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ALCORNOCAL DE LÚJAR

UN PARAÍSO DESTRUIDO POR EL FUEGO

Seguimos la evolución del alcornocal tras el incendio de 2015. Cinco años después la recuperación es lenta pero evidente

FOTOGALERÍA + VÍDEO 2020
LA SIERRA DE LÚJAR ANTES Y DESPUÉS DEL INCENDIO
J. E. GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE



LÚJAR 2020, EL ALCORNOCAL SE RECUPERA 5 AÑOS TRAS EL INCENDIO (Reportaje, fotogalería + vídeo)
2016, LA VIDA VUELVE A LÚJAR, UN AÑO TRAS EL INCENDIO
(Reportaje, fotogalería + vídeo)
ANTES Y DESPUÉS DEL INCENDIO (FOTOGALERÍA Junio 2015/8 julio 2015/junio 2020)
"LA SIERRA RECUPERARÁ SU IMAGEN EN SOLO 5 AÑOS" (Frnacisco Valle)
2015- EL BOSQUE PERDIDO * EL ALCORNOCAL ANTES DEL INCENDIO
El último recorrido por un paraje desaparecido para siempre, las imágenes y sensaciones que no volverán a ser captadas
Días antes del incendio de Lújar, recorrimos el alcornocal para elaborar un reportaje que mostrase el alto valor de un bosque singular, un trabajo periodístico y de divulgación científica que publicamos ahora como documento para la historia

BIODIVERSIDAD (Especies presentes en este espacio natural)


El incendio que asoló el alcornocal de Lújar

El día 8 de julio un incendio se inició en la zona suroeste de las las laderas de la sierra del Jaral, en la Sierra de Lújar, a pocos kilómetros de la localidad, que se extendió hacia el interior del alcornocal. El fuego, que se mantuvo activo durante 44 horas, calcinó más del 80% del territorio de este municipio y la totalidad el alcornocal, un paraje natural de alto valor ecológico que aunque se originó con plantaciones de alcornoques para la extracción de corcho, se había naturalizado y convertido en seña de identidad de esta zona de la provincia de Granada.


VÍDEOS * RECORREMOS EL ALCORNOCAL 5 AÑOS DESPUÉS DEL INCENDIO
VÍDEO: MERCHE S. CALLE Y  J. E. GÓMEZ



LÚJAR 2020, EL ALCORNOCAL SE RECUPERA 5 AÑOS DESPUÉS DEL FUEGO

SEGUIMOS LA EVOLUCIÓN DEL ECOSISTEMA TRAS EL INCENDIO DE 2015
Las laderas lucen un manto verde con nuevas copas de alcornoques, en una recuperación natural que los expertos consideran un éxito

JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE * WASTE MAGAZINE
Flores moradas, blancas y amarillas de diversas especies de jaras, destacan como puntos de luz en el manto verde y frondoso que cubre la ladera sureste de la sierra de la Jara, englobada en la conocida como sierra de Lújar. La vegetación recupera su territorio en un espacio natural que hace cinco años, el 8 de julio de 2015, se convertía en pasto de las llamas y destruía uno de los dos únicos alcornocales de la provincia de Granada y del sureste ibérico. Un alcornocal plantado 150 años antes y que había generado un ecosistema único en estas latitudes, con profusión de especies de flora y fauna asociadas a la presencia de los grandes árboles y al abrigo de la umbría y el alto nivel de humedad, que lograban retener en parajes que aprovechan el influjo del mar y la presencia habitual de nubes y brumas ‘acostadas’ en sus laderas. (...)



(...) Han sido un lustro de espera en el que se ha permitido la regeneración natural del ecosistema, que la vegetación pudiese rebrotar y que nuevas especies colonicen el territorio. El catedrático de Botánica de la Universidad de Granada, Francisco Valle, indicó tras el incendio que había que esperar cinco años para poder apreciar la evolución del alcornocal, pero que la intervención humana no debía ir más allá de la consolidación del suelo en puntos donde fuese necesario y permitir que la naturaleza siguiese su curso. “Ahora, en esta primavera de 2020, podemos decir que la evolución es muy positiva. El ecosistema se está recuperando poco a poco, sin olvidarnos de que el fuego lo destruyó casi por completo. Los alcornoques, muchos de ellos, vuelven a cubrirse de hojas y se consolidan, mientras que la vegetación arbustiva es la que tenía que ser”, afirma Francisco Valle. Para este botánico, especialista en regeneración y recuperación vegetal, la vegetación mediterránea ha respondido de forma evidente, como ocurrió en los alcornocales de Coín (Málaga) que también se quemaron, por lo que este científico opina que la zona llegará a un alto grado de recuperación, aunque aún habrá que esperar. Francisco Valle, señala que, al contrario de los alcornoques,  los pinos han desaparecido y solo quedan los troncos quemados, que servirán también para la recuperación. “Es bueno que no se haya realizado una saca de la madera quemada porque esos troncos, al caer, fertilizan el suelo y alimentan a las especies que sí han podido sobrevivir”.



De 2015 a 2020

Hemos seguido la evolución de la sierra de la Jara. Caminamos por sus senderos unos días antes de que se produjese el gran incendio de 2015 y al día siguiente del fuego. Volvimos un año después y, ahora, cinco años más tarde, se aprecia como la naturaleza recupera su territorio. Desde la costa y la localidad de Castell de Ferro, se divisa el monte que asciende desde la mancha blanca del pueblo de Lújar. Era una extensión de tierra quemada sobre la que destacaban los ‘molinillos’ de energía eólica. Ahora, el color ceniza ha dejado paso al verde en todo el territorio. Desde las casas y calles de la pequeña población, la imagen de su sierra ya no es tan triste y deja paso a la esperanza. Los caminos del área del incendio se han cubierto de arbustos, han sido colonizados por especies de jaras, sobre todo la jara pringosa, hierbas de los granos, zarzamoras, jaras del diablo con sus flores amarillas, cardo cucos, centaureas de florecillas moradas, aulagas, hinojos, e incluso especies de lianas como las zarzaparrillas, rubias y madreselvas, que colonizan los espacios situados en las zonas más umbrías.

Aún queda una nutrida representación de brezo blanco que crecía en abundancia en esta zona, en el desaparecido bosque. Ahora estas plantas se han refugiado bajo los alcornoques que han logrado rebrotar. Todas ellas son especies que, según Francisco Valle, forman parte de lo que se conoce como serie de vegetación del alcornocal y de su evolución en el caso de que se hubiesen talado los alcornoques. “Se habría generado un madroñal y, más tarde, un brezal y cantuesal. Ahora, como muchos de los alcornoques han rebrotado, no domina el madroñal, que ha vuelto a los barrancos y zonas más umbrías, sino que prosperan especies típicas de coscojales, como lentiscos, espino negro y juníperos, con menores requerimientos hídricos”.



Junto con el coscojal (la coscoja es como una encina especialmente achaparrada) cinco años después del fuego, sus especies asociadas dominan el territorio junto con las propias del jaral mediterráneo, donde también hay lavandas, tomillos y mejoranas, además de cantuesos. Para Francisco Valle, la presencia de diferentes tipos de vegetación y el hecho de que se mantienen muchos alcornoques y madroños, que crecen perfectamente en los barrancos, “significa que la recuperación ha sido total. Han cambiado unas especies por otras”. La merma en niveles de humedad por la desaparición del bosque ha sido sustituida por otras fuentes que aprovechan las plantas, como el rocío, brumas y la influencia marina, lo que queda patente por la regeneración de pequeños bosquetes.
Desgraciadamente ya no existen los grandes alcornoques que cubrían los caminos y servían de protección para otras plantas y un gran número de especies de fauna. Los pinos, en su mayoría Pinus pinaster, desaparecieron y, con ellos, una verdadera legión de aves forestales. Los restos de pinar se aprecian ahora como un bosquete muerto de palillos que se alzan al cielo entre el matorral. Al fondo de la ladera que mira hacia Alborán, cuatro grandes pinos halepensis sí han logrado recuperarse en las zonas más altas de sus copas. Eran iconos de este espacio y continúan mirando al mar. El fuego mantendrá su huella durante décadas, pero la naturaleza parece dispuesta a ganar la batalla.





REPORTAJES, EVOLUCIÓN DEL ALCORNOCAL


2016-
Un año del gran incendio - 8 de julio 2015 / 8 de julio 2016

La vida vuelve a Lújar
Las plantas vuelven a florecer en las laderas calcinadas, donde la naturaleza afianza su poder de  recuperación Francisco Valle Catedrático de Botánica - UGR
«La sierra recuperará su imagen en solo cinco años» 
2015- El bosque perdido
El último recorrido por un paraje desaparecido para siempre, las imágenes y sensaciones que no volverán a ser captadas
Por Juan Enrique Gómez y Merche S. Calle
Días antes del incendio de Lújar, recorrimos el alcornocal para elaborar un reportaje que mostrase el alto valor de un bosque singular, un trabajo periodístico y de divulgación científica que publicamos ahora como documento para la historia


2015- Lújar, el día de antes... y después del fuego
Un entorno natural privilegiado con campos de almendros,  cultivos de primor y cortijos.
Fotogalería comparativa

2015- Rebrotarán en unos meses
Expertos afirman que casi todos los alcornoques se recuperarán con un otoñó lluvioso
«Si llueve veremos verdear las laderas de Lújar en muy poco tiempo», afirma el catedrático de Botánica Francisco Valle, que confía en la posibilidad de regeneración de las especies mediterráneas.


ANTES Y DESPUÉS



FOTOGALERÍA: ANTES DEL INCENDIO, TRAS EL INCENDIO Y 5 AÑOS DESPUÉS
Fotos: Juan Enrique Gómez (antes del incendio y en 2020) y Javier Martín (tras el incendio)
Fotogalería con imágenes realizadas antes del incendio para la elaboración del reportaje El bosque perdido y tras el incendio buscamos los mismos lugares para mostrar el efecto del fuego.

LÚJAR, EL DÍA DE ANTES... Y DESPUÉS DEL FUEGO

Las laderas de la sierra del Jaral eran hasta el 8 de julio de 2015 uno de los escasos reductos donde aún se manteníanlos usos tradicionales de la tierra, con la sostenibilidad como base de su economía

J. E. GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE * IDEAL Y WASTE MAGAZINE
Reportaje publicado el día 9 de julio de 2015
La tierra cambió su imagen. Desde los altos de Gualchos y las playas del litoral oriental, la sierra de Lújar ya no es lafranja de color verde oscuro sobre la que se dibuja una línea de molinillos de viento, con una casi permanente bruma entre sus vaguadasy barrancos que intenta, sin conseguirlo, superar una altitud de casi un millar de metros y aporta un gradiente de humedad que durante mileniosha permitido la pervivencia de ecosistemas mediterráneos húmedos e, incluso, de bosques  propios de territorios atlánticos,alcornocales convertidos en los más meridionales de la Península y los más altos de Europa. El fuego ha destruido las tierras y la forma de vida de un municipio que había convertido sus valores naturales en una de sus principales señas de identidad. El día 8 dejulio marca un antes y un después para la historia de Lújar sus gentes y para aquellos que conocieron sus campos y senderos. Estasimágenes se tomaron horas antes de saltar las llamas. Con el fuego se han ido gran parte de los cortijos que se encontraban en las laderasNoreste de la sierra –llamada del Jaral–, algunos de ellos dedicados a la agricultura tradicional, con plantaciones de almendros, árbolesfrutales y parcelas aterrazadas de cultivos de primor, los clásicos de la Alpujarra y la Costa.  Hasta antes de ayer, la naturaleza seadentraba en el pueblo de Lújar. Los senderos de acceso a sus bosques empezaban en la calle principal de un núcleo de poblaciónque miraba a sus montes y barrancos, y ascendía, entre matorral mediterráneo, junto a orquídeas en primavera y verano, lentiscos,lavandas y cantuesos, difíciles de encontrar en otros puntos de la Costa, y hasta pinares, que aunque de repoblación, estaban yanaturalizados, entre los que viejos cortijos habían sido convertidos en casas rurales vacacionales en contacto directo con el medio natural.

El fuego ha truncado el esfuerzo de los vecinos de un municipio que desde hace años apostaba por la comunión con el ecosistema.En el alcornocal y zonas limítrofes, varios complejos rurales se habían convertido en destino de personas amantes del ecoturismo.Un municipio de bellos parajes con montes teñidos de verde.


REBROTARÁN EN UNOS MESES
Expertos afirman que casi todos los alcornoques se recuperarán con un otoñó lluvioso
«Si llueve veremos verdear las laderas de Lújar en muy poco tiempo», afirma el catedrático de Botánica Francisco Valle, que confía en la posibilidad de regeneración de las especies mediterráneas

JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE  * IDEAL Y WASTE MAGAZINE
Reportaje publicado el día 9 de julio de 2015
La capacidad de vencer al fuego que posee la flora autóctona que crece en el sur de la provincia de Granada es asombrosa. La vegetación esta preparada para volver a crecer, ya sea renacer en sus pies calcinados o reproducirse a partir de las semillas que han quedado bajo las cenizas. Los expertos ofrecen una visión esperanzadora tras la catástrofe de Lújar:  «Los alcornoques son los árboles que antes rebrotan tras el fuego. La corteza de corcho les protege y logran recuperarse  de forma rápida», afirma el catedrático de Botánica de la UGR y especialista en regeneración vegetal, Francisco Valle, que se basa en la experiencia puesta en práctica en un gran incendio que se produjo en la localidad malagueña de Coín en 2012, «donde solo tres meses después, en los alcornoques aparecieron ramas verdes de más de 20 centímetros que salían de troncos aparentemente calcinados».  Las especies mediterráneas, afirma Valle, están preparadas para volver a colonizar los territorios incendiados, pero es necesario no interponer obstáculos que les impidan crecer de nuevo y recrear el ecosistema perdido.


FRANCISCO VALLE, catedrático de Botánica de la UGR.
«Según los datos que nos aportó el incendio de Coín, una zona similar en cuanto a temperaturas medias y altitud a la de Lújar, sería posible decir que todos los alcornoques se recuperarán. Lo harán más rápido o más lento dependiendo de la pluviosidad que se produzca con la llegada del otoño. En Coín los primeros Quercus suber que verdearon lo hicieron a los tres meses del incendio, y a los cuatro ya se veían algunos de ellos con brotes muy densos», dice Valle, que no puede predecir el tiempo que habrá que esperar para ver ramas verdes en los alcornoques de Lújar, «pero tiene que ser un periodo similar si se producen lluvias. Hay que tener en cuenta que los meses que pasaron tras el incendio de Málaga y la siguiente primavera fueron muy lluviosos, lo que favoreció el crecimiento de las plantas, tanto de los alcornoques como de una gran cantidad de especies de matorral mediterráneo». Hay que tener en cuenta que en las laderas de Lújar se registran niveles de lluvia mucho más elevados que en la sierra de Coín. En Lújar cae una media anual de entre 600 y 1.000 milímetros (es decir 600 y 1.000 litros por metro cuadrado al año), una cantidad que se considera muy alta en relación con el resto de la provincia de Granada, lo que ha favorecido siempre la permanencia del alcornocal y su vegetación asociada. Las primeras plantas que aparecerán sobre las cenizas del incendio serán especies representantes del matorral mediterráneo, brezos, torvizcos, laviérnagos y esparragueras, que poseen una enorme capacidad de regeneración. Junto a ellas, al inicio de la primavera, podrían aparecer plantones de una de las especies más habituales hasta ahora en este lugar, la jara pringosa, que junto a otras jarillas, tapizarán de verde, rosa y blanco las laderas, que para la primavera, si ha llovido, ya se podrán ver cubiertas de una capa verde. «Esto hará que el paisaje cambie de forma considerable y el aspecto ya no sea el de un área calcinada. La primavera aporta siempre un valor añadido a un territorio, pero en este caso supondrá un signo de esperanza», afirma el botánico.

Paciencia

Aunque los resultados de la acción de la naturaleza se verán pronto, es necesario tener paciencia. No hay que correr para recuperar el territorio quemado. «Es muy importante no destrozar los suelos donde están las semillas, ni retirar los pies calcinados, porque en su mayoría podrán rebrotar. Es algo que se verá en poco tiempo», dice Francisco Valle, que entiende que en los pueblos las gentes quieren recuperar lo perdido cuanto antes, y las administraciones se ven presionadas para repoblar, «pero sería un grave error que ya se ha cometido en muchos sitios, entre otros en el reciente incendio de Cenes». Lo que sí hay que hacer es intervenir en la prevención de la erosión que la ausencia de árboles y matorral puede provocar. Hay que evitar movimientos de tierras en barrancos y espacios de correntía, con las construcción de diques, pero «no hay que arrancar ni replantar ejemplar quemados. La clave está en esperar» La situación geográfica de este espacio, y en particular del alcornocal, favorecerá su regeneración, ya que las casi constantes brumas que suben desde el mar y la bonanza de las temperaturas serán elementos fundamentales que ayudarán a la recuperación. Hay que esperar. Muy pronto, al paso del verano y el otoño, veremos verdear las laderas de Lújar. 


VÍDEOS * 2016 PRIMER ANIVERSARIO DEL INCENDIO
VÍDEO: MERCHE S. CALLE Y  J. E. GÓMEZ



2016, LA VIDA VUELVE A LÚJAR
Un año del gran incendio - 8 de julio 2015 / 8 de julio 2016

Las plantas vuelven a florecer en las laderas calcinadas, donde la naturaleza afianza su poder de  recuperación
La sierra de Lújar recupera el verde. Los alcornoques rebrotan entre corchos calcinados, mientras la vegetación mediterránea abre la senda de la esperanza

JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE * WASTE MAGAZINE
El canto de los herrerillos, pinzones y carboneros vuelve a estar presente en las laderas de la llamada sierra de la jara, al oeste de la localidad de Lújar, el lugar donde hace un año, el 8 de julio de 2015, un incendio convirtió en cenizas uno de los parajes naturales mejor conservados de la provincia de Granada, donde crecía uno de los alcornocales más orientales de la península Ibérica. Entre las tierras quemadas, donde los árboles aún se alzan al cielo con sus brazos carbonizados, el color ha cambiado, el negro deja paso al verde, amarillo y rosado de los nuevos brotes de plantas que desafían los efectos del fuego y lograron mantener a salvo sus semillas, donde los alcornoques, bajo la capa de corcho quemada, seguían recibiendo la savia que, tras las lluvias del invierno y la primavera, ha logrado dar vida a nuevas ramas que rodean los troncos quemados y se muestran como penachos verdes que intentan aprovechar la humedad de las brumas que desde el Mediterráneo, a solo cuatro kilómetros en línea recta, se concentran en las vaguadas y barrancos. (...)


FOTOGALERÍA UN AÑO DESPUÉS DEL INCENDIO, FOTOS: J. E. GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE

(...) Un año después, pasear por los senderos que se adentraban en un bosque mixto de alta calidad ecológica, transmite una sensación de tristeza y dolor, centenares de árboles muestran los efectos del fuego, pero entre ellos, sobre las rocas calcáreas, en  los bordes de los caminos, en las umbrías, las flores moradas y blancas de las madreselvas, Lonicera implexa, a la que llaman liana trepadora,  se enredan a centenares entre los troncos. Sorprende la profusión de pequeñas flores compuestas, amarillas y blancas  que salpican la tierra, con centenares de tallos y flores de Árnica (Pulicaria odora) que se ha convertido en el más claro exponente de la recuperación del suelo y la viabilidad de las laderas, sobre las que se extiende una capa de verde formada por numerosas especies de plantas tapizantes, entre las que la vegetación mediterránea logra recuperar el terreno que perdió tras el incendio, y en el sotobosque, numerosas plantas de brezo blanco, Erica arbórea, comienzan a aparecer entre las cenizas. (...)



(...)
En los bordes del camino vuelven a crecer densos matorrales de zarzaparrilla, entre los que sobresalen altos tallos de Phlomis purpurea, los matagallos, que al igual que la mayoría de las especies que ya han logrado rebotar son bioindicadores de los pisos termo y mesomediterráneo, a los que pertenece esta zona de la sierra de Lújar. Al poco tiempo del incendio aparecieron numerosas matas de torvizco, y en las huellas de las máquinas excavadoras utilizadas para retirar materiales quemados, crecía Scorzonera angustifolia,   conocida como tetas de vaca, junto a grandes umbelíferas de flores amarillas, Thapsia villosa, y Bituminaria bituminosa, la hierba de los granos, entre otras muchas. «Es como era de esperar si se dejaba a la naturaleza actuar», recuerda el catedrático de Botánica de la UGR y especialista en regeneración vegetal, Francisco Valle, que aseguró tras el incendio que en unos meses se notaría la regeneración. 

Hay aladiernos. Los arbustos se adueñan de nuevo del  sotobosque y umbrías. Entre los troncos quemados de los alcornoques aparecen masas vegetales de un verde intenso, son madroños, uno de los árboles más delicados de los espacios boscosos húmedos mediterráneos. Aportan una imagen de frescor y vida entre el negro y gris de las cenizas. En el interior del bosque aparecen sorpresas como largas ramas de hojas palmeadas. Son higueras, una de las especies más apreciadas y conocidas en el sureste ibérico. Mientras los alcornoques comienzan su recuperación, un año después, los pinos no dan muestras de vida. La mayor parte del pinar, con algunos ejemplares de gran tamaño, no son más que maderas calcinadas. Unos pocos pinos situados junto al antiguo cortijo de la explotación de corcho del alcornocal, aún mantienen un aspecto similar al que tenían antes del incendio. Fueron los únicos que se salvaron del fuero. Y desde allí, desde la ladera, los hoteles rurales recuperan también su actividad, el verde rodea las instalaciones y parece ofrecer un futuro prometedor.

Las tareas de contención de la erosión, diques y muretes en el monte, han logrado contener la deriva de tierras, pero la carretera de acceso entre Motril y Lújar sigue cortada y obliga a los vecinos de esta zona a bajar hasta Castell de Ferro para conectar con Motril, Almería o Granada. En el interior del viejo alcornocal de Lújar, los insectos polinizan las plantas. Vuelan abejas y otros muchos himenópeteros, que junto a mariposa y coleópteros aprovechan el néctar de las flores. En la sierra del jaral, englobada en la de Lújar han vuelto a crecer pies de jara pringosa, la especie que da nombre un territorio que vuelve a vivir tras haber conocido el fuego del infierno.



Zarzaparrilla crece entre los restos de bosque calcinado

FRANCISCO VALLE, Catedrático de Botánica - UGR

«La sierra recuperará su imagen en solo cinco años» 

La vegetación mediterránea ha cumplido con las expectativas y comenzó a rebrotar a las pocas semanas del incendio. Ahora, un año después, algunas plantas fundamentales para el futuro del bosque han alcanzado ya la mitad de su tamaño adulto, indica el botánico Francisco Valle, que afirma que los alcornoques han rebrotado casi en su totalidad y en un plazo de cinco años aportarán a la sierra una imagen que hará olvidar, en gran parte, el efecto devastador del fuego.
Afirma que mientras entre los alcornoques la masa vegetal se recupera, y los árboles ya lucen sus retoños, en las zonas donde el pinar era más denso,  no ha vuelto a crecer nada por la gran intensidad que alcanzó el fuego. Cree que es el momento de plantearse no volver a plantar pinos en los lugares donde se encontraban y dejar que el matorral comience a tapizar las laderas, en las que desde hace meses, con las lluvias del invierno, comenzaron a crecer masas de palmitos, torvizcos y madreselvas.


JUNIO DE 2015 / DÍAS ANTES DEL INCENDIO

VÍDEOS * ALCORNOCAL DE LÚJAR, ANTES DEL INCENDIO
Imágenes y reportaje realizado en junio de 2015, unos días antes del incendio
VÍDEO: MERCHE S. CALLE Y  J. E. GÓMEZ




EL ALCORNOCAL DE LÚJAR ANTES DEL INCENDIO

EL BOSQUE PERDIDO

UN PARAÍSO ÚNICO EN EL SURESTE IBÉRICO
El último recorrido por un paraje desaparecido para siempre, las imágenes y sensaciones que no volverán a ser captadas

JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE * WASTE MAGAZINE (textos, fotos y vídeos)
Tenían los troncos desnudos, la corteza vegetal mostraba un color rojizo y delataba que durante años, al menos un lustro, estuvo cubierta de corcho. Eran grandes árboles, algunos de ellos con más de diez metros de altura y espesas copas de hoja caduca, alcornoques (Quercus suber) que cubrían un territorio que desde las cumbres más elevadas de la Sierra de Lújar, caían hacia el mar. Ejemplares de repoblación que ocuparon los espacios conocidos como la sierra del Jaral y el cerro de la Campana Ariza, entre 550 y 950 metros de altitud. Un denso bosque que colonizó ecosistemas hacia oriente, más allá de donde se encuentra su óptimo de crecimiento y supervivencia, un alcornocal que junto con el del Haza del Lino, en la cumbre de la Contraviesa, eran los más meridionales de la península Ibérica y los más altos de Europa.



(..)
No es fácil encontrar este tipo de comunidades vegetales en la provincia de Granada. Pero la  climatología de esta zona ha favorecido siempre las necesidades de una especie que está considerada como subatlántica y con mayor presencia en el Mediterráneo occidental. Las máximas extensiones de esta especie se encuentran en el Parque de los Alcornocales de Cádiz, el norte de la provincia de Huelva y en el Algarve portugués. Pero a mediados del siglo XIX, la familia Martín-Moré, decidió incrementar la presencia de alcornoques, Quercus suber y a los autóctonos se sumaron otros de repoblación que completaron espacioes en estas laderas, y especialmente en el Haza del Lino. Los alcornocales, durante décadas fueron una parte importante de la economía de pueblos como Lújar, Gualchos, Polopos y Sorvilán.  El mantenimiento del alcornocal de la sierra del Jaral, evitó durante mucho tiempo la especulación y sobre todo facilitó la naturalización de un territorio al que se sumaron algunos pinares de repoblación, pero que gracias a la mínima alteración ecológica del suelo y su entorno, permitió el crecimiento de la vegetación típica de una ladera mediterránea, y especies que suelen vivir junto a alcornoques y ecosistemas donde hay un alto grado de humedad. Un alcornocal que logró resistir siglos de evolución y que no pudo sobrevivir al fuego.




Nieblas y brumas

Los botánicos, F. Valle, M.T. Madrona, y C. Salazar, de la Universidad de Granada, afirmaban en un estudio científico sobre este singular alcornocal, que la especie más abundante en el matorral era Cistus ladanifer, llamada vulgarmente jara pringosa, «que coloniza el bosque, clareado con gran eficacia, gracias a su enorme producción de semillas. No faltan los elementos termófilos propios de las formaciones termomediterráneas, los acebuches (Olea europaea var sylvestris), palmitos (Chamaerops humilis), y zarzaparrillas (Smilax aspera)». Todo un elenco de especies poco habituales en un territorio tan meridional como la cara sureste de la sierra de Lújar. Un bosque que se mantenía gracias a la presencia continuada de nieblas y brumas que ascienden desde el mar y que al no poder superar la altitud de la sierra de Lújar permanecen para alimentan flora y fauna. Era fácil oír el canto de una gran diversidad de aves forestales: herrerillos, carboneros, pinzones y las omnipresentes tarabillas, que compartían ecosistema con aves rapaces, como azores y águilas calzadas, y nocturnas como los mochuelos.

A pesar de ser un espacio de propiedad privada era posible pasear por algunos de sus senderos y conocer la belleza y magnitud de un verdadero islote botánico. La proximidad a la localidad de Lújar favorecía el acceso a caminos que, en la mayor parte de su recorrido, aún tienen el mar como paisaje de fondo. La carretera que desde Carchuna conecta con Lújar, por la sierra del Conjuro, cruza el corazón del territorio que ocupó el bosque, bajo el parque eólico que corona la cresta de las colinas. A unos tres kilómetros antes de llegar al pueblo, el viejo camino de acceso a los antiguos cortijos de esta finca recorría algunos de los mejores parajes para disfrutar del bosque y sus secretos, perdidos para siempre. Desde Lújar, en la zona alta, todavía parte un sendero que entre vaguadas y barrancos ascendía hacia la zona baja del alcornocal. Un camino de gran belleza en el que era posible respirar el aire húmedo del litoral y conocer la esencia del sur de Granada: agrestes laderas de cortados y vaguadas que se hunden en el mar.

La sierra y los acantilados litorales

La declaración como parque natural de la sierra de Lújar, posiblemente no habría evitado un incendio de estas características, pero habría contribuido a un mayor control de las infraestructuras que se encontraban en el interior de los bosques y parajes naturales de este entorno. Esta sierra aún posee biodiversidad y valores ecológicos más que suficientes para obtener la declaración de parque natural, un territorio que debe intregrar la ladera norte hacia Órgiva, el alcornocal del  Haza del Lino y los tajos, acantilados y calas desde Calhonda a Castell.

Explotaciones de corcho en parajes naturalizados
La plantación de alcornoques que a mediados del siglo XIX realizó Emilio Moré, en las laderas de Lújar y el Haza del Lino, se habían convertido, 150 años después, en parajes privilegiados que se mantuvieron inalterados y naturalizados gracias a su explotación como productores de corcho, que se ‘sacaba’ cada nueve años. Tras el incendio de Lújar, solo queda el alcornocal del Haza del Lino, el bosque de Quercus  suber más alto de Europa.



BIODIVERSIDAD

Especies presentes en este espacio natural

Erica arborea (Brezo blanco)


Arbutus unedo (Madroño)

 
FLORA * VEGETACIÓN
Agave americana (Pita)
Andryala integrifolia
Antirrhinum controversum
Antirrhinum hispanicum (Rompepiedras)
Anthyllis cytisoides
Arbutus unedo (Madroño)
Aristolochia baetica (Aristoloquia)
Artemisia barrelieri
Artemisia campestris subsp glutinosa
Asparagus albus
Asperula hirsuta
Asphodelus macrocarpus (Asfodelo)
Bituminaria bituminosa
Capparis spinosa, (Alcaparra)
Castanea sativa (Castaño) Ceratonia siliqua (Algarrobo)
Cerastium glomeratum
Chamaerops humilis (Palmito)
Cistus albidus (Jara blanca)
Cistus clusii (Romero macho)
Cistus ladanifer (Jara pringosa)
Cistus monspeliensis (Jaguarzo negro)
Cistus salvifolius (Jara negra)
Clematis flammula (Clematide)
Convolvulus althaeoides
Crupina cupinastrum
Cynoglossum cheirifolium subsp cheirifolium
Daphne gnidium (Torvisco)
Dittrichia viscosa
Erica arborea (Brezo blanco)
Euphorbia nicaeensis
Ficus carica (Higuera)
Foeniculum vulgare (Hinojo)
Galactites tomentosa
Genista umbellata (Bolina)
Geranium robertianum
Halimium atriplicifolium
Hedera helix (Hiedra)
Helichrysum stoechas (Manzanilla mala)
Helminthotheca echioides
Hiperium perforatum
Juniperus oxycedrus (Junípero)
Lathyrus clymenum Lavandula multifida (Alhucemilla)
Lavandula stoechas (Cantueso)
Lavatera oblongifolia (Malva de la Alpujarra)
Lobularia maritima
Lonicera implexa (Liana trepadora)
Macrochloa tenacissima /Stipa tenacissima (Esparto)
Neotinea maculata
Olea europaea (Olivo)
Ononis natrix
Ophrys apifera (Orquídea abeja)
Ophrys lutea Ophrys speculum
Ophrys tenthredinifera
Opuntia- ficus-indica (Chumbera)
Orchis collina
Ophrys fusca (abejera oscura)
Ophrys scolopax
Orchis mascula
Orchis papilionacea
Oxalis pes-caprae (Vinagreta)
Pallenis spinosa
Petrorhagia nanteuilii 
Phagnalon rupestre (Yesquera)
Phillyrea angustifolia (Labiernago)
Phlomis lychnitis (Candilera)
Phlomis purpurea (Matagallo)
Phonus arborescens
Pinus halepensis
(Pino carrasco)
Pinus pinaster subsp.acutisquama (Pino maritimo)
Pistacia lentiscus (Lentisco)
Pistacia terebinthus (Cornicabra)
Prunus dulcis (Almendro)
Pulicaria odora
Ptilostemon hispanicus
Quercus coccifera (Coscoja)
Quercus suber (Alcornoque)
Ranunculus spicatus sbsp. blepharicarpos
Reichardia tingitana Rhamnus alaternus (Aladierno)
Rhamnus lycioides subsp lycioides  (Espino negro)
Rhamnus myrtifolia (Carrasquilla)
Rosmarinus officinalis (Romero)
Rubia peregrina (Rubia silvestre)
Rubus ulmifolius (Zarzamora)
Rumex induratus
Santolina chamaecyparissus
Scirpoides holoschoenus (Junco churrero)
Scorzonera angustifolia
Sherardia arvensis
Silene gallica
Silene vulgaris
Smilax aspera (Zarzaparrilla)
Spartium junceum (Retama de olor)
Stellaria media (Pamplina)
Tamus communis (Nueza negra)
Teucrium fruticans (Salvia amarga)
Thapsia villosa (Zumillo)
Thymbra capitata (Tomillo aceitunero)
Thymelaea hirsuta (Bolaga)
Trifolium angustifolium
Trifolium campestre
Ulex parviflorus (Aulaga)
Umbilicus rupestris (Ombligo de venus)
Vicia psedocracca
Vitis vinifera (Vid)


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PAISAJES Y BIODIVERSIDAD

Una serie de reportajes para mostrar la riqueza natural que nos rodea, sus ecosistemas y a sus singulares habitantes. 
Granada y las tierras del sureste de Andalucía poseen la mayor diversidad biológica de Europa, parajes únicos para vivir en tiempos de estío





VIDEOCOLECCIÓN



VÍDEOS DE ESPACIOS NATURALES * RUTAS Y PAISAJES

VÍDEOS: Paisajes con Historia, es una serie de reportajes para dar a conocer rutas y parajes con cualidades naturales y patrimoniales. Grabaciones exclusivas de Waste Magazine.
 (Reportajes, fotogalerías y vídeos)




2016-
Un año del gran incendio - 8 de julio 2015 / 8 de julio 2016

La vida vuelve a Lújar
Las plantas vuelven a florecer en las laderas calcinadas, donde la naturaleza afianza su poder de  recuperación




ASÍ ERA EL ALCORNOCAL DE LÚJAR

Días antes del incendio de Lújar, recorrimos el alcornocal para elaborar un reportaje que mostrase el altovalor de un bosque singular, un trabajo periodístico y de divulgación científica que publicamos ahora como documento para la historia



El alcornocal más alto del planeta
Alcornocal del Haza del Lino

El Haza del Lino se encuentra en la provincia de Granada, en la Sierra de la Contraviesa en la Alpujarra baja. La máximaaltitud se sitúa en el Puerto del Haza del Lino con 1.280 metros y el Cerro de la Salchicha, con 1.545. El alcornocal autóctono fueincrementado con plantaciones en el siglo XIX junto al cercano de la Sierra de Lujar, ambos de titularidad privada para aprovechamiento del corcho.Es el que se encuentra a mayor altitud de toda la Península Ibérica. Incluido en el sector biogeográfico Gadorense al que pertenecentambien Sierra Nevada, Sierra de los Filabres, Sierra de Gador, Sierra de Lujar - La Contraviesa.
En la zona podemos encontrar junto a la vegetación autóctona gran número de especies cultivadas para su aprovechamiento,junto al alcornocal podemos localizar viñas, castaños, almendros...

La sierra de Lújar quiere ser parque
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DE LAS MINAS DE LA SIERRA DE LÚJAR A LOS OLIVOS CENTENARIOS DE ÓRGIVA
Reportaje publicado en IDEAL el 12 de agosto de 2013

Serie: Panorámicas
Recorrer el sendero de los Mineros es rememorar la historia de las gentes de la Alpujarra
Situados junto al Guadalfeo, han sido testigos de la evolución cosmopolita de la comarca




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