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CAMBIO CLIMÁTICO

ACUERDOS DE PARÍS

Informe 2020 de Greenpeace cinco años después de la Cumbre de Paris de 2015

2020 PARÍS, 5ºANIVERSARIO

 
CAMBIO CLIMÁTICO, INFORME GREENPEACE TRAS 5 AÑOS DE LA CUMBRE DE PARÍS
LA ONU PIDE REDUCIR A CERO EMISIONES EN 2050 PARA SALVAR EL PLANETA


REDUCIR A CERO LAS EMISIONES EN 2050  PARA SALVAR EL PLANETA

La cumbre del clima pide reducir a cero las emisiones contaminantes en 2050

JUDITH MORA * IDEAL 13-12-2020
LONDRES. La Cumbre de Ambición Climática 2020, organizada por la ONU, el Reino Unido y Francia, urgió ayer a los países a reducir a cero neto sus emisiones contaminantes para el año 2050, en pro de un desarrollo sostenible que permita crear empleos y salvar el planeta.

Al inaugurar el evento virtual, en el que participaron más de 75 dirigentes y entidades, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, pidió a los jefes de Estado y de Gobierno declarar una «emergencia climática» en sus territorios «hasta que se alcance la carbono-neutralidad». Guterres recordó que 38 Estados ya han reconocido «la urgencia» de la situación e instó a todos a adoptar el objetivo de reducir a cero neto las emisiones de gases contaminantes para 2050 y en un 45 % para 2030, informa Efe.

En el quinto aniversario del Acuerdo de París, cuando se adoptó la meta de limitar el calentamiento global a un máximo de 2ºC sobre niveles preindustriales, el experto portugués avisó de que «no se avanza en la dirección correcta» y que, «si no se cambia de rumbo», «podrían superarse los 3ºC este siglo». Como coanfitrión de la cumbre –antesala de la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático COP26, que organizará el Reino Unido el próximo noviembre en Glasgow–, el primer ministro británico, Boris Johnson, subrayó por su parte que apostar por un desarrollo verde «no es de ecofrikis», sino que tiene sentido económico porque permitirá crear «millones de empleos». Aseguró que su país, que se ha comprometido a reducir las emisiones en un 68 % sobre niveles de los años 90 del siglo XX para 2030, se convertirá en «la Arabia Saudí de la generación de energía eólica» en la próxima década.

Supresión de ayudas
El Gobierno británico anunció además que dejará de financiar mediante préstamos y ayudas proyectos de petróleo, gas y carbón con participación británica en el extranjero, en los que en los últimos cuatro años ha invertido 21.000 millones de libras (unos 23.000 millones de euros).

Participaron en la cumbre, auspiciada también por Italia y Chile, los mandatarios francés, Emmanuel Macron, y chileno, Sebastián Piñera, que celebraron que el presidente electo estadounidense, Joe Biden, se haya comprometido a reincorporarse al Acuerdo de París que abandonó su antecesor, Donald Trump.

«EE UU volverá al Acuerdo de París en el primer día de mi presidencia e inmediatamente empezaré a trabajar con mis homólogos en el mundo para hacer lo posible, incluido convocar a los líderes de las mayores economías para una cumbre del clima en mis primeros cien días en el cargo», afirmó Biden en un comunicado.
Piñera apuntó que Estados Unidos debe además comprometerse «a la carbono neutralidad, como han hecho en los últimos días países como Japón, China y Brasil», porque «la amenaza del calentamiento global es real, grave y es ahora».
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, destacó el compromiso adoptado el viernes por la Unión Europea (UE) de reducir las emisiones de CO2 en un 55 % en 2030, pero recordó que la acción climática no solo compete a Europa, pues «al final, Europa supone menos de un 10 % de las emisiones globales».

En su turno de palabra, el Papa Francisco dijo que «ha llegado el momento de un cambio de rumbo» en la defensa del medioambiente «para no robar a las nuevas generaciones la esperanza en un futuro mejor». En su discurso, destacó que «la actual pandemia y el cambio climático, que tienen una relevancia no sólo ambiental, sino también ética, social, económica y política, inciden, sobre todo, en la vida de los más pobres y frágiles».

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se comprometió a que un 97% del consumo de energía en el país se cubra con fuentes renovables para 2050 y a lograr un ahorro energético del 50%, como parte de una estrategia hacia la neutralidad de carbono. De la cita de ayer, dirigida a tomar impulso de cara a la COP26 de 2021, quedaron excluidos grandes países contaminantes como Rusia, México, Arabia Saudí y Australia, pues los organizadores consideraron insuficientes sus compromisos climáticos.




CUMBRE DE PARÍS 2015-2020

EL DÉFICIT DE CUMPLIMIENTO INTERNACIONAL ACELERA EL CAMBIO DE CLIMA

INFORME DE GREENPEACE, CINCO AÑOS DESPUÉS DE LA CUMBRE DE PARÍS
Diciembre de 2020 -  www.greenpeace.org

GREENPEACE * WASTE MAGAZINE
El 12 de diciembre de 2015, el mundo entero celebraba y acogía con esperanza la finalización de la Cumbre Internacional del Clima (COP21) que se cerraba en París con un nuevo acuerdo climático internacional que daría continuidad al Protocolo de Kioto. El Acuerdo de París marcaba el punto de partida para el abandono de los combustibles fósiles y, con él, 197 países asumían el compromiso de sumar todos los esfuerzos para limitar a 1,5 ºC el aumento de la temperatura global. El Acuerdo entró en vigor con gran rapidez, el 4 de noviembre de 2016, 30 días después de que se cumpliera el llamado “doble criterio” (ratificación por 55 países que representan al menos el 55 % de las emisiones mundiales).

Cinco años después, hacemos un repaso del camino recorrido por los estados que asumieron esos compromisos climáticos y vemos que, aunque algunos han asegurado su descarbonización en el largo plazo (2050 o 2060), todavía están muy lejos de la drástica reducción de las emisiones que sería necesaria en la próxima década si queremos evitar los peores impactos del cambio climático, tal y como afirma la ciencia.

Continuamos inmersos en una grave crisis climática. La mayoría de los principales sistemas climáticos de la Tierra están sufriendo cambios casi irreconocibles, incluyendo las capas de hielo, las corrientes oceánicas y la selva tropical amazónica, que podría acercarse peligrosamente a un punto de no retorno y convertirse en una sabana. Los impactos climáticos y los grandes incendios son habituales, desde California hasta Australia, pasando por el sur y el norte de Europa. A no ser que frenemos la crisis climática, ahora que aún estamos a tiempo, el coste en vidas humanas, biodiversidad y pérdidas económicas será catastrófico.

En 2020 la pandemia de la COVID-19 se ha adueñado de nuestras vidas y de nuestra política. Los Gobiernos pueden y deben protegernos pero obvian en gran medida la enorme interdependencia entre salud, bienestar y resiliencia, y clima y medioambiente. Las NDC son un reflejo de esta obligación básica; el 12 de diciembre las personas que nos lideran tendrán que rendir cuentas y actuar de buena fe dando un nuevo impulso a la acción climática de cara a la COP26 y responder a las demandas de un movimiento mundial. Un movimiento que ha crecido de manera imparable desde que se firmó el Acuerdo de París hace cinco años, creando nuevos espacios políticos y nuevas posibilidades. El mundo estará observando.

Las políticas climáticas internacionales en una situación de pandemia
Aunque algunos planes de recuperación por la COVID-19 apoyan parcialmente la acción climática, la mayoría de los países han prestado poca atención a la actual emergencia climática. Entre los que sí lo han hecho hay que destacar que:
●    China anunció en septiembre que alcanzaría la neutralidad de carbono antes de 2060; es la primera vez que China toma una decisión unilateral y no en sintonía con la UE o Estados Unidos, país que ha abandonado oficialmente el Acuerdo de París2. Ahora se espera que China cumpla esta ambición y establezca una NDC que fije un pico de emisiones para 2025 y que en su próximo 14º Plan Quinquenal reduzca drásticamente la energía procedente del carbón.

●    El clima tiene cierto peso en el plan de recuperación de la UE, pero carece de normas estrictas que excluyan el apoyo a las industrias contaminantes. Aunque el objetivo climático propuesto para 2030 ha mejorado sigue siendo insuficiente y no debe diluirse aún más con la inclusión de los sumideros naturales. No obstante, la UE sigue liderando la lucha contra el cambio climático; si China presenta un sólido objetivo a corto plazo, podrá coliderar la política climática internacional.

●    Los países más vulnerables y los menos desarrollados serán probablemente los que el próximo día 12 de diciembre presenten compromisos más firmes en materia climática junto con China, la UE y Reino Unido. Asimismo habrá espacio para aquellos estados que ya presentaron contribuciones ambiciosas a nivel nacional en 2020. Todavía se desconocen los compromisos que adquirirán los países de ingresos medios como Sudáfrica, México e Indonesia, cruciales para mantener el impulso y, por tanto, no hay grandes expectativas. Poco o nada esperamos de estados como Australia, Rusia y Brasil, cuyos dirigentes siguen anteponiendo los intereses de la industria contaminante a sus obligaciones para con la comunidad mundial, incluso cuando los incendios forestales destruyen sus paisajes vírgenes y expulsan a las comunidades de sus hogares.

●    La ausencia de Estados Unidos servirá como recordatorio de la importancia de la situación postelectoral de este país. Se espera que, tan pronto la Administración Biden-Harris asuma el cargo en enero, se dispondrá a desmantelar los obstáculos para la toma de medidas internas y para establecer un nuevo camino hacia una economía energética 100% limpia con cero emisiones netas para 2050. En el plano internacional, el enviado especial John Kerry busca la necesaria reconstrucción de las alianzas multilaterales en torno al clima.
El 12 de diciembre los países establecerán gran parte de sus acciones y objetivos climáticos, asimismo se espera que apoyen una narrativa de solidaridad mundial, pero es importante comparar las medidas concretas con las promesas que de otro modo serán vacías.



Los compromisos climáticos de Europa
Desde la adopción del Acuerdo de París, la Unión Europea ha llevado a cabo diferentes procesos políticos en materia de clima y energía. Destacan la aprobación de los nuevos objetivos para 2030 en renovables y eficiencia (32% y 32,5% respectivamente), que han ido ligados a la presentación de los planes nacionales de clima y energía de cada uno de los estados miembros y la aprobación de una estrategia a largo plazo para conseguir la neutralidad climática en 2050 avalada por el Consejo Europeo.

La nueva Comisión Europea, aprobada en noviembre de 2019 por el Parlamento, asumió entre sus prioridades para los próximos cinco años el establecimiento de un Pacto Verde Europeo que logre revertir el cambio climático y frenar sus efectos. Entre las diferentes medidas que promoverá, está la elaboración de la Ley Climática Europea, que a día de hoy se encuentra ya en proceso de negociación avanzado.

Entre las asignaturas pendientes de Europa sigue estando la revisión y mejora de los objetivos de reducción de emisiones para el año 2030, como establece el Acuerdo de París.
 
En línea con ello, los jefes de Estado y de Gobierno nacionales se reunirán los días 10 y 11 de diciembre en Bruselas para celebrar el Consejo Europeo en el que precisamente deben acordar un aumento del objetivo de reducción de emisiones de la UE para 2030.

El pasado mes de octubre, el Parlamento Europeo aprobó elevar la reducción de las emisiones hasta el 60% en 2030. Sin embargo, la propuesta de la Comisión Europea va por otro lado: pretende cambiar el modo en que se contabilizan las emisiones de forma que, en vez de mostrar una reducción real (como hasta ahora), por primera vez haga referencia a las emisiones netas, es decir, incluyendo los sumideros naturales de carbono y otras posibles falsas soluciones como la captura de carbono o los biocarburantes. Algunos Gobiernos5 están incluso presionando para que el gas y la energía nuclear se clasifiquen como inversiones verdes.

Teniendo en cuenta la propuesta de la Comisión, una reducción del 55% de las emisiones netas en 2030 equivaldría en realidad a solo el 50.5% en los sectores contaminantes como la energía, el transporte y la agricultura industrial, mientras que dependería de los sumideros de carbono (como, por ejemplo, los bosques) hacer el resto. Teniendo en cuenta la base de las medidas y objetivos climáticos ya existentes en la UE, esta ya está en vías de reducir las emisiones en un 46% en 2030, lo que significa que una reducción del 50,5% de las emisiones reales sólo lograría una mejora marginal y lamentablemente insuficiente ante la emergencia climática y los compromisos de la UE en el marco del acuerdo climático de París.

Suecia, Finlandia, Luxemburgo y los Países Bajos han expresado su preocupación ante esta situación, mientras que los mismos cuatro países junto con Dinamarca e Irlanda tienen la postura más ambiciosa dentro de Europa y apuestan por que el objetivo de reducción de las emisiones a nivel comunitario se eleve hasta el 60% en 2030. En el caso del Gobierno de España, este no se ha alineado junto con los países más ambiciosos: ni apuesta por una reducción de al menos el 60% en 2030 para Europa ni se ha posicionado en contra del objetivo de emisiones netas que se acaba de explicar.

La clase política europea debe asumir la responsabilidad de resolver las múltiples crisis. La Unión Europea está entre las mayores economías del mundo con poder para contribuir a un cambio global y así proteger y cuidar a su ciudadanía. Ante el momento que vivimos, es necesario más que nunca un cambio profundo de sistema que garantice la protección y restauración de los ecosistemas y la justicia social.

Greenpeace, junto con la coalición de organizaciones europeas por la acción climática (CAN EU), demanda que Europa eleve la reducción de sus emisiones al 65% en 2030 respecto a 1990. Este es el objetivo que estaría en línea con las recomendaciones científicas para no superar 1,5 ºC pues, como afirma Naciones Unidas, la próxima década es decisiva y es necesaria una reducción de las emisiones del 7,6% cada año entre 2020 y 2030.


 

ESPAÑA ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO

Años de inactividad política frente al cambio climático de los distintos Gobiernos han llevado a España a ser el país que más aumentó sus emisiones en Europa entre 1990 y 2017. Esto lo ha situado ante la necesidad urgente de volcar mayores esfuerzos para reducir las emisiones muy rápidamente en línea con las recomendaciones científicas para no superar las temperaturas globales en 1,5 ºC.

Sin embargo, la realidad política sigue alejada de la respuesta que se necesita ante la emergencia climática que vive el planeta.

El Gobierno de España presentará sus objetivos de reducción de las emisiones para 2030 (NDC) como parte de uno de los estados miembros de la Unión Europea; es decir, presentará el objetivo comunitario que se acuerde previsiblemente en el Consejo Europeo de los días 10 y 11 de diciembre que tendrá lugar en Bruselas.

Como país, el actual Gobierno de España apuesta por una reducción de las emisiones de tan solo el 23% en el año 2030 respecto a las de 1990, un objetivo muy alejado de las recomendaciones científicas, que establecen una disminución de un 7,6% cada año entre 2020 y 2030 para reducirlas a la mitad a nivel global en la próxima década.

 Primer litigio climático de la historia

A pesar de que el actual Gobierno de coalición está dando pasos en la buena dirección (la creación de una Vicepresidencia para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el impulso de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética -que se encuentra en estos momentos en el proceso del debate parlamentario- o la declaración de emergencia climática y ambiental son una muestra de ello), los esfuerzos y objetivos planteados en materia climática todavía están muy lejos de lo necesario para cumplir los acuerdos climáticos internacionales (y la responsabilidad que como país desarrollado tiene España) y evitar así los peores efectos del cambio climático.

Este ha sido el motivo fundamental por el que Greenpeace, junto con Ecologistas en Acción y Oxfam Intermón, inició el pasado mes de septiembre el primer litigio climático contra el Gobierno de España. El recurso presentado el 15 de septiembre fue admitido a trámite por el Tribunal Supremo dos semanas más tarde y, en breve, se formalizará la presentación de la demanda completa, en la que las organizaciones mostrarán los efectos devastadores que el cambio climático tendrá sobre el país de no actuar a tiempo.

España es uno de los países europeos más afectados por el cambio climático, según la Agencia Europea del Medio Ambiente. Por ello, para garantizar la protección de los derechos fundamentales a la salud y a la vida de la ciudadanía, que requieren de un medio ambiente adecuado para poder disfrutarse plenamente, y atendiendo a criterios de justicia climática (responsabilidad histórica en las emisiones y capacidad de actuación), el Gobierno de España debe elevar la ambición climática y aprobar una reducción de las emisiones de al menos el 55% en 2030 respecto a 1990 y alcanzar el cero neto en 2040.
 
Las tres organizaciones han impulsado una recogida de firmas para que la ciudadanía se
 sume a la demanda. La iniciativa, que ya lleva más de 23.000 adhesiones, es una muestra de la preocupación social ante el cambio climático y un reclamo para que se tomen medidas más ambiciosas.

 El futuro próximo
Las políticas que favorecen la continuidad de los combustibles fósiles siguen muy presentes hoy en día. Sin ir más lejos, el mantenimiento de la bonificación del diésel en los Presupuestos de 2021 muestra una profunda falta de compromiso por parte del Gobierno de España para reducir la contaminación del aire que afecta a la salud de la ciudadanía y dificulta la evolución del sector hacia nuevas tecnologías alternativas a los combustibles fósiles. De igual manera, en el actual contexto de crisis económica provocada por la pandemia de la COVID-19, los rescates a otros sectores contaminantes, como el aéreo (en concreto, a aerolíneas como Iberia, Vueling o Air Europa), sin exigir ninguna condicionalidad climática ni compromisos con los y las trabajadoras, siguen dando la espalda a la transición justa y ecológica que se necesita.

En los próximos seis años, España contará con 140.000 millones de euros del fondo de recuperación europeo que podrían ser un catalizador para un cambio sin precedentes, creando millones de empleos verdes y a prueba de futuro, apoyando la lucha contra el cambio climático y el colapso ecológico y asegurando estabilidad a las personas afectadas por las consecuencias económicas de la pandemia. Pero todo ello no será posible si se siguen desperdiciando miles de millones de euros en los combustibles fósiles y en otras industrias contaminantes que alejan al país de un bienestar futuro.

Empresas: ¿cómo están respondiendo a los retos derivados del Acuerdo de París?

Existe un optimismo desmedido dentro del mundo empresarial sobre el alineamiento de los diversos sectores económicos con los objetivos del Acuerdo de París. Así, y según el IV Estudio del Estado del Reporting de Sostenibilidad del IBEX 35, presentado por la consultora Ecoact en septiembre de 2019, el 71% de las empresas del principal índice bursátil español cuentan con objetivos de reducción de emisiones de carbono6, aunque un año más tarde advertía de la falta de estrategias definidas para lograr el objetivo de Cero Neto.7
 
A finales de 2019, la Red Española del Pacto Mundial anunciaba que 177 empresas se habían comprometido a establecer ambiciosos objetivos de reducción de emisiones en todas sus operaciones y cadenas de valor para contribuir a limitar los peores efectos del cambio climático.8 En junio de 2020 ya había 992 empresas en el mundo con un compromiso de emisiones cero para 2050; sumando todos esos compromisos, las estimaciones sugieren que, en conjunto, estas promesas representan casi el 25% de las emisiones mundiales y el 50% del PIB mundial.9

Frente a las señales que se envían desde el sector empresarial se contraponen algunas evidencias sobre la falta de desempeño e, incluso, incumplimiento de las obligaciones legales en materia de rendición de cuentas por parte de las grandes corporaciones. Un análisis reciente del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa sobre la calidad de la información reportada por las empresas del IBEX 35 en los ámbitos de buen gobierno, corrupción, fiscalidad, derechos humanos, derechos laborales, medioambiente y clientes y consumidores, concluye que, aunque existe un compromiso manifiesto de las empresas del IBEX 35 en la lucha contra el cambio climático, tan sólo siete empresas cuentan con un plan de acción e identifican medidas de adaptación al cambio climático. Prácticamente todas las empresas aportan información sobre las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, aunque la evolución es positiva en sólo 12 empresas en el caso de emisiones de alcance 1 y de 20 empresas en emisiones de alcance
2. La información sobre otros contaminantes emitidos a la atmósfera es puramente anecdótica: 26 empresas informan de medidas de reducción, pero solo 15 informan del grado de cumplimiento de los objetivos marcados.10

Existe mucha voluntariedad y una ausencia del regulador en materia de control y verificación, lo que sugiere que el Gobierno está fallando en la regulación de los sectores empresariales, en especial los no regulados (transporte, agroalimentario, gestión de residuos, edificación, etc.). Como se ha demostrado en el reciente informe de Greenpeace “Haciendo Trampas al Clima. Resistencias y malas prácticas del sector
 empresarial ante el reto de la descarbonización”, el mundo empresarial está poniendo en marcha numerosas estrategias empresariales que, pese a contar con una retórica ‘verde’, son en muchos casos argucias, trampas, espejismos y falsas soluciones sin base científica que obstaculizan la reducción de las emisiones y el cumplimiento del Acuerdo de París.

Dicho informe analiza las estrategias empresariales frente al cambio climático del Banco Santander, BBVA, Campofrío, Coren, Ecoembes, Endesa, Iberia, Naturgy, Real Madrid C.F. y Repsol, empresas a las que ha catalogado como “trileras del clima”


Ante la avalancha de fondos económicos de la UE para el Pacto Verde Europeo o la Reconstrucción tras la COVID-19, el sector empresarial ha optado por nadar a favor de la corriente y abrazar el mainstream del “cero emisiones netas en 2050”. Pero lejos de asumir las recomendaciones científicas - “se necesitan transiciones rápidas y de gran alcance en los sectores de usos del suelo, energía, industria, edificación, transporte y ciudades” - una gran parte del mundo empresarial está eludiendo abordar cambios estructurales profundos en sus modelos de negocio, en su comportamiento empresarial, en sus cadenas de valor o en su cartera de préstamos o inversiones. Las empresas, como los países, se esconden bajo el señuelo de las emisiones netas, buscando compensar sus emisiones reales con otras actividades ajenas a su negocio principal, para eludir su responsabilidad en la urgente reducción de las emisiones brutas que produce su actividad empresarial.

España puede y debe ser el ejemplo que Europa necesita en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, a día de hoy sigue sin subirse al tren del liderazgo climático con acciones que vayan más allá de las palabras.

Demandas
Para realizar acciones transformadoras en materia de clima y medioambiente es necesaria la cooperación internacional. Para Greenpeace, es vital que todos los países respeten el espíritu del Acuerdo de París presentando nuevas, actualizadas y ambiciosas contribuciones determinadas a nivel nacional en línea con 1,5°C
Las NDC no pueden ser promesas vacías. La organización demanda unos paquetes de recuperación verdes y justos a nivel nacional e internacional en línea con el Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que no destinen dinero (subsidios o fondos de recuperación) a los grandes sectores contaminantes, en particular a las empresas de combustibles fósiles, excepto a través de fondos para una transición justa para los y las trabajadoras, y siempre que sea necesario.
Greenpeace exige a los Gobiernos que se comprometan a anteponer la salud, la seguridad y el bienestar de las personas frente a los beneficios, a priorizar los fondos públicos para invertir en el "bien común" reduciendo las desigualdades sociales y aumentando la resiliencia necesaria para hacer frente a las crisis mundiales actuales y futuras. Nadie está a salvo hasta que todas las personas lo estén.
Para aumentar la resiliencia, los Gobiernos deben comprometerse a financiar la protección y restauración de la naturaleza, evitando proteger los recursos naturales con falsas soluciones como las compensaciones de carbono. No es posible continuar con si nada ocurriera, con la falsa esperanza de que en el futuro la impredecible capacidad de los sumideros solucione mágicamente el enorme déficit de carbono pendiente.

La cooperación internacional presupone un respeto compartido por valores fundamentales como la igualdad y los derechos humanos: los países que se encuentran en situación de pobreza y deuda, así como los que se han vuelto vulnerables a causa de la emergencia climática necesitan apoyo urgentemente. Greenpeace pide a las Partes que cumplan con sus compromisos con el financiamiento climático hacia los países en desarrollo y demanda más apoyo en el futuro.
Es necesaria una nueva y eficaz narrativa de resiliencia y suficiencia que hable de la solución sistémica (interconectada) de problemas y se dirija, entre otros, a públicos de distintas clases sociales, etnias y políticas para sanar las divisiones y crear un propósito común que logre un movimiento ciudadano mundial aún más fuerte. La ciudadanía demanda a sus Gobiernos que cambien de rumbo, que adopten un nuevo conjunto de valores y traduzcan sus promesas en medidas para un futuro más justo, cooperativo, estable y saludable. Respetar a las personas significa respetar el Acuerdo de París e implementar el objetivo de mantenerse por debajo de los 1,5°C.


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