SOSTENIBILIDAD Y ALIMENTACIÓN
EVOLUCIÓN
DE LOS COMPONENTES ALIMENTICIOS Y LA INDUSTRIA ALIMENTARIA
FELIPE BENAVIDES
Si bien los humanos somos esencialmente omnívoros, la dieta de un gran número de personas,
particularmente en los países ricos, es principalmente carnívora. Sin duda deberíamos de
asegurarnos que nuestra dieta alimenticia fuese equilibrada.
Uno de los factores y consecuencias del rápido progreso al que la humanidad se ve abocada,
particularmente a partir de la era industrial, es la evolución en la forma de la obtención y
procesamiento de los alimentos, particularmente en los países ricos.
Así, por ejemplo, el consumo de carne que para un gran número de ciudadanos ha aumentado respecto
a tiempos pasados, se ha concentrado en algunos tipos de carne como la de vacuno, porcino y ovino.
En el capítulo aviar, el pollo se ha convertido en la estrella, muy por delante del pavo. La carne
de caza, tan apreciada en otros tiempos, escasea o ha desaparecido del mercado.
Sin embargo, no hace muchos siglos que la carne apenas formaba parte de la dieta del pueblo llano
por cuanto no se la podían permitir. Por otra parte, hace tan solo unas décadas que, en tiempos de
crisis, esta fuente de alimento escaseaba en muchos países considerados ricos, incluso los
alimentos en general.
Solo los países en vías de desarrollo, o los más pobres, consumen especies tales como ciertos
insectos, serpientes, roedores y un largo etcétera. La carne de perro y de gato tan solo es
consumida en China, Vietnam y Corea del Sur. Parece ser que los caracoles, en principio, solo son
apreciados en países tales como Francia, España e Italia. China, Croacia, Turquía y Marruecos son
exportadores de este molusco.
Ciertos países rechazan el consumo de carne de caballo o de conejo, entre otros. En EE. UU., por
ejemplo, se exporta la carne de caballo particularmente a México y a Canadá, mientras que los
animales muertos son enterrados o incinerados pero no se consume su carne dado que es considerado
un animal exclusivamente para la práctica de deportes, o como mascotas, y el consumo de su carne
es tabú.
En dicho país, el bisonte, en otros tiempos, constituía la principal fuente de alimentación para
los indígenas americanos y, hasta el siglo XVII, era abundante. Sin embargo, a lo largo del siglo
XIX fue cazado prácticamente hasta su extinción. Recientemente se ha iniciado una campaña de
introducción de la carne de este animal. También se han hecho esfuerzos por introducir el consumo
de carne de canguro, caimán o avestruz en diferentes países.
Mientras tanto, en Europa y en Japón se consume desde épocas antiguas la carne de caballo. Se le
considera más dulce, tierna y nutritiva, con un mayor contenido de proteínas, más baja en grasas
que las de cerdo o ternera.
En el caso del conejo, en EE. UU, el Reino Unido y otros países, este animal ha pasado a ser
considerado un animal “adorable”, una mascota que, enjaulado, al igual que los hámsteres, hace
compañía a sus dueños. Sin embargo, parece ser que nadie se acuerda de que los tramperos, los
cazadores y los granjeros en general, lo comían no hace mucho tiempo, al igual que consumían carne
de ciervo, jabalí, y seguramente de los osos, lobos y demás animales que cazaban en principio por
sus pieles.
Por cierto, el consumo de los órganos internos -despojos comestibles-, entrañas o casquería,
así como de hígado, sangrecilla, tripas (o callos), asadura, mollejas, etc., y de charcutería y
embutidos, como es el caso de la morcilla, el hígado, las mollejas, etc., es cada vez menor. Y
entre estos cabe destacar el rabo de buey o los testículos de diversos animales, tales como los de
vacuno, porcino y bobino, los cuales son una gran fuente de minerales.
Ya son escasas las personas que crían animales, tales como gallinas, en sus casas y granjas, y se
atreven a sacrificarlos, desplumarlos y prepararlos para ser cocinados.
Naturalmente, en occidente en particular, la industria se encarga de sacrificar a los animales,
cuya carne viene conveniente presentada para su venta, envasada, congelada, a veces incluso
precocinada.
Los argumentos a favor de este progreso, entre otros la salud pública y la higiene, no convencen a
todos. Muchos argumentan que la humanidad se ha desarrollado durante milenios, millones de años,
aún sin contar con estos medios y que el riesgo de contagio de enfermedades se sigue dando a pesar
de las medidas actuales de higiene.
Un importante aspecto a considerar es el de la obesidad que causa el excesivo consumo de carne y
de un exceso de proteínas, junto al sedentarismo, además de perjudicar asimismo al planeta. Algún
país llega a alcanzar una tasa de hasta un 66 % de obesos o personas con sobrepeso. Otros
inconvenientes del excesivo consumo de carne roja y procesada son el cáncer, la diabetes, las
enfermedades cardiovasculares y del intestino o las enfermedades crónicas del hígado.
La carne picada de vacuno o de pollo –la hamburguesa- tan de moda en occidente, así como la
producción de carne, en general, hace que la ganadería intensiva, industrial, afecte así mismo al
medio ambiente.
En numerosos países, principalmente asiáticos, la dieta se basa fundamentalmente en el arroz, las
verduras, la fruta, los frutos secos y los vegetales, el pollo, el pescado, los mariscos, los
fideos de arroz y el huevo, los cuales también se hallan presentes, junto a las legumbres, en la
dieta mediterránea, consideradas ambas saludables y equilibradas.
En la actualidad cabe resaltar el incremento de vegetarianos en muchos países desarrollados, junto
a un cierto número de personas que siguen dietas especialmente ricas en nutrientes, proteínas e
hidratos de carbono, algunos de los cuales acaban padeciendo vigorexia. Sin duda estos regímenes
alimenticios también se alejen de una dieta equilibrada y beneficiosa.
La carne roja tiene un aporte calórico de unas 130 calorías por 100 gramos, 20 gramos de proteínas
de alto valor biológico, 5-6 gramos de grasas por cada 100 gramos y un aporte de colesterol de 59
mg/100 gramos. También posee pequeñas cantidades de otras vitaminas como vitamina E, el ácido
pantoténico y la biotina. Por todo ello, debemos tener presente la importancia de la carne como
fuente de alimento dado que es una fuente de proteínas de alto valor biológico, así como un
importante aporte de vitaminas y proteínas tales como B6 y B12, además de vitamina A.
Lo que no cabe duda es que la cultura -así como los intereses económicos- hace mella en las
diversas sociedades. La industria cárnica intensiva, industrial, solo mira al beneficio económico
fácil y rápido. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2020
consumimos 49,86 kilos de carne por persona, si bien la cifra recomendada por la OMS es de 21
kilos anuales. Cabe señalar que según datos de la FAO esta cifra es muy superior (en concreto de
98,76 kg por persona y año, es decir el doble) y nos sitúa como el mayor consumidor de carne de la
UE. En otros países se superan los 100 kg por persona y año. Hay que tener en cuenta, además, que
esta cifra es el resultado de un estudio estadístico en el que se incluye el total de la población
del país, incluidos niños, ancianos y personas que comen menos carne.
De hecho, el gobierno de los Países Bajos subvenciona a las ganaderías que deciden cerrar o
reducir el número de vacas o cerdos. Así mismo, cederá terreno estatal para que los animales
pasten libremente a fin de que se reduzca el número de granjas intensivas, industriales, que son
las más contaminantes.

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