).
Participaron en la cumbre, auspiciada también por Italia y Chile,
los mandatarios francés, Emmanuel Macron, y chileno, Sebastián
Piñera, que celebraron que el presidente electo estadounidense,
Joe Biden, se haya comprometido a reincorporarse al Acuerdo de
París que abandonó su antecesor, Donald Trump.
«EE UU volverá al Acuerdo de París en el primer día de mi
presidencia e inmediatamente empezaré a trabajar con mis homólogos
en el mundo para hacer lo posible, incluido convocar a los líderes
de las mayores economías para una cumbre del clima en mis primeros
cien días en el cargo», afirmó Biden en un comunicado.
Piñera apuntó que Estados Unidos debe además comprometerse «a la
carbono neutralidad, como han hecho en los últimos días países
como Japón, China y Brasil», porque «la amenaza del calentamiento
global es real, grave y es ahora».
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen,
destacó el compromiso adoptado el viernes por la Unión Europea
(UE) de reducir las emisiones de CO2 en un 55 % en 2030, pero
recordó que la acción climática no solo compete a Europa, pues «al
final, Europa supone menos de un 10 % de las emisiones globales».
En su turno de palabra, el Papa Francisco dijo que «ha llegado el
momento de un cambio de rumbo» en la defensa del medioambiente
«para no robar a las nuevas generaciones la esperanza en un futuro
mejor». En su discurso, destacó que «la actual pandemia y el
cambio climático, que tienen una relevancia no sólo ambiental,
sino también ética, social, económica y política, inciden, sobre
todo, en la vida de los más pobres y frágiles».
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se comprometió
a que un 97% del consumo de energía en el país se cubra con
fuentes renovables para 2050 y a lograr un ahorro energético del
50%, como parte de una estrategia hacia la neutralidad de carbono.
De la cita de ayer, dirigida a tomar impulso de cara a la COP26 de
2021, quedaron excluidos grandes países contaminantes como Rusia,
México, Arabia Saudí y Australia, pues los organizadores
consideraron insuficientes sus compromisos climáticos.

CUMBRE DE PARÍS 2015-2020
EL DÉFICIT DE CUMPLIMIENTO INTERNACIONAL ACELERA EL CAMBIO DE
CLIMA
INFORME DE GREENPEACE, CINCO AÑOS DESPUÉS DE LA CUMBRE DE PARÍS
Diciembre de 2020 -
www.greenpeace.org
GREENPEACE * WASTE MAGAZINE
El 12 de diciembre de 2015, el mundo entero celebraba y acogía con
esperanza la finalización de la Cumbre Internacional del Clima
(COP21) que se cerraba en París con un nuevo acuerdo climático
internacional que daría continuidad al Protocolo de Kioto. El
Acuerdo de París marcaba el punto de partida para el abandono de
los combustibles fósiles y, con él, 197 países asumían el
compromiso de sumar todos los esfuerzos para limitar a 1,5 ºC el
aumento de la temperatura global. El Acuerdo entró en vigor con
gran rapidez, el 4 de noviembre de 2016, 30 días después de que se
cumpliera el llamado “doble criterio” (ratificación por 55 países
que representan al menos el 55 % de las emisiones mundiales).
Cinco años después, hacemos un repaso del camino recorrido por los
estados que asumieron esos compromisos climáticos y vemos que,
aunque algunos han asegurado su descarbonización en el largo plazo
(2050 o 2060), todavía están muy lejos de la drástica reducción de
las emisiones que sería necesaria en la próxima década si queremos
evitar los peores impactos del cambio climático, tal y como afirma
la ciencia.
Continuamos inmersos en una grave crisis climática. La mayoría de
los principales sistemas climáticos de la Tierra están sufriendo
cambios casi irreconocibles, incluyendo las capas de hielo, las
corrientes oceánicas y la selva tropical amazónica, que podría
acercarse peligrosamente a un punto de no retorno y convertirse en
una sabana. Los impactos climáticos y los grandes incendios son
habituales, desde California hasta Australia, pasando por el sur y
el norte de Europa. A no ser que frenemos la crisis climática,
ahora que aún estamos a tiempo, el coste en vidas humanas,
biodiversidad y pérdidas económicas será catastrófico.
En 2020 la pandemia de la COVID-19 se ha adueñado de nuestras
vidas y de nuestra política. Los Gobiernos pueden y deben
protegernos pero obvian en gran medida la enorme interdependencia
entre salud, bienestar y resiliencia, y clima y medioambiente. Las
NDC son un reflejo de esta obligación básica; el 12 de diciembre
las personas que nos lideran tendrán que rendir cuentas y actuar
de buena fe dando un nuevo impulso a la acción climática de cara a
la COP26 y responder a las demandas de un movimiento mundial. Un
movimiento que ha crecido de manera imparable desde que se firmó
el Acuerdo de París hace cinco años, creando nuevos espacios
políticos y nuevas posibilidades. El mundo estará observando.
Las políticas climáticas internacionales en una situación de
pandemia
Aunque algunos planes de recuperación por la COVID-19 apoyan
parcialmente la acción climática, la mayoría de los países han
prestado poca atención a la actual emergencia climática. Entre los
que sí lo han hecho hay que destacar que:
● China anunció en septiembre que alcanzaría la
neutralidad de carbono antes de 2060; es la primera vez que China
toma una decisión unilateral y no en sintonía con la UE o Estados
Unidos, país que ha abandonado oficialmente el Acuerdo de París2.
Ahora se espera que China cumpla esta ambición y establezca una
NDC que fije un pico de emisiones para 2025 y que en su próximo
14º Plan Quinquenal reduzca drásticamente la energía procedente
del carbón.
● El clima tiene cierto peso en el plan de
recuperación de la UE, pero carece de normas estrictas que
excluyan el apoyo a las industrias contaminantes. Aunque el
objetivo climático propuesto para 2030 ha mejorado sigue siendo
insuficiente y no debe diluirse aún más con la inclusión de los
sumideros naturales. No obstante, la UE sigue liderando la lucha
contra el cambio climático; si China presenta un sólido objetivo a
corto plazo, podrá coliderar la política climática internacional.
● Los países más vulnerables y los menos
desarrollados serán probablemente los que el próximo día 12 de
diciembre presenten compromisos más firmes en materia climática
junto con China, la UE y Reino Unido. Asimismo habrá espacio para
aquellos estados que ya presentaron contribuciones ambiciosas a
nivel nacional en 2020. Todavía se desconocen los compromisos que
adquirirán los países de ingresos medios como Sudáfrica, México e
Indonesia, cruciales para mantener el impulso y, por tanto, no hay
grandes expectativas. Poco o nada esperamos de estados como
Australia, Rusia y Brasil, cuyos dirigentes siguen anteponiendo
los intereses de la industria contaminante a sus obligaciones para
con la comunidad mundial, incluso cuando los incendios forestales
destruyen sus paisajes vírgenes y expulsan a las comunidades de
sus hogares.
● La ausencia de Estados Unidos servirá como
recordatorio de la importancia de la situación postelectoral de
este país. Se espera que, tan pronto la Administración
Biden-Harris asuma el cargo en enero, se dispondrá a desmantelar
los obstáculos para la toma de medidas internas y para establecer
un nuevo camino hacia una economía energética 100% limpia con cero
emisiones netas para 2050. En el plano internacional, el enviado
especial John Kerry busca la necesaria reconstrucción de las
alianzas multilaterales en torno al clima.
El 12 de diciembre los países establecerán gran parte de sus
acciones y objetivos climáticos, asimismo se espera que apoyen una
narrativa de solidaridad mundial, pero es importante comparar las
medidas concretas con las promesas que de otro modo serán vacías.
Los compromisos climáticos de Europa
Desde la adopción del Acuerdo de París, la Unión Europea ha
llevado a cabo diferentes procesos políticos en materia de clima y
energía. Destacan la aprobación de los nuevos objetivos para 2030
en renovables y eficiencia (32% y 32,5% respectivamente), que han
ido ligados a la presentación de los planes nacionales de clima y
energía de cada uno de los estados miembros y la aprobación de una
estrategia a largo plazo para conseguir la neutralidad climática
en 2050 avalada por el Consejo Europeo.
La nueva Comisión Europea, aprobada en noviembre de 2019 por el
Parlamento, asumió entre sus prioridades para los próximos cinco
años el establecimiento de un Pacto Verde Europeo que logre
revertir el cambio climático y frenar sus efectos. Entre las
diferentes medidas que promoverá, está la elaboración de la Ley
Climática Europea, que a día de hoy se encuentra ya en proceso de
negociación avanzado.
Entre las asignaturas pendientes de Europa sigue estando la
revisión y mejora de los objetivos de reducción de emisiones para
el año 2030, como establece el Acuerdo de París.
En línea con ello, los jefes de Estado y de Gobierno nacionales se
reunirán los días 10 y 11 de diciembre en Bruselas para celebrar
el Consejo Europeo en el que precisamente deben acordar un aumento
del objetivo de reducción de emisiones de la UE para 2030.
El pasado mes de octubre, el Parlamento Europeo aprobó elevar la
reducción de las emisiones hasta el 60% en 2030. Sin embargo, la
propuesta de la Comisión Europea va por otro lado: pretende
cambiar el modo en que se contabilizan las emisiones de forma que,
en vez de mostrar una reducción real (como hasta ahora), por
primera vez haga referencia a las emisiones netas, es decir,
incluyendo los sumideros naturales de carbono y otras posibles
falsas soluciones como la captura de carbono o los biocarburantes.
Algunos Gobiernos5 están incluso presionando para que el gas y la
energía nuclear se clasifiquen como inversiones verdes.
Teniendo en cuenta la propuesta de la Comisión, una reducción del
55% de las emisiones netas en 2030 equivaldría en realidad a solo
el 50.5% en los sectores contaminantes como la energía, el
transporte y la agricultura industrial, mientras que dependería de
los sumideros de carbono (como, por ejemplo, los bosques) hacer el
resto. Teniendo en cuenta la base de las medidas y objetivos
climáticos ya existentes en la UE, esta ya está en vías de reducir
las emisiones en un 46% en 2030, lo que significa que una
reducción del 50,5% de las emisiones reales sólo lograría una
mejora marginal y lamentablemente insuficiente ante la emergencia
climática y los compromisos de la UE en el marco del acuerdo
climático de París.
Suecia, Finlandia, Luxemburgo y los Países Bajos han expresado su
preocupación ante esta situación, mientras que los mismos cuatro
países junto con Dinamarca e Irlanda tienen la postura más
ambiciosa dentro de Europa y apuestan por que el objetivo de
reducción de las emisiones a nivel comunitario se eleve hasta el
60% en 2030. En el caso del Gobierno de España, este no se ha
alineado junto con los países más ambiciosos: ni apuesta por una
reducción de al menos el 60% en 2030 para Europa ni se ha
posicionado en contra del objetivo de emisiones netas que se acaba
de explicar.
La clase política europea debe asumir la responsabilidad de
resolver las múltiples crisis. La Unión Europea está entre las
mayores economías del mundo con poder para contribuir a un cambio
global y así proteger y cuidar a su ciudadanía. Ante el momento
que vivimos, es necesario más que nunca un cambio profundo de
sistema que garantice la protección y restauración de los
ecosistemas y la justicia social.
Greenpeace, junto con la coalición de organizaciones europeas por
la acción climática (CAN EU), demanda que Europa eleve la
reducción de sus emisiones al 65% en 2030 respecto a 1990. Este es
el objetivo que estaría en línea con las recomendaciones
científicas para no superar 1,5 ºC pues, como afirma Naciones
Unidas, la próxima década es decisiva y es necesaria una reducción
de las emisiones del 7,6% cada año entre 2020 y 2030.
ESPAÑA ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO
Años de inactividad política frente al cambio climático de los
distintos Gobiernos han llevado a España a ser el país que más
aumentó sus emisiones en Europa entre 1990 y 2017. Esto lo ha
situado ante la necesidad urgente de volcar mayores esfuerzos para
reducir las emisiones muy rápidamente en línea con las
recomendaciones científicas para no superar las temperaturas
globales en 1,5 ºC.
Sin embargo, la realidad política sigue alejada de la respuesta
que se necesita ante la emergencia climática que vive el planeta.
El Gobierno de España presentará sus objetivos de reducción de las
emisiones para 2030 (NDC) como parte de uno de los estados
miembros de la Unión Europea; es decir, presentará el objetivo
comunitario que se acuerde previsiblemente en el Consejo Europeo
de los días 10 y 11 de diciembre que tendrá lugar en Bruselas.
Como país, el actual Gobierno de España apuesta por una reducción
de las emisiones de tan solo el 23% en el año 2030 respecto a las
de 1990, un objetivo muy alejado de las recomendaciones
científicas, que establecen una disminución de un 7,6% cada año
entre 2020 y 2030 para reducirlas a la mitad a nivel global en la
próxima década.
Primer litigio climático de la historia
A pesar de que el actual Gobierno de coalición está dando pasos en
la buena dirección (la creación de una Vicepresidencia para la
Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el impulso de una Ley
de Cambio Climático y Transición Energética -que se encuentra en
estos momentos en el proceso del debate parlamentario- o la
declaración de emergencia climática y ambiental son una muestra de
ello), los esfuerzos y objetivos planteados en materia climática
todavía están muy lejos de lo necesario para cumplir los acuerdos
climáticos internacionales (y la responsabilidad que como país
desarrollado tiene España) y evitar así los peores efectos del
cambio climático.
Este ha sido el motivo fundamental por el que Greenpeace, junto
con Ecologistas en Acción y Oxfam Intermón, inició el pasado mes
de septiembre el primer litigio climático contra el Gobierno de
España. El recurso presentado el 15 de septiembre fue admitido a
trámite por el Tribunal Supremo dos semanas más tarde y, en breve,
se formalizará la presentación de la demanda completa, en la que
las organizaciones mostrarán los efectos devastadores que el
cambio climático tendrá sobre el país de no actuar a tiempo.
España es uno de los países europeos más afectados por el cambio
climático, según la Agencia Europea del Medio Ambiente. Por ello,
para garantizar la protección de los derechos fundamentales a la
salud y a la vida de la ciudadanía, que requieren de un medio
ambiente adecuado para poder disfrutarse plenamente, y atendiendo
a criterios de justicia climática (responsabilidad histórica en
las emisiones y capacidad de actuación), el Gobierno de España
debe elevar la ambición climática y aprobar una reducción de las
emisiones de al menos el 55% en 2030 respecto a 1990 y alcanzar el
cero neto en 2040.
Las tres organizaciones han impulsado una recogida de firmas para
que la ciudadanía se
sume a la demanda. La iniciativa, que ya lleva más de 23.000
adhesiones, es una muestra de la preocupación social ante el
cambio climático y un reclamo para que se tomen medidas más
ambiciosas.
El futuro próximo
Las políticas que favorecen la continuidad de los combustibles
fósiles siguen muy presentes hoy en día. Sin ir más lejos, el
mantenimiento de la bonificación del diésel en los Presupuestos de
2021 muestra una profunda falta de compromiso por parte del
Gobierno de España para reducir la contaminación del aire que
afecta a la salud de la ciudadanía y dificulta la evolución del
sector hacia nuevas tecnologías alternativas a los combustibles
fósiles. De igual manera, en el actual contexto de crisis
económica provocada por la pandemia de la COVID-19, los rescates a
otros sectores contaminantes, como el aéreo (en concreto, a
aerolíneas como Iberia, Vueling o Air Europa), sin exigir ninguna
condicionalidad climática ni compromisos con los y las
trabajadoras, siguen dando la espalda a la transición justa y
ecológica que se necesita.
En los próximos seis años, España contará con 140.000 millones de
euros del fondo de recuperación europeo que podrían ser un
catalizador para un cambio sin precedentes, creando millones de
empleos verdes y a prueba de futuro, apoyando la lucha contra el
cambio climático y el colapso ecológico y asegurando estabilidad a
las personas afectadas por las consecuencias económicas de la
pandemia. Pero todo ello no será posible si se siguen
desperdiciando miles de millones de euros en los combustibles
fósiles y en otras industrias contaminantes que alejan al país de
un bienestar futuro.
Empresas: ¿cómo están respondiendo a los retos derivados
del Acuerdo de París?
Existe un optimismo desmedido dentro del mundo empresarial sobre
el alineamiento de los diversos sectores económicos con los
objetivos del Acuerdo de París. Así, y según el IV Estudio del
Estado del Reporting de Sostenibilidad del IBEX 35, presentado por
la consultora Ecoact en septiembre de 2019, el 71% de las empresas
del principal índice bursátil español cuentan con objetivos de
reducción de emisiones de carbono6, aunque un año más tarde
advertía de la falta de estrategias definidas para lograr el
objetivo de Cero Neto.7
A finales de 2019, la Red Española del Pacto Mundial anunciaba que
177 empresas se habían comprometido a establecer ambiciosos
objetivos de reducción de emisiones en todas sus operaciones y
cadenas de valor para contribuir a limitar los peores efectos del
cambio climático.8 En junio de 2020 ya había 992 empresas en el
mundo con un compromiso de emisiones cero para 2050; sumando todos
esos compromisos, las estimaciones sugieren que, en conjunto,
estas promesas representan casi el 25% de las emisiones mundiales
y el 50% del PIB mundial.9
Frente a las señales que se envían desde el sector empresarial se
contraponen algunas evidencias sobre la falta de desempeño e,
incluso, incumplimiento de las obligaciones legales en materia de
rendición de cuentas por parte de las grandes corporaciones. Un
análisis reciente del Observatorio de Responsabilidad Social
Corporativa sobre la calidad de la información reportada por las
empresas del IBEX 35 en los ámbitos de buen gobierno, corrupción,
fiscalidad, derechos humanos, derechos laborales, medioambiente y
clientes y consumidores, concluye que, aunque existe un compromiso
manifiesto de las empresas del IBEX 35 en la lucha contra el
cambio climático, tan sólo siete empresas cuentan con un plan de
acción e identifican medidas de adaptación al cambio climático.
Prácticamente todas las empresas aportan información sobre las
emisiones de Gases de Efecto Invernadero, aunque la evolución es
positiva en sólo 12 empresas en el caso de emisiones de alcance 1
y de 20 empresas en emisiones de alcance
2. La información sobre otros contaminantes emitidos a la
atmósfera es puramente anecdótica: 26 empresas informan de medidas
de reducción, pero solo 15 informan del grado de cumplimiento de
los objetivos marcados.10
Existe mucha voluntariedad y una ausencia del regulador en materia
de control y verificación, lo que sugiere que el Gobierno está
fallando en la regulación de los sectores empresariales, en
especial los no regulados (transporte, agroalimentario, gestión de
residuos, edificación, etc.). Como se ha demostrado en el reciente
informe de Greenpeace “Haciendo Trampas al Clima. Resistencias y
malas prácticas del sector
empresarial ante el reto de la descarbonización”, el mundo
empresarial está poniendo en marcha numerosas estrategias
empresariales que, pese a contar con una retórica ‘verde’, son en
muchos casos argucias, trampas, espejismos y falsas soluciones sin
base científica que obstaculizan la reducción de las emisiones y
el cumplimiento del Acuerdo de París.
Dicho informe analiza las estrategias empresariales frente al
cambio climático del Banco Santander, BBVA, Campofrío, Coren,
Ecoembes, Endesa, Iberia, Naturgy, Real Madrid C.F. y Repsol,
empresas a las que ha catalogado como “trileras del clima”
Ante la avalancha de fondos económicos de la UE para el Pacto
Verde Europeo o la Reconstrucción tras la COVID-19, el sector
empresarial ha optado por nadar a favor de la corriente y abrazar
el mainstream del “cero emisiones netas en 2050”. Pero lejos de
asumir las recomendaciones científicas - “se necesitan
transiciones rápidas y de gran alcance en los sectores de usos del
suelo, energía, industria, edificación, transporte y ciudades” -
una gran parte del mundo empresarial está eludiendo abordar
cambios estructurales profundos en sus modelos de negocio, en su
comportamiento empresarial, en sus cadenas de valor o en su
cartera de préstamos o inversiones. Las empresas, como los países,
se esconden bajo el señuelo de las emisiones netas, buscando
compensar sus emisiones reales con otras actividades ajenas a su
negocio principal, para eludir su responsabilidad en la urgente
reducción de las emisiones brutas que produce su actividad
empresarial.
España puede y debe ser el ejemplo que Europa necesita en la lucha
contra el cambio climático. Sin embargo, a día de hoy sigue sin
subirse al tren del liderazgo climático con acciones que vayan más
allá de las palabras.
Demandas
Para realizar acciones transformadoras en materia de clima y
medioambiente es necesaria la cooperación internacional. Para
Greenpeace, es vital que todos los países respeten el espíritu del
Acuerdo de París presentando nuevas, actualizadas y ambiciosas
contribuciones determinadas a nivel nacional en línea con 1,5°C
Las NDC no pueden ser promesas vacías. La organización demanda
unos paquetes de recuperación verdes y justos a nivel nacional e
internacional en línea con el Acuerdo de París y los Objetivos de
Desarrollo Sostenible, que no destinen dinero (subsidios o fondos
de recuperación) a los grandes sectores contaminantes, en
particular a las empresas de combustibles fósiles, excepto a
través de fondos para una transición justa para los y las
trabajadoras, y siempre que sea necesario.
Greenpeace exige a los Gobiernos que se comprometan a anteponer la
salud, la seguridad y el bienestar de las personas frente a los
beneficios, a priorizar los fondos públicos para invertir en el
"bien común" reduciendo las desigualdades sociales y aumentando la
resiliencia necesaria para hacer frente a las crisis mundiales
actuales y futuras. Nadie está a salvo hasta que todas las
personas lo estén.
Para aumentar la resiliencia, los Gobiernos deben comprometerse a
financiar la protección y restauración de la naturaleza, evitando
proteger los recursos naturales con falsas soluciones como las
compensaciones de carbono. No es posible continuar con si nada
ocurriera, con la falsa esperanza de que en el futuro la
impredecible capacidad de los sumideros solucione mágicamente el
enorme déficit de carbono pendiente.
La cooperación internacional presupone un respeto compartido por
valores fundamentales como la igualdad y los derechos humanos: los
países que se encuentran en situación de pobreza y deuda, así como
los que se han vuelto vulnerables a causa de la emergencia
climática necesitan apoyo urgentemente. Greenpeace pide a las
Partes que cumplan con sus compromisos con el financiamiento
climático hacia los países en desarrollo y demanda más apoyo en el
futuro.
Es necesaria una nueva y eficaz narrativa de resiliencia y
suficiencia que hable de la solución sistémica (interconectada) de
problemas y se dirija, entre otros, a públicos de distintas clases
sociales, etnias y políticas para sanar las divisiones y crear un
propósito común que logre un movimiento ciudadano mundial aún más
fuerte. La ciudadanía demanda a sus Gobiernos que cambien de
rumbo, que adopten un nuevo conjunto de valores y traduzcan sus
promesas en medidas para un futuro más justo, cooperativo, estable
y saludable. Respetar a las personas significa respetar el Acuerdo
de París e implementar el objetivo de mantenerse por debajo de los
1,5°C.
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