Panda rojo / FOTO: J. E. GÓMEZ
Especies
amenazadas
Convención sobre el Comercio Internacional de Especies amenazadas
de Fauna y Flora Silvestre (CITES)
Del catálogo de 11.167 especies en peligro, 124 están englobadas
en las categorías de 'estado crítico' de extinción, en 'vías' de
extinción o 'vulnerables'.
1.200 especies en peligro en la Península Ibérica
Cristian Frers.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
República Argentina.
La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies
amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES) es un acuerdo
internacional concertado entre los Estados, que tiene por
finalidad velar por el comercio internacional de especies de
animales y plantas silvestres.
Se estima que anualmente el
comercio internacional de vida silvestre se eleva a millones de
dólares y afecta a cientos de millones de animales y plantas. El
comercio es muy diverso, desde los animales y plantas vivas hasta
una vasta gama de productos de vida silvestre derivados de los
mismos, como los productos alimentarios, los artículos de cueros
de animales exóticos, los instrumentos musicales fabricados con
madera, la madera, los artículos de recuerdo para los turistas y
las medicinas.
Los niveles de explotación
de algunos animales y plantas son elevados y su comercio, junto
con otros factores, como la destrucción del hábitat, es capaz de
mermar considerablemente sus poblaciones e incluso hacer que
algunas especies estén al borde de la extinción.
Muchas de las especies
objeto de comercio no están en peligro, pero la existencia de un
acuerdo encaminado a garantizar la sustentabilidad del comercio es
esencial con miras a preservar esos recursos para las generaciones
venidera.
Hoy en día, la Convención ofrece diversos grados de protección a
más de 30.000 especies de animales y plantas, bien se
comercialicen como especies vivas, como abrigos de piel o hierbas
disecadas.
La CITES se redactó como
resultado de una resolución aprobada en una reunión de los
miembros de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), celebrada
en 1963 . El texto de la Convención fue acordado en una reunión de
representantes de 80 países celebrada en Washington DC, Estados
Unidos de Norteamérica, el 3 de marzo de 1973 y entró en vigor el
1 de julio de 1975. Durante muchos años, la CITES ha sido uno de
los acuerdos ambientales más importantes y cuenta actualmente con
más de 150 miembros.
Principios Fundamentales
Reconociendo que la fauna y flora silvestre, en sus numerosas,
bellas y variadas formas constituyen un elemento irremplazable de
los sistemas naturales de la tierra, tienen que ser protegidas
para esta generación y las venideras.
Concientes del creciente valor de la fauna y flora silvestre desde
los puntos de vista estético, científico, cultural, recreativo y
económico.
Reconociendo que los pueblos y Estados deben ser los mejores
protectores de su fauna y flora silvestre.
Reconociendo además que la
cooperación internacional es esencial para la protección de
ciertas especies de fauna y flora silvestre contra su explotación
excesiva mediante el comercio internacional. Como funciona la
CITES
El objetivo de la CITES es someter el comercio internacional de
especies de determinada fauna y flora silvestre a ciertos
controles. Lo que significa que toda importación, exportación,
reexportación o introducción procedente del mar de especies
amparadas por la Convención sólo podrá autorizarse mediante un
sistema de concesión de licencias.
Las especies amparadas por
la CITES están incluidas en tres Apéndices, según el grado de
protección que necesiten:
A) Apéndice I: Se incluye todas las especies en peligro de
extinción. El comercio de esas especies se autorizará solamente
bajo circunstancias excepcionales.
B) Apéndice II: Se incluye especies que no se encuentran
necesariamente en peligro de extinción, pero cuyo comercio debe
controlarse a fin de evitar una utilización incompatible con la
supervivencia.
C) Apéndice III: Se incluye
especies que están protegidas al menos en un país, el cual ha
solicitado la asistencia de otras Partes en la CITES para
controlar su comercio. Cada Parte en la Convención debe designar
una o más Autoridades Administrativas que se encargan de
Administrar el sistema de concesión de licencias y una o más
Autoridades Científicas para prestar asesoramiento acerca de los
efectos del comercio sobre la situación de las especies.
Sólo podrá importarse o exportarse (o reexportarse) un animal o
vegetal de una especie incluida en los Apéndices de la CITES si se
ha obtenido el documento apropiado y se ha presentado al despacho
de aduanas en un puerto de entrada o salida. Aunque los requisitos
pueden variar de un país a otro y es aconsejable consultar las
legislaciones nacionales.
https://www.cites.org/esp/app/appendices.shtml La Secretaría
La Secretaría de la CITES
desempeña una función primordial para la Convención y sus
funciones son las siguientes:
-Desempeñar un papel de coordinación y servicio en la labor
de la Convención.
-Actuar como depositario de los informes, muestras de permisos y
otra información remitidas por las Partes.
-Realizar, en el marco de programas acordados, estudios
científicos y técnicos ocasionales sobre cuestiones que plantean
problemas de aplicación de la Convención.
-Preparar informes anuales para las Partes sobre su propio trabajo
y sobre la aplicación de la Convención.
-Organizar las reuniones de la Conferencia de las Partes y los
comités permanentes regularmente y prestar servicios a esas
reuniones.
-Formular recomendaciones sobre la aplicación de la Convención.
-Realizar cualquier tarea que le encomiende las Partes.
La Secretaría distribuye la información a la Partes por ejemplo,
mediante notificaciones, generalmente en los tres idiomas de
trabajo de la Convención: español, francés e inglés. Conferencia
de las Partes
Las partes (Estados
miembros) en la CITES se denominan colectivamente como la
Conferencia de las Partes. Cada dos o tres años, la Conferencia de
las Partes se reunen para examinar la aplicación de la Convención.
Estas reuniones, organizadas normalmente por una de las Partes,
suele durar dos semanas. Estas reuniones, que se denominan
frecuentemente CdPs, ofrecen una oportunidad a las Partes para:
-Examinar documentos de trabajo e informes presentados por
la Secretaria, las Partes, los comités permanentes y otros grupos
de trabajo.
-Tomar las medidas necesarias para velar por un buen
funcionamiento de la Secretaria.
-Recomendar medidas para mejorar la eficacia de la Convención.
Las reuniones son una buena
ocasión para que los participantes inicien o renueven relaciones y
examinan los problemas planteados y los éxitos cosechados. En las
reuniones de la Conferencia de las Partes participan no sólo las
delegaciones de las Partes de la CITES, sino también observadores.
Entre estos, los representantes de los Estados que no son Partes
en la CITES, de las organizaciones de las Naciones Unidas y de
otras convenciones internacionales. A juicio de las Partes,
también se autoriza la participación de observadores de
organizaciones no gubernamentales interesadas en la conservación o
el comercio, los cuales pueden participar sin derecho a voto. El
público en general también puede asistir pero no puede participar
en los debates. Comités Permanentes
A fin de facilitar la labor
de la Conferencias de las Partes y velar por la continuación de
los trabajos entre reuniones, la Conferencia a establecido cuatro
comités permanentes a fin que le presenten informes. Estos comités
son: el Comité Permanente, el Comité de Fauna, el Comité de Flora
y el Comité de Nomenclatura.
El Comité Permanente proporciona orientación política a la
Secretaría en lo que concierne a la aplicación de la Convención y
supervisa la administración del presupuesto de la Secretaría.
Además, coordina y supervisa, según proceda, la labor de los
Comités y los grupos de trabajo, realiza otras tareas encomendadas
por la Conferencia de Partes, y prepara proyectos de resolución
para presentarlos a la consideración de la Conferencia de las
Partes.
Entre las cuestiones más
relevantes abordadas por el Comité Permanente cabe señalar el
seguimiento de las desiciones para reanudar, de forma limitada,
las transacciones comerciales de elefantes, la conservación y el
comercio del tigre, problemas de observación en algunos miembros y
la preparación del Plan Estratégico de la Convención.
Los miembros del Comité
Permanente son países. Los miembros votantes son Partes que
representan a cada una de las seis regiones geográficas (Africa,
Asia, Europa, América del Norte, América Central, América del Sur,
el Caribe y Oceanía). El número de representantes refleja el
número de Partes de cada región.
Los miembros que representan a las regiones eligen la Presidencia
y la Vicepresidencia del Comité. Todas las Partes que no son
miembros del Comité Permanente tienen derecho a enviar
observadores a sus reuniones. Además, la Presidencia puede invitar
observadores de cualquier país u organización.
Los Comités de Fauna y Flora se establecieron para colmar las
lagunas en los conocimientos biológicos y especializados en
relación con las especies de fauna y flora que están (o podrían
estar) sujetas a controles comerciales de la CITES. Su finalidad
es proporcionar apoyo técnico en la toma de decisiones sobre
estas. Ambos comités tienen mandatos semejantes:
1) Realizar exámenes
periódicos de especies a fin de garantizar la apropiada
categorización en los Apéndices de la CITES.
2) Asesorar cuando ciertas especies son objeto de comercio
insostenible y recomendar medidas coercitivas.
La situación en Argentina
La cacería ilegal de la fauna autóctona es un flagelo que aumenta
constantemente en todo el mundo. En la Argentina, la persecución
despiadada de nuestra fauna por distintas técnicas de caza ha
puesto en jaque numerosas especies y comprometido su subsistencia.
La importancia de tal depredación ha convertido a nuestro país en
el primer exportador ilegal de animales silvestres de América
Latina, ya que más de 500 especies que conviven con nosotros se
hallan en peligro de extinción a causa de la desenfrenada cacería
practicada en montes, cursos de agua y selvas. Esto se debe a la
gigantesca demanda de pieles, cueros y carnes altamente cotizadas
en el mercado internacional. Ya desde los lejanos tiempos de la
conquista muchas especies fueron consideradas un importante
recurso peletero o plumífero y desde entonces sometidas a una
constante expoliación del recurso. Así se destacan los casos de la
vicuña y el lobo fino, hoy en una lenta recuperación, y la
chinchilla de estatus actual incierto como los más conspicuos.
Los motivos principales de
captura comercial de nuestra fauna pueden agruparse en: pilíferos
y/o plumíferos, e incluye en tal denominación la obtención de
cueros de aplicación en marroquinería; mascotas o animales
cautivos con fines canoros, ornamentales o de simple curiosidad y
en menor medida como recursos proteicos. Así se destacan en el
primer grupo los gatos manchados, los zorros, los zorrinos, los
lobitos de río, la vicuña, el guanaco, los pecaríes, la nutria o
coipo, las chinchillas, el carpincho, los suris o ñandúes, los
yacarés, las boas, las iguanas o lagartos overos entre los más
notables y presionados. En el segundo grupo figuran los monos, los
loros, los flamencos, los cisnes, los tucanes y numerosas especies
de passeriformes, además de peces y anfibios varios y entre los
reptiles de diversas especies de tortugas por solo destacar las
más perseguidas por este fin.
Sólo para dar algunos
ejemplos, se puede citar que hoy por hoy en la Argentina se cazan
tarucas en la Sierras de Ambato (Catamarca); venados de las pampas
en la Bahía de Samborombón (Buenos Aires); ciervos de los pantanos
en Iberá (Corrientes) y huemules en el Cerro Ventisquero (Río
Negro). Todos estos ciervos autóctonos se encuentran amenazados de
extinción y están protegidos legalmente a nivel provincial,
nacional e internacional.
En todos los casos existe
una cadena de comercialización con eslabones bastante bien
definidos que tienen su origen en los cazadores, por lo general de
extracción humilde encuentran en la captura de animales silvestres
su único medio de subsistencia o al menos un suplemento importante
para sus magros sueldos. Estos eslabones llevan el común
denominados de la miseria y están sometidos a los caprichos del
mercado que, a veces, no paga nada por un cuero o una piel que
demandó un significativo esfuerzo o sacrificio o bien lo abona por
un mínimo de su valor, y los restantes eslabones se quedan con
toda la ganancia.
Las deficiencias de control por parte del Estado, suelen provocar
equivocaciones de todo tipo. Aunque parezca increíble, en las
exposiciones anuales de la Sociedad Rural Argentina aún hay stands
de algunas provincias que exhiben artesanías de fauna silvestre
catalogada como de caza y comercialización prohibidas.
Un diagnóstico general de la caza en la Argentina revela que:
-Se cazan tanto especies permitidas como prohibidas, incluso
aquellas amenazadas de extinción.
-Tanto los cupos como las vedas se fijan arbitrariamente, sin
estudios previos y rara vez se respetan.
-Los controles quedan supeditados a la conciencia de los mismos
cazadores.
-Los permisos de caza se otorgan sin ningún tipo de examen previo.
-No existen exigencias suficientes para habilitar a los guías de
caza.
-La inversión en conservación por parte de los cazadores
prácticamente no existe.
-Los ilícitos no suelen ser denunciados a la justicia y cuando lo
son, los transgresores no reciben una pena que los desaliente.
-Las infracciones se
verifican desde todos los sectores sociales y culturales.
Debido a estos problemas, la Argentina constituye un polo de
atracción para cazadores extranjeros, que acuden por la llamativa
"generosidad" de las normas que regulan la caza de algunas
especies.
Es hora que los cazadores de
la Argentina realicen inversiones para apoyar la conservación "in
situ" de las especies que cazan y han cazado en el pasado. También
deben denunciar y marginar de manera frontal y organizada a
aquellos cazadores o empresas que realizan caza furtiva. La
Argentina necesita de esta actitud.
La Argentina contaba
originalmente con formaciones boscosas de gran potencial maderero
y leñero de haberse planificado adecuadamente su aprovechamiento.
En lugar de esto una explotación desenfrenada desde fines del
siglo pasado ha reducido los bosques nativos a un pálido reflejo
de lo que originalmente fueron, y quedan a veces sus existencias
actuales en una situación tan crítica que solo se puede recomendar
su protección total, vedando cualquier tipo de aprovechamiento
económico, para intentar reservar así esos escasos rodales como
bancos de germoplasma que permitan conservar valiosas especies y
alentar alguna vez campañas de recuperación de su potencial
forestal.
Podemos tomar como ejempla
la región chaqueña donde el quebracho colorado (Schinosis
balansae) fue víctima primera de la codicia humana
para obtener el "tanino" utilizado para curtir cueros que dio
lugar a la devastación de la cuña boscosa santafesina, para
extenderse poco tiempo después con la ayuda de los ferrocarriles a
todo el ámbito chaqueño incluyendo a la otra especie de quebracho
(Schinopsis torentzii) y el palo santo (Bulnesia
sarmientoi) de hermosa veta.
Últimamente la moda de los
muebles de algarrobo (Prosopis spp) ha puesto en un estado
de vulnerabilidad a las especies de este género que aun eran
relativamente abundantes. En las zonas del monte donde los
algarrobales dependían de las napas freáticas y formaban un
cinturón boscoso alrededor de unas salinas, su tala es una
invitación al avance del manto salino y al despoblamiento.
La actividad forestal no
solo se traduce en la obtención de madera, sino también en la
promoción del cultivo de especies de crecimiento rápido tanto sea
para la obtención de leña, como la celulosa, materia prima del
papel. Así se destacan los monocultivos de eucaliptos (Eucalyptus
spp) oriundos de Australia y pinos nativos de Norteamérica como el
eliotti (Pinus ellioti) y el taeda (Pinus taeda) los
que son preferidos por su rápido crecimiento, sin olvidarse de las
plantaciones de sauces (Salíx spp) tan comunes en los ámbitos
inundables del Delta del Paraná. Así las forestaciones exóticas
van reemplazando bosques o selvas autóctonas y cubren cada año una
mayor superficie apoyadas por los créditos fiscales, otorgados por
una razón mucho más económica que técnica o ecológica. En algunos
casos la insularización de ámbitos nacionales como ocurre en
algunos Parques Nacionales es otro efecto preocupante de estos
"bosques del silencio" o "desiertos verdes" como se los ha dado en
llamar por su valor prácticamente nulo como refugio o zona de
alimentación para la fauna autóctona.
El efecto de la
contaminación aún no ha sido convenientemente evaluado en su
impacto para la fauna en peligro de la Argentina y si bien no
sería causa principal de retroceso de nuestra vida silvestre, sin
duda debe ayudar a agravar la crítica situación de algunas
especies. Podríamos distinguir una contaminación aérea o
atmosférica ligada a los grandes centros urbanos e industriales y
a veces a plantas industriales particulares que producen efectos
graves incluso en la población humana. Seguramente este tipo de
contaminación es causa de pérdida o alejamiento de algunas plantas
o animales pero aún carecemos de información concreta que avale
esta presunción. Otras en cambio muestran una especial resistencia
a estas circunstancias como las calandrias que habitan las plazas
céntricas de la Ciudad Autonoma de Buenos Aires y que lucen a
simple vista más oscuras que las del campo por culpa del hollín y
el smog.
La contaminación acuática es
para muchas especies un enemigo potencial. Bastaría la conexión de
las plantas de desagües cloacales o industriales a algunos ríos,
arroyos o lagunas para acabar con especies endémicas de
distribución muy limitada. Los focos de contaminación acuática más
graves del país están sumamente dispersos y a veces son
causados por una sola industria. No obstante se puede señalar al
cinturón industrial La Plata-Buenos Aires-Rosario como uno de los
sitios más contaminados. Cuencas enteras como las del Riachuelo-La
Matanza, el Reconquista-Morón, el Luján, son reflejo de años de
convivencia antinatural con los recursos fluviales. La
contaminación costera del Río de la Plata alcanza proporciones
alarmanten que los habitantes de Buenos Aires y Alrededores desde
hace años, son advertidos del peligro de bañarse o ingerir sus
aguas. Pero lo mismo podría repetirse en cada río, arroyo, lago o
laguna del país que atraviese o bordee una ciudad, incluso la
cabecera oriental del Lago Lácar en el Parque Nacional Lanín y el
Lago Nahuel Huapi en varios sectores costeros denotan efectos de
una avanzada contaminación.
Se debe señalar el uso
masivo de agrotóxicos, en especial organoclorados de largo efecto
residual como el D.D.T. y sus derivados que causan anualmente la
mortandad de numerosas especies útiles a la agricultura o incluso
acuáticas debido al arrastre que sufren con las lluvias hacia los
ríos y arroyos. Si bien sus efectos aún no han sido debidamente
cuantificados, muchos ambientalistas culpan a las fumigaciones o a
los cebos tóxicos de animales muertos (especialmente aves) sin
daño externo alguno o de las desapariciones locales o temporales
ce ciertas especies.
Los problemas que afectan la
conservación de la extraordinaria diversidad de ambientes y
recursos naturales en la Argentina son múltiples y complejos.
Entre ellos, se destacan la expansión de actividades agropecuarias
y urbanas sobre los ambientes naturales, la falta de control sobre
la deforestación que sufren los bosques y selvas, el esquema de
generación y consumo de energía que no tiene suficientemente en
cuenta su derroche ni sus impactos ambientas, la sobreexplotación
pesquera en el Atlántico Sur e, incluso, la falta de control sobre
actividades turísticas. Todas estas actividades deben ser
analizadas en función no sólo de sus impactos particulares, sino
también del límite máximo de impactos ambientales que acumulan en
su conjunto.
Lista Roja de la UICN
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