Aves acuáticas. La fuerza de las olas y el
viento favorece la presencia de aves llegadas desde el norte de
Europa, como los alcatraces, mientras en los humedales, los
juveniles de cigüeñuelas tienen mayores posibilidades de
progresar.
PAISAJES Y BIODIVERSIDAD
LAS BORRASCAS CREAN EJES ECOLÓGICOS DE FAUNA Y FLORA
Las fuertes lluvias en zonas de persistentes sequías, en concreto
en el sureste peninsular reactivan humedales, charcas efímeras y
corredores ecológicos, multiplicando la biodiversidad y revelando
la fragilidad de los ecosistemas ante los cambios climáticos.
JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE * WASTE MAGAZINE * TEXTO
Y FOTOS
Gotas de agua se deslizan sobre una aparente coraza de placas de
colores marrón, verde, negro y rojos tierra. No logran penetrar el
entramado de plumas que protege el cuerpo de una pareja de aves de
gran tamaño a las que se conoce como moritos (
Plegadis
falcinellus), que desde África colonizan poco a poco los
humedales del sur de la península Ibérica. La lluvia, sin tregua
durante días, les mantiene a resguardo en las lagunas y carrizales
de la Charca de Suárez, en Motril (Granada), donde esta especie
empezó a verse por primera vez ya entrado el siglo XXI y siempre
en escaso número. Las tormentas que asolaron Andalucía en febrero
de 2026 han facilitado la estancia y expansión de estas aves en el
sureste, con avistamientos en espacios donde la presencia de agua
era tan efímera que no permitía la supervivencia de especies de
fauna acuática con altos requerimientos hídricos.
Al igual que para los moritos —que en zonas como Doñana ya se
contaban por miles en las épocas de reproducción— se ha abierto
una nueva zona de colonización en el sureste, otras especies
comienzan a aparecer por primera vez en ecosistemas olvidados o
adelantan su presencia en hábitats que ya ocupaban de forma
habitual en épocas de reproducción, y además lo hacen en mayor
número. Es fácil contemplar grupos de pequeñas lavanderas blancas
en las desembocaduras de ramblas, cuando hasta ahora solo se veían
en vuelos en solitario.
Los grandes cormoranes (
Phalacrocorax carbo) forman
grupos numerosos que vuelan entre diferentes humedales y calas
costeras entre Granada y Almería, con paradas en dormideros de
Punta Entinas y playas recónditas. Lo mismo ocurre con las
gaviotas de Audouin, también llamadas gaviotas de Alborán, que
ahora se concentran en bandos de decenas de individuos cuando hace
solo un año los avistamientos eran de grupitos de entre cuatro y
seis aves.
Las tormentas se intensificaron en la estación invernal, por lo
que gran parte de las especies de aves migratorias que llegan para
pasar el invierno no se verán favorecidas por las consecuencias
que esas grandes cantidades de agua tendrán en la primavera, pero
sí provocarán que algunos individuos se mantengan en sus mismos
lugares de invernada y lleguen a reproducirse, ya que al generarse
una mayor cantidad de comida tienen más posibilidades de sacar
adelante sus crías. El incremento de alimento puede, en poco
tiempo, modificar las costumbres y la forma de acometer sus rutas
migratorias futuras.
Nuevos espacios en deltas mediterráneos
Con el establecimiento de nuevas láminas de agua en el sureste de
Andalucía, esas rutas se acortan. En las próximas semanas,
aprovechando la disponibilidad de recursos alimentarios locales,
podrían reducir sus viajes e incluso reproducirse en estos nuevos
ecosistemas, o simplemente detenerse en ellos para nutrirse y
continuar camino. Este fenómeno no solo reduce la exigencia
migratoria sino que permite más eficiencia biológica para criar y
sostener poblaciones en áreas que antes parecían marginales por
falta de agua.
Charcas efímeras y explosión de vida
Una de las transformaciones más reveladoras ha tenido lugar en
espacios conocidos como charcas efímeras del sur peninsular. Son
pequeños depósitos de agua que emergen tras la lluvia, a veces tan
solo visibles durante semanas o meses, grandes charcos o pequeñas
acumulaciones entre rocas y arenas que se convierten en un
microcosmos de vida.
Para muchas especies de anfibios, como ranas, sapos, gallipatos o
tritones, estos espejos de agua temporales son las únicas fuentes
para reproducirse, alimentarse y completar sus ciclos vitales.
Zonas que rodean la depresión de Padul, en Granada, o los remansos
de arroyos de las cuencas del Laujar o de Marbella, en Almería,
registraban anualmente pequeñas áreas de charcas efímeras, pero
desde hace unos años casi habían desaparecido. Ahora vuelven a
surgir con fuerza.
Es el hábitat de una gran cantidad de larvas de insectos que
servirán de alimento a diversas especies de anfibios, entre ellas
algunas en peligro de extinción como el pequeño sapo corredor,
además de gallipatos y ranas comunes. En zonas más específicas,
como fuentes y charcas de media montaña, crece la presencia del
sapo partero bético, un endemismo de Andalucía que se caracteriza
porque el macho es quien cuida e incuba los huevos.
Algo similar ocurre en humedales que han sido desecados de forma
artificial, como el caso de Baíco, en Baza, que resurge siempre
tras las lluvias y en el que vuelve a verse el movimiento de aves
y anfibios. Y en las ciudades, en solares destinados a la
construcción, aparecen lagunas en las que vuelven a oírse el canto
de las ranas, como el humedal formado junto al río Beiro en
Granada aprovechando la excavación para una nueva urbanización.
Espacios naturales ya consolidados pero en nefastas condiciones
han recuperado su esplendor hídrico. Un ejemplo es la Rambla de
Morales, junto a Cabo de Gata, en Almería, y las marismas de
Roquetas, con puntos estratégicos como el Charco del Flamenco y
las lagunas de Punta Entinas.
Nuevos corredores ecológicos
La expansión de las zonas con agua y el mayor caudal de arroyos y
acequias genera nuevos ejes ecológicos que facilitan que la fauna
pueda desplazarse e interconectarse entre sí. Gracias al agua hay
comida, crece la vegetación y se generan refugios.
Micromamíferos, reptiles, anfibios e insectos ven aumentar sus
posibilidades y, por tanto, su capacidad de desplazamiento. Con
ellos también se incrementan las posibilidades de subsistencia de
los grandes mamíferos: a más agua, más pastos y mayores
posibilidades para cabras montesas, ciervos y jabalíes, conejos y
especies como tejones, comadrejas, gatos monteses y linces.
Si los ejes ecológicos que permitían la movilidad de las especies
se limitaban casi en exclusiva a los recorridos de ríos y
acequias, ahora se amplían a sus zonas de inundación y sus
interconexiones.
El agua como transformadora del paisaje
El agua modifica ecosistemas y paisajes. En casos como los de un
tren de borrascas, las zonas desérticas cambian su fisonomía. En
el corazón del subdesierto de Tabernas, en Almería, las lluvias
han recuperado los cauces de las ramblas, que se convierten en
corredores naturales por los que corre el agua y llegan a formar
pequeñas lagunas y charcas efímeras que dan alimento y vida a este
ecosistema de máxima aridez.
Se puede hablar de que el agua mana en el desierto y reactiva
antiguos manantiales salinos del subsuelo, provocando que el flujo
subterráneo —habitualmente invisible durante años secos— se
manifieste en la superficie. Este fenómeno permite que especies de
fauna y flora adaptadas a condiciones áridas aprovechen recursos
hídricos muy localizados, aunque sean breves.
En este mismo contexto se han observado cascadas que solo emergen
tras la lluvia en el desierto almeriense. Estas caídas de agua son
producto de acumulaciones puntuales de lluvia en zonas altas del
relieve que se canalizan hacia áreas más bajas, formando saltos y
pozas temporales.
Resiliencia y advertencia ecológica
Algunos paisajes cercanos al litoral y semiáridos del sureste de
Granada se han convertido, gracias a la profusión hídrica, en una
muestra de lo que la naturaleza puede generar en pocos días. El
llamado Cerro del Gato, bajo el que se ubica la localidad de
Albuñol, ha tornado su color a un verde intenso.
El agua ha favorecido el crecimiento de una biomasa compacta
formada por colonias de vinagreras (
Oxalis pes-caprae),
que pintan de amarillo un enorme manto verde bajo los almendros en
flor. Desde cada barranquera del cerro caían copiosas cascadas,
mientras los antiguos manantiales de la zona, llamados “minillas”,
volvían a aflorar.
Pero las lluvias torrenciales también han destrozado ecosistemas y
modificado el equilibrio de muchas zonas de Andalucía, aunque en
otras, con pluviosidad más moderada, los efectos hayan sido
positivos para el entorno natural. Los científicos advierten que
un año húmedo no compensa décadas de sobreexplotación de
acuíferos, gestión ineficiente del agua agrícola y las
consecuencias del cambio climático, que hacen más impredecibles
los patrones de precipitación.
Lo ocurrido muestra la fragilidad de los ecosistemas y que el agua
puede ser agente de resiliencia y recuperación ecológica si se
gestiona con inteligencia y respeto por los ciclos naturales.
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Una serie de reportajes para mostrar la riqueza natural
que nos rodea, sus ecosistemas y a sus singulares
habitantes.
Granada y las tierras del sureste de Andalucía poseen la
mayor diversidad biológica de Europa, parajes únicos para
vivir en tiempos de estío