CAMBIO CLIMÁTICO
2040,
LLEGA EL NO FUTURO
La primera línea de playa en el litoral de la península Ibérica,
llamado a desaparecer. Deltas y estuarios han perdido ya decenas
de metros de tierra, el mar gana a los deltas mediterráneos y
salinizalas marimas en los estuarios atlánticos
JUAN ENRIQUE GÓMEZ * WASTE MAGAZINE. TEXTO Y FOTOS
EL litoral mediterráneo pierde la batalla. El mar avanza de forma
inevitable. Deltas y estuarios, al igual que del resto de
desembocaduras de ríos y ramblas del continente europeo y del
norte de África, se retraen hacia el interior. El mar ha ganado ya
hasta 200 metros en espacios situados en casi todos los deltas, y
en sólo diez años. Los espigones situados en numerosos puntos de
la línea costera no evitan la destrucción de los paseos marítimos
con el más mínimo temporal. En sistemas montañosos de especial
valor biológico y geológico como Sierra Nevada, las temperaturas y
la sequía generarán años sin una gota de nieve y otros con enormes
nevadas. En el interior de la península Ibérica, sobre todo el
zonas del sureste, el desierto crece, las especies animales buscan
nuevos hábitats. La realidad de la evolución del clima no tiene
freno, pero existen soluciones que, aunque son aparentemente
utópicas, deberían ser tenidas en cuenta. Hay que aplicar tres
fórmulas, restaurar, proteger y gestionar.

Delta del río Guadalhorce (Málaga)
No son malos augurios catastrofistas y apocalípticos. Es
únicamente evidencia científica. La variabilidad del clima en esta
primera mitad del siglo XXI nos lleva, inevitablemente, a un
incremento de la temperatura global y, con ella, la subida del
nivel del mar, la alteración de los ecosistemas, el incremento de
las migraciones humanas y de especies animales, la escasez de
comida y la modificación de espacios ocupados por el hombre, como
las primeras líneas de playa, donde en las próximas décadas, con
el horizonte a 30 años vista, en el 2040, el ladrillo caerá bajo
el empuje de las mareas. Los estudios que realizan especialistas
del Centro Andaluz de Medio Ambiente (Ceama), constatan ya el
crecimiento del mar en el litoral sur de la península Ibérica, así
como modificaciones en los ecosistemas de interior.
Europa y España no están exentas del calentamiento global. El mar
avanza desde hace décadas y seguirá esa dinámica durante todo el
siglo XXI. «La previsión es de que la subida del nivel del mar a
lo largo de este periodo sea de un metro, y para el 2040 habrá
sido ya de cincuenta centímetros», dice el director del Ceama,
Miguel A. Losada. Esto significa que desaparecerá una línea de
costa que, dependiendo de la orografía y su composición geológica,
podría ser de más de un centenar de metros tierra adentro. Crecerá
más donde el terreno sea menos irregular, lo que ya ocurre en
zonas costeras de las provincias de Málaga, Granada, Huelva, Cádiz
y Almería, y en espacios como el delta del Ebro. Las fuertes
lluvias registradas en las últimas semanas de 2009 y las primeras
de 2010, demuestran lo que puede provocar la crecida de los ríos,
las correntías sobre las ramblas, e incluso el alforar de aguas
subterráneas en espacios ocupados de forma artificial y alterados
por el hombre.
El empeño por ocupar la primera línea de playa a base de
urbanizaciones cada día más cerca del mar tiene su precio. Si a
medio metro de subida del nivel del agua le sumamos otro más para
el movimiento de mareas y oleaje, y otros cincuenta centímetros
cuando hay temporal, la imagen está clara, los paseos marítimos
desaparecerán por completo. De hecho ya se dan ocasiones en las
que viviendas de algunas zonas de Granada, Cádiz, Almería, Murcia
y Valencia, se encuentran con cuarenta centímetros de agua en sus
cocinas, y las inundaciones están cantadas cuando lluvias
torrenciales intentan hacerse paso desde los montes hacia el mar.
Casi la totalidad de las playas del litoral mediterráneo tienen ya
espigones para contener el avance de las mareas. Pero esos
sistemas, por el momento sólo contienen la velocidad de avance, no
lo impiden, y de hecho en algunas poblaciones, con crecimientos
abusivos e indiscriminados de sus urbanizaciones, los espigones ni
siquiera sirven para regenerar las arenas de las playas. Para los
especialistas, en todo el litoral mediterráneo, el mar hará
desaparecer urbanizaciones por doquier. En espacios tomados a las
costas hasta el borde del mar, como las grandes extensiones de
invernaderos, cultivos bajo plástico sobre las arenas, las débiles
infraestructuras desaparecerán bajo las aguas, como ahora ocurre
cuando se desborda cualquier rambla de la costa oriental de
Andalucía.

Antiguos molinos de mareas en Isla Cristina, Huelva
Desembocaduras
La desaparición de tierra en los deltas del Mediterrénao, e
incluso la inundación salina de las marismas y estuarios
atlánticos de Huelva y Cádiz, son espacios donde el futuro se ha
hecho presente. Los deltas dejan de recibir aportes de tierra de
sus ríos, a los que se les ha quitado caudal a base de pantanos y
presas de regulación, lo que acelera el proceso de entrada del mar
a la desembocadura. Dos puntos donde se aprecia de forma muy
clara el avance del mar y el retroceso de los deltas es en el del
río Guadalfeo, en la provincia de Granada, y en la desembocadura
del Gudalhorce, junto a la ciudad de Málaga.
Sierra sin nieve
Pero las alteraciones del clima no se quedan en el litoral. Las
grandes sierras, ya sufren periodos de enormes sequías y las
nieves permanentes ya son cosa del pasado. Sierra Nevada,
considerada como uno de los espacios clave para estudiar la
evolución climática de Europa y del planeta, ha sufrido los
efectos de las subidas de temperaturas. Si en la década de los
noventa, este macizo montañoso se encontró con una de sus mayores
sequías, a partir de ahora, desde antes de mediados de siglo, las
alteraciones impondrán temporadas sin una gota de nieve que pueden
ser de 11 a 13 años, y otras de duración similar con enormes
nevadas. «Las precipitaciones serán las mismas en un cómputo
amplio de tiempo, pero con épocas muy secas y otras muy lluviosas,
y no necesariamente periódicas». Esta situación es aplicable
a la totalidad de los sistemas montañosos de la península ibérica
y europeos.
Restaurar y proteger
Para los investigadores, la realidad de la evolución del clima no
tiene freno, pero existen soluciones que, aunque son aparentemente
utópicas, deberían ser tenidas en cuenta por gobernantes y
ciudadanos. «La solución tiene tres fórmulas, restaurar, proteger
y gestionar», dice Miguel A. Losada. Restaurar es intentar
devolver a la naturaleza lo que le hemos quitado, es decir, que
las primeras líneas de costa, los cauces de los ríos, las
ocupaciones de estuarios y deltas, vuelvan a ser como eran antes
de la proliferación de urbanizaciones e infraestructuras humanas.
Algo imposible si se tiene en cuenta que son miles de kilómetros
cuadrados los que se han cubierto de ladrillo. La segunda es
proteger los espacios que peligran ante el avance del mar, la
construcción de infraestructuras de contención y regulación de
mareas, lo que ya se hacía desde hace siglos en zonas como los
estuarios y marismas de Huelva y Cádiz, con los molinos de mareas.
«Pero existe un grave problema, ¿Quién lo paga?», dice Losada. Una
tercera solución es la que debería haberse iniciado hace ya mucho
tiempo, gestionar el uso de las costas y espacios en peligro con
la vista puesta en lo que tiene que llegar. «Puede ser utópico,
pero nunca es tarde, sobre todo si pensamos que la situación que
se dibuja no tiene que ser un no futuro, sino que incluso
podríamos ser más felices». Esa gestión necesita un drástico
cambio de conceptos y prioridades que no parece que nadie esté
dispuesto a asumir, menos aún los gobernantes, que aún piden que
el ladrillo vuelva a sostener la economía del país.
Aves, migraciones más largas
Las golondrinas adelantan su presencia en los humedales andaluces.
Aunque se trata de una especie que puede verse durante todo el
año, la mayor densidad de población se da desde el final de la
primavera al inicio del otoño. Los estudios de seguimiento de
migraciones indican que cada año las golondrinas inmigrantes
adelantan su presencia en Andalucía y retrasan su partida. Lo
mismo ocurre con otras especies, sobre todo con las paseriformes,
pequeños pájaros insectívoros que cada año realizan viajes de más
de 5.000 kilómetros para escapar del frío en el centro y norte de
Europa, y pasar el invierno en tierras del sur. El mosquitero
común es un ave de siete gramos de peso, pequeña y frágil,
pobladora de casi todos los humedales andaluces. La subida de las
temperaturas ha provocado que sus viajes, normalmente de 5.000
kilómetros, en busca de zonas más cálidas en invierno y más
frías en verano, se alarguen entre 200 y 400 kilómetros más, según
un estudio de la Universidad de Durham, donde han analizado los
movimientos de especies que llegan a cruzar el desierto del Sahara
hacia Europa y que utilizan Andalucía como zona de descanso. Sus
viajes se han alargado y su presencia en España dura más tiempo.
Plantas, las especies de alta montaña se
quedan sin cumbres
El aumento de la temperatura afecta ya a los ecosistemas vegetales
de toda la región andaluza, pero especialmente a espacios costeros
y de alta montaña. Algunas especies de Sierra Nevada tienen
los días contados, ya que la subida de temperaturas sólo les
permite crecer en zonas cada vez más altas, y las cumbres tienen
su techo. Más allá no hay nada. Ocurre con especies como la
Amapola de Sierra Nevada, que sólo puede verse ya en la cumbre del
Mulhacén. Ese efecto se ha constatado en numerosos endemismos de
la sierra.
Las investigaciones sobre el glaciar de Sierra Nevada constatan
que se ha perdido el 15% del hielo fósil del Corral del Veleta, e
incluso se da la presencia de polvo subsahariano en las lagunas de
la sierra, lo que afecta a su fauna microbiana.
TEMAS RELACIONADOS
CAMBIO
CLIMÁTICO, MONOGRÁFICO WASTE MAGAZINE
Una serie de reportajes para mostrar la riqueza natural
que nos rodea, sus ecosistemas y a sus singulares
habitantes.
Granada y las tierras del sureste de Andalucía poseen la
mayor diversidad biológica de Europa, parajes únicos para
vivir en tiempos de estío